La globalización entendida como red mundial de interdependencias tecno económicas que reconfigura las relaciones entre culturas y países desde el régimen del dinero, la información y el consumo, (Martín-Barbero, 2002) a lo largo del tiempo ha manifestado diferentes facetas: una cara perversa con orientación neoliberal al constituir un proceso arrollador y desorganizado que se auto asume como único camino histórico acompañado por una estimulación constante del culto al consumo ideologizado y ofrece, a manera de fábula, un mundo al alcance de la mano, unificando y agudizando las diferencias entre individuos y comunidades y constituyéndose en eje central para explicar la realidad (Beck, 2008), (Ford, 1994) (Santos, 2004).
En cambio su otra cara expone una faceta representada en las múltiples posibilidades que se constituyen a partir de la mezcla de culturas, razas y pueblos, la reconfiguración de la relación entre territorios y poblaciones y la apropiación diversa de las tecnologías por parte de sectores subalternos, haciendo posibles cuestionamientos de las acciones coordinadas por las ideologías dominantes y la construcción de nuevas narrativas históricas (Morin, 2011) (Santos, 2004).
En estos procesos de apropiación, individuos y grupos asumen la tecnología como bien común, interpretando y transformando tanto material como simbólicamente, su diseño original, las maneras en que es utilizada de acuerdo a sus necesidades e intereses propios y el marco de referencia social en el que está es usada, en una relación entre lo macrosocial y lo microsocial (Bar, Pasini, & Weber, 2007) (Loyola & Morales, 2013). Dichas prácticas, que parten de abajo hacia arriba desde el afecto, la emoción y la experiencia en búsqueda de otros sentidos del uso de la tecnología, constituyen maneras de creación que conjugan control e invención, imposición de sentidos y generación de sentidos nuevos (Chartier, 1999), procesos de negociación creativa, de un orden más práctico que teórico, integrados por dimensiones materiales, simbólicas, organizativas y biotécnicas entrecruzadas que hacen evidente su carácter híbrido (Medina, 2002).
Al introducir experiencias abiertas para que tanto individuos como grupos se encuentren, planifiquen intervenciones, transformaciones y problematizaciones de órdenes en apariencia inquebrantables, restándole fuerza a los modelos organizativos jerárquicos tradicionales, dichas prácticas son potentes espacios de participación horizontal que estimulan desde la narración y el performance con la tecnología, la ampliación de los marcos de participación ciudadana y política no vinculadas a partidos, siendo allí, en espacios y sectores donde tecnología, cultura y sociedad se entrecruzan, que potentes acciones políticas suceden (Alonso, 2015), (Fonseca & Rueda, 2012), (Lechner, 2000).
La presente ponencia busca relatar la investigación que está en desarrollo desde el 2017 con tres prácticas de apropiación de tecnologías digitales en Colombia, que buscan ampliar y democratizar el acceso al conocimiento en sus respectivas comunidades: el hackerspace Hackbo (http://hackbo.co/) , el espacio Hitechlab de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Fundación Universitaria Los Libertadores (https://sites.google.com/a/libertadores.edu.co/hitec-lab/home) y el Centro de Innovación de Tecnologías Apropiadas y Educación, C-Innova (https://www.c-innova.org/) .
Se parte así, de la premisa de que dichas iniciativas se constituyen en alternativas de construcción de conocimiento y comunicación, ejercicios necesarios de participación , creación colectiva e imaginación (Appadurai, 2001), (Casacuberta, 2003), que le pueden hacer frente a las manifestaciones diarias de desigualdad y exclusión en nuestra sociedad. Desde la etnografía colaborativa se estudian sus procesos organizativos, las lógicas y las dinámicas comunicativas presentes en sus experiencias de apropiación, así como las oposiciones, interacciones y negociaciones que se presentan entre estas y las lógicas del capital en las que están insertas.