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Resumen de ponencia
RECONOCIENDO MI MOCHILA EDUCATIVA. Sexualidades en espacios de educación alternativa desde una auto-etnografía visual

*Valeska Morales Urbina



Cuando investigamos un tema que es de nuestro interés, nuestra trayectoria vital y biografía se encuentran en diálogo en cada una de las fases de este proceso. Desde el momento de reflexionar sobre el problema de investigación que queremos resolver, los objetivos o preguntas que guían la investigación, el marco teórico que dialoga con nuestra investigación y las metodologías que utilizamos para coproducir y analizar la información; incluso, el tiempo verbal en que escribimos, son decisiones, que vienen precedidas por una serie procesos reflexivos y biográficos, que nos empujan a investigar nuestra temática abordada, como la tramontana en Menorca, es un viento fuerte, es una inspiración, que llena nuestros pulmones y aliento.
Investigar sobre educación y sexualidad, continúa siendo complejo, es un tema amplio, que genera nuevas y más preguntas teóricas y metodológicas. El primer paso que di, fue establecer la mirada en un punto del mapa educativo, distinguir quienes serían los participantes de esta investigación. Después de reflexionar sobre el modelo educativo preponderante, decidí observar y nutrirme de miradas que subvirtieran la lógica de los modelos educativos por competencias y capital humano hegemónicos, y centrar la mirada en comunidades de educación alternativa. Estas últimas tienen en común concebir la educación como algo vivo y cambiante, facilitando experiencias educativas críticas, que se adecuan al espacio y contexto donde se lleva a la práctica el ejercicio educativo, propiciando y validando otros tipos de inteligencias como la interpersonal, intrapersonal, visual-espacial, musical, corporal kinestésica, naturalista, además de la lógico-matemática y lingüístico-verbal, a través de una educación no directiva.
La experiencia de investigar sobre sexualidad transcendió la propia investigación, haciendo un surco hacia mi vida personal, ya que este trabajo, ha marcado un hito imborrable en mi trayectoria vital. Involucrarme espacios educativos alternativos, significó un periodo de aprender y desaprender. Asumir mis temores, limitaciones e inseguridades. Y también, ha significado dialogar con mis yoes internos en distintos momentos de mí día a día, en un proceso creativo que en cierto grado lo defino como “curativo”, me he visto ensimismada y en silencio, un silencio activo, reflexionando sobre cómo fui educada, los diferentes inputs que he recibido sobre sexualidad, para luego, colectivizar mis inquietudes e inseguridades. En el fondo, este trabajo me ha permitido reconocer, repensar y resignificar “mi mochila educativa”, y reflexionar sobre cómo las inquietudes sobre educación y sexualidades han marcado mi trayectoria vital. Hoy, puedo mirar en retrospección y analizar cómo tantos silencios fueron dejando huellas en mi piel, en mi cuerpo, y en los de mis amigas y amigos, de mi generación y otras.
Tras largas conversaciones, sobre todo en espacios feministas, hemos logrado reflexionar sobre como la ausencia y/o la doble moral del tratamiento de la educación sobre sexualidad, va dejando huellas en las trayectorias biográficas de hombres y mujeres, que por ejemplo, han vivido abusos sexuales durante su infancia, y toman conciencia que fue un abuso durante la adolescencia, cuando conocen, en cierto grado, algo más sobre su cuerpo y sexualidad; o jóvenes que experimentan un embarazo no planificado (en Chile aún sin posibilidad de abortar de forma legal), y no tienen una forma segura de practicar un aborto; mujeres y hombres que no experimentan placer al tener sexo; o casos de intolerancia a la diversidad que culminan en trágico finales, como jóvenes LGTBI, como Alan de 17 años de Barcelona, quien decidió suicidarse, después de sufrir acoso escolar “por ser homosexual”, o como Nicole Saavedra Bahamondes, joven chilena de 23 años, que fue secuestrada, tortura y asesinada el 18 de junio del 2016 “por ser lesbiana”, crimen de odio que hasta finales de diciembre del año 2017 sigue impune.
Con estos antecedentes, el lector o lectora podrá contextualizar desde donde escribo, cuando considero la investigación social como una práctica comprometida, donde el equipo de investigación y los participantes ponen en juego sus subjetividades, antecedentes, posiciones políticas e historias; y también, como un espacio donde nos (re)construimos a lo largo de este proceso creativo, puesto que: “nadie nace hecho. Nos vamos haciendo poco a poco, en la práctica social en la que tomamos parte” (Freire, 1996, p.88).
Como investigadora, he cuestionado duramente las decisiones metodológicas que he seguido, puesto que a medida que me involucré como voluntaria en la comunidad educativa que aceptó participar de la investigación, también me vinculé con ellos y ellas, y sentí como este proceso atravesaba mi biografía. No puedo negar que mi subjetividad e ideologías se encuentran profundamente relacionadas con las reflexiones de esta investigación, creo en la objetividad en la medida que aclaramos nuestros posicionamientos, y evidenciamos que en nuestros discursos no existe una neutralidad, nos posicionamos desde un lugar para experimentar, ver y narrar el mundo. Como Donna Haraway y muchas otras teóricas feministas opto por una metodología del “conocimiento situado”, un pensamiento que invita a la deconstrucción y la crítica, a una “objetividad radical”, en el sentido que se aboga por una no neutralidad, sino por una mirada de la realidad parcial y situada: “Donna Haraway (1988) aboga por una epistemología de los conocimientos situados; una doctrina de la objetividad que privilegia las lógicas contestatarias, la deconstrucción y reconstrucción de la realidad, la imbricación de las relaciones sociales, al mismo tiempo que también se produce una transformación de los sistemas de conocimiento y las formas de ver el mundo” (Schongut, 2015, p. 115).
Inicialmente, realicé cuatro entrevistas en profundidad con seis acompañantes de cuatro comunidades educativas alternativas, y después, efectué 15 sesiones de observación participante en una de estas comunidades educativas, testimoniando el desarrollo de 15 jornadas educativas completas. A partir del registro (visual, oral y escrito) de estas observaciones, medité que era necesario y coherente acudir a la estrategia de auto-etnografía visual, para así graficar tanto algunas de las respuestas a objetivos e interrogantes, como también los nudos y tensiones experimentados durante el proceso investigativo.
Si pensamos que como investigadoras transitamos (no)lugares determinados, y que nuestro cuerpo y subjetividad se encuentran en diálogo interno y externo de manera constante, es en este devenir cuando dialogamos con nuestros sujetos de investigación. En el desarrollo de esta investigación, me encontraba viviendo en una suerte de tránsito por la ciudad de Barcelona y como mujer-joven-‘sudaka’-inmigrante-precaria-feminista-plurisexual me vi en permanente negociación, como investigadoras sociales no escindimos nuestra vida. Es así, como abogo por la producción de una auto-etnografía visual, que exprese la investigación vivida y sirva de insumo para el análisis y conclusiones de la investigación.
Siguiendo lo expuesto, he desarrollado esta investigación, para alcanzar el siguiente objetivo general: “Comprender las prácticas educativas y discursos de acompañantes, de comunidades de educación alternativa de España, sobre educación y sexualidad(es), mediante una investigación auto-etnográfica visual”.




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* Morales Urbina
Fundación para la Promoción y Desarrollo de la Mujer PRODEMU. Copiapó, Chile