Resumen Ejecutivo
El objetivo principal de este estudio es indagar en la transmisión de capital cultural dentro del seno familiar en contextos migratorios, asimismo cómo éste es activado por los migrantes dentro de la sociedad de acogida. Se trata de una investigación de corte cualitativo cuya estrategia metodológica se sustenta en trabajo etnográfico con familias migrantes que radican en Santiago de Chile, también en entrevistas etnográficas que permitirán analizar las diferencias entre lo que dicen y lo que hacen las personas. A partir del trabajo teórico de Pierre Bourdieu, se busca conocer la importancia del estatus migratorio en la formación de capital cultural ligado a las diferencias que se presentan entre quienes conocen los códigos de la sociedad de acogida por haber nacido dentro de ella (nativos) y aquellos que lo han incorporado de forma paulatina (migrantes) como parte del proceso migratorio. La información y conclusiones derivadas del trabajo empírico permitirán entender la diversidad de las dinámicas migratorias actuales y la desigualdad social en las experiencias cotidianas, en un contexto político y social que urge de nuevos entendimientos de este fenómeno en virtud de favorecer programas que mejoren las condiciones de vida de las comunidades migrantes en Chile.
Introducción
La migración internacional como fenómeno social se encuentra en un constante cambio tanto cualitativo ─relacionado a los objetivos que los migrantes buscan cumplir con su desplazamiento─ como cuantitativo, pues el índice de personas que emigran desde su tierra natal va en aumento, de tal suerte que se trata de un proceso que está lejos de permanecer estático, mucho menos de disminuir en su incidencia al estar relacionado de forma directa con la globalización y la integración de los diversos contextos regionales (Begala, 2011).
En América Latina la migración se encuentra vigente desde el momento en el que las civilizaciones comenzaron a desplazarse a través de los territorios para buscar mejor calidad de vida; en el pasado ello se relacionaba de forma exclusiva a las condiciones favorables del clima que a su vez beneficiaban las actividades enfocadas a la obtención de alimentos y bienestar en general. En relación a ello, los movimientos migratorios son atribuidos también a otros factores como conflictos armados y falta de derechos.
Al respecto, Castles & Miller (2004) señalan que las migraciones voluntarias o forzadas son producto de las guerras y conquistas; de la formación del Estado-Nación; “La esclavitud y la deportación de gente de pueblos conquistados ha sido desde épocas tempranas una forma frecuente de migración laboral. Desde finales de la Edad Media, el desarrollo de los estados europeos y la colonización emprendida por ellos, del resto del mundo, dio un nuevo ímpetu a las migraciones internacionales de muchas clases” (Castles & Miller, 2004, pág. 67).
Es así como a partir de ello surgen diferentes categorías que sirven para identificar los distintos tipos de migración ─o migrantes en particular─ dentro de las sociedades modernas. Stephen Castles propone al menos ocho tipos de migrantes o migración: migrante por trabajo temporal; migrante altamente capacitado en negocios; migrante irregular; refugiados. Asimismo, migrantes bajo asilo político; migración forzada, migración cuyo objetivo es reunir a la familia; y migrante de retorno (Castles, 2000).
En ese sentido, en la actualidad las dinámicas migratorias ─y las causas que lo explican─ presentan cambios sustanciales (Stefoni, 2002) que van desde las motivaciones por las cuales las personas dejan su lugar de origen para buscar mejores oportunidades en nuevos destinos que cubran sus necesidades; hasta el proceso mediante el cual los migrantes recorren largos trayectos para insertarse en una sociedad con diferentes tradiciones y costumbres a las propias.
En ese orden de ideas, Zygmunt Bauman al relacionar la migración con la modernidad ─en el contexto de Europa para ser precisos─, concluye que “en definitiva, tal y como están las cosas (y como todo indica que estarán por mucho tiempo), es improbable que las migraciones masivas vayan a remitir, ni por que desaparezcan los factores que las impulsan ni porque se pongan ideas más novedosas para frenarlas” (Bauman, 2016). El mismo autor asevera que mientras las brechas salariales entre países ricos y pobres se mantengan la migración está abocada a acelerarse. Como consecuencia este fenómeno resulta poco factible llegar a un equilibrio, al contrario, es el inicio de un “desequilibrio de magnitudes gigantescas”.
