“La movilidad social se refiere a los cambios que experimentan los miembros de una sociedad en su posición en la distribución socioeconómica” (Vélez Grajales et al., 2015). Para el estudio de la movilidad social se pueden distinguir varios tipos y dimensiones, este trabajo se enfocará al tipo de movilidad social intergeneracional y en la dimensión educativa.
La movilidad social intergeneracional refleja el grado de asociación del nivel socioeconómico de una generación a otra y tiene que ver con la igualdad de oportunidades. El concepto de oportunidades se refiere al acceso que tienen las personas a los servicios básicos como la educación y la salud, sin importar su sexo, origen étnico u origen socioeconómico (Torche, 2010). Por lo que si las características individuales (accidentes de cuna) no quedan limitadas por la desigualdad de oportunidades, entonces el factor