En los últimos años, los colombianos hemos presenciado el desarrollo de movimientos
sociales que se originan debido al descontento o la indignación ante determinadas
circunstancias de la realidad social. Dentro de ellos podemos mencionar el movimiento
campesino (2013-2014) organizado en ‘dignidades’ sectoriales y regionales y el moviiento
estudiantil (2011) que congrega a estudiantes de instituciones públicas y privadas y a
múltiples sectores sociales, culturales, políticos e ideológicos. Cada uno de los casos
mencionados tiene una composición y desenvolvimiento particular. Sin embargo todos
reivindican un pluralismo y se plantean agendas políticas amplias que puedan dar respuesta
a sectores con afiliaciones políticas diferentes. Su estabilidad como organizaciones no es
clara pero su poder cuando pasan de lo virtual a las calles es inusitado y requiere un estudio
profundo para comprender sus conexiones, deseos, enunciados, formas de sentir y actuar
juntos.
Esta ponencia se concentra en el movimiento estudiantil en el siglo XXI y particularmente
en el 2011 cuando veíamos cómo los estudiantes, profesores y trabajadores se tomaban de
las manos para entre todos dar un gran abrazo que cubriera toda la Universidad Pedagógica
Nacional o en las marchas usaban máscaras, hacían performances, retomaban juegos
infantiles para parodiar los ataques del gobierno en contra de la universidad pública y en
contra de los líderes populares 1 . En estas acciones colectivas la comunidad universitaria se
conectaba por el deseo de defender la universidad pública, pero a partir de otras formas, de
una gran creatividad que podría estar dando cuenta y a la vez generando unos nuevos
emplazamientos del movimiento estudiantil como sujeto político.
1 Dentro de las parodias estaba la de los medios en la que por ejemplo una marioneta dirigía la cámara hacia la
manifestación y luego el periodista decía “vinieron cuatro gatos” para burlarse de las mentiras de los medios.
Una de las rondas infantiles de las manifestaciones era la de “Juguemos en el bosque mientras el lobo no
está? ¿Dónde está? Y el lobo contesta: “Estoy matando líderes populares” o “Estoy privatizando la educación
Pública” y todos gritaban y corrían a esconderse del lobo.
En el siglo XXI, el movimiento estudiantil puede estar realizando prácticas inéditas que
plantean una serie de rechazos frente a las formas convencionales de hacer política, por lo
tanto podríamos referirnos al movimiento estudiantil en particular en el 2011 como un
acontecimiento. Aunque las luchas en el movimiento estudiantil se dan de manera
discontinua, plantean unas demandas que se mantienen en el tiempo y se reactivan
periódicamente como son la lucha por el presupuesto, por la calidad, por la democracia y la
autonomía entre otras. Estas serían las regularidades del movimiento, pero también en el
siglo XXI se pueden observar emergencias como la preferencia de la democracia directa
frente a la representativa y en consecuencia un rechazo a las políticas de representación y
cambios en las formas de asociatividad y afiliación o pertenencia.
Lazzaratto para discutir lo que sería la consumación de los posibles a través de la política
trae a Foucault quien en el fin de su vida anhelaba que los movimientos políticos no
solamente se resistieran y se defendieran sino que se afirmaran
“en tanto que fuerzas creativas. Esto podría constituir un cambio radical en relación con la tradición
del movimiento obrero, ya que el acontecimiento político define una asimetría en la dialéctica con la
cual se ha aprehendido, siguiendo al marxismo, el conflicto y la lucha. El “no” dirigido al poder no
es más el punto de partida de una lucha dialéctica contra él, sino la apertura de un devenir. Decir
“no” constituye la forma mínima de resistencia. Esta última debe abrir un proceso de creación, de
transformación de la situación, de participación activa en el proceso. Esto es resistir, según
Foucault”. (Lazzaratto, 2006. P. 51. )
El autor plantea que el acontecimiento de Seattle, como el del 2011 en Colombia, recoge
una multiplicidad de enunciaciones, hablando de Colombia nos referiríamos a los
enunciados de varias organizaciones históricas del Movimiento Estudiantil (OCE, FEU;
Congreso de los Pueblos, FUN, Identidad), las de sus líderes y activistas, las de los padres
de familia, las de los profesores, las de las universidades públicas, las privadas, los colegios
de secundaria, las de los tropeleros que llegaron a acuerdos para no seguir luchando desde
la capucha, las de los no organizados en grupo alguno, antes silenciosos y hasta ahora
estudiantes invisibles que a través de consignas como “Es mejor perder un semestre en la
universidad que la universidad en un semestre”, “¡¡Resistencia!!” o “Ser Pilo No Paga si la
pública se acaba” reactivan una problematización que evidencia por un lado la resistencia a
las políticas neoliberales de privatización de la educación y por otro la defensa de lo que
significa la Universidad y en particular la Universidad Pública en una sociedad.
La pregunta que aún queda por responder es si surgieron nuevas subjetividades, si los
sujetos miran la realidad desde otras perspectivas, si se podría hablar de un inmanentismo
mutante, que cambien las sensibilidades, no solamente los cuerpos sino las almas que
distribuya de forma diferente los deseos y ponga en problemas a las instituciones de poder.
(Lazaratto, 2006)