Vivimos tiempos trágicos en este contexto de la posmodernidad donde los pueblos y culturas que fueron mutilados e ininterrumpidos su desarrollo histórico aún cobran vigencia, a pesar de larga data de racismo y discriminación que fueron legitimados desde la academia y desde las instituciones de los estados, de los cuales muchos pueblos no son parte aún de las decisiones políticas y administrativas. Un ejemplo más evidente es el pueblo aymara, circunscrita al borde del Lago Titicaca. Más allá de la cuestión geográfica se evidencia elementos constituyentes que son formulas o ecuaciones que vienen siendo reelaborados desde la lucha permanente y cotidiana por la dignidad, el cual se convierte como una propuesta y alternativa frente al proceso de monoculturización y homogenización. Desde las luchas históricas y cotidianas, se visualiza hasta siete elementos importantes que se entrelazan y entre mezclan, como es el dolor, el poder, el saber, hacer, el querer, que ha ido acumulando históricamente y hoy el actuar y celebrar se viene imponiendo desde sus diversas formas.
En contextos como América Latina nos induce a reafirmar y sostener que la historia de los pueblos indígenas u originarios no se puede comprender sin la identificación de la lucha y resistencia de los indígenas en los países de Bolivia, Ecuador, Chile, Perú. En ese marco es importante subrayar la rebelión de Tupac Katari de 1780-1781 como inicio de otra etapa de lucha permanente de los pueblos originarios, cuando no se tenía los actuales estados. Una segunda etapa es la época republicana comprendida desde la fundación y creación de repúblicas entre 1820 hasta 1990. La tercera está relacionado con el caso de Bolivia, que ha avanzado hasta que llevó a Evo Morales como primer indígena Presidente. Es resultado de luchas y sacrificios que viene afrontando los pueblos, esta situación es muy afín y común para con los aymaras fragmentados geográficamente, pero unidos desde esos elementos de las ecuación emancipatoria es posible afrontar las descolonización.
El dolor fue insertado desde la invasión occidental, los cuales fueron recreados durante la república, hoy sigue siendo un problema por afrontar, al que hay que convertirla en esperanza porque, no podemos seguir viviendo del dolor histórico, pero, tampoco podemos perder la memoria. El elemento del querer constituye la convicción del sentido de pertinencia que no ha sido diluida ni derruida esos sentimientos y pensamientos del pueblo aymara, hoy se viene recreando en los diferentes ciudades donde están asentados los aymaras. El poder en una lucha que se ha puesto en agenda en los últimos años, cada vez más está siendo asumida desde las comunidades, aunque el sistema jurídico electoral del monismo jurídico se blinda de normas racista y excluyentes, pero desde las prácticas se viene abriendo fisuras de esperanza de lucha por el poder. El hacer es elemento de la praxis, pero aún con elementos éticos y morales, asumiendo los otros elementos. Por otro lado, el saber, se visualiza cada más desde los espacios individuales y colectivos, que a lo largo de la historia ha sido sepultados y denegada esa memoria histórica, que encierra toda ese bagaje de sabiduría. A estos elementos por cuestiones de la posmodernidad y el capitalismo salvaje predominan el actuar y el celebrar que viene dopando y ha cubierto de velo, haciendo que las nuevas generaciones, vivan desconectados de su realidad, porque las instituciones y organizaciones sólo viven de la lógica del mercado y la inmediatez, a ello la tecnología y las redes sociales son los que se han empoderado de los otros elementos de la ecuación. A pesar de esa tragedia, aún existen generaciones que vienen asumiendo acciones emancipatorias, desde sus prácticas estos elementos, que en esencia son prácticas descolonizadoras.
Éstas son las formas de entender y accionar, que se han venido recreando desde el dolor histórico, la sabiduría que fue mutilada y denegada recobra importancia no sólo por la academia o los indiologos que menosprecian, sino por los propios aymaras que han entrado a debatir sus problemática, aunque siguen considerando a los procedentes de estos pueblos como salvajes, violentos, radicales, entre otras categorías que las diversas disciplinas de las ciencias sociales anclada e inspirada en el positivismo desde el altar del capitalismo hoy no puede resolver los grandes problemas que afronta la sociedad. Desde el pueblo aymara, a pesar de sus limitaciones es posible reconstruir ecuaciones emancipatorias, como esperanza y alternativa frente al colapso social y ambiental.