Lo anterior, se puede constatar con las diferencias presentadas en las direcciones y los flujos de los movimientos de migrantes a lo largo del tiempo. Por ejemplo, desde países europeos han emigrado familias enteras a distintas regiones de América Latina, donde partir de la segunda mitad del siglo XIX e inicios del siglo XX llegaron desde Italia y España a distintas regiones de Argentina (Maurizio, 2008). También personas que dejaron Brasil para probar suerte en Japón sin importar las diferencias culturales y lingüísticas con el país nipón (Green, 2013). Lo mismo sucede con las comunidades peruanas conformadas también en el país asiático (Nakamura, 2010). Otro caso es el de mujeres migrantes de Ecuador en Italia (Boccagni, 2012), y el de familias de Senegal radicadas en Cataluña (Goldberg, 2010). Sin embargo, es importante decir que lo que para efectos de este trabajo es relevante es la migración regional latinoamericana, cuyo aporte investigativo radica en que el foco de atención ha estado durante las últimas décadas en estudios de caso como los citados en las líneas anteriores.
De la misma forma, antes de finalizar el siglo XIX Chile ─al igual que Argentina─ recibió migrantes provenientes principalmente de Europa atraídos por la riqueza minera y las oportunidades de empleo que de ella emanaban. Sin embargo, a partir del inicio de la dictadura de Augusto Pinochet la inmigración se redujo manteniendo una baja incidencia en la llegada de extranjeros a territorio chileno. Fue a partir de la recuperación de la democracia en 1990 que de nuevo Chile se convirtió en un destino atractivo para poblaciones migrantes provenientes de países latinoamericanos (Stefoni, 2011) cuyas condiciones económicas ─y en algunos casos políticas─ fueron menos estables que el país que ahora los recibe.
En ese sentido, recientes estudios sobre migración reportan una cifra de extranjeros que asciende a 465 mil pero algunos cálculos esperan que el Censo 2017 arroje una población que superará con creces las 600 mil personas (Ramos, 2017). Por su parte, a partir de datos obtenidos a través del Departamento de Extranjería del Ministerio del Interior, el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) indica que son 411 mil personas migrantes las que viven en territorio chileno (Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social , 2017), no obstante, en dicho reporte sólo se informa de quienes cuentan con Permanencia Definitiva, lo que representa un vació por parte de las autoridades al no incluir en sus cifras a migrantes que gozan de otro tipo de permisos, como por ejemplo Visa de Estudiante, Dependiente, Embarazo.
Es así como al igual que existe diversidad en los trayectos de origen-destino en la migración internacional, los enfoques de los análisis en torno a los mismos son también diversos: algunos ponen atención a los aspectos económicos mientras que otros buscan explicar los procesos de inclusión socio-cultural de los migrantes; por otro lado se encuentran los análisis centrados en la perspectiva de redes sociales. Un enfoque relativamente nuevo es el que aborda la migración como estilo de vida; otro novedoso es el que lo hace desde el emprendimiento empresarial migrante. A partir de esta pluralidad es importante desde la sociología ─como de forma acertada menciona Alejandro Portes─ “adoptar una postura intelectual tan dinámica como el fenómeno mismo” (Portes, 2001).
De la misma forma Carolina Stefoni señala que el tema migratorio a escala global “requiere una mirada interdisciplinaria. Los ámbitos económicos se entrecruzan con las dimensiones sociales y culturales… En ese sentido, uno de los mayores desafíos consiste en abandonar las perspectivas dicotómicas que centraban las miradas en las causas y las consecuencias y redefinir los marcos interpretativo” (Stefoni, 2002, pág. 18). Otros autores hablan de investigar desde la “poligamia metodológica” (Auyero, 2012; Auyero & Swistun, 2008) cuando se trata de entender las desigualdades (Wacquant, 2010) a partir de la etnografía.
Relacionado a lo descrito en la sección anterior, surgen dos preguntas principales que sirven para dar dirección a este proyecto de investigación. La primera de ellas es:
1) ¿De qué forma el estatus migrante provoca variaciones en los esfuerzos de formación de capital cultural de menores por parte de la estructura familiar a la que pertenecen? 2) es decir, ¿acaso radicar en un país distinto al lugar de nacimiento, con aspectos socioculturales, políticos y económicos diferentes, obliga a padres y madres de familia a reconfigurar las estrategias que emplean en la formación de sus hijos e hijas?
En ese sentido, el objetivo general de este proyecto es analizar las estrategias y mecanismos que facilitan la transmisión y activación de capital cultural en contextos migratorios. Para ello se estudiará el caso de familias migrantes latinoamericanas que radican en Santiago de Chile
*(Lo anterior forma parte del proyecto de investigación doctoral que desarrollo en el programa de Doctorado en Sociología de la P. Universidad Católica de Chile, que por el espacio reducido se presenta una versión resumida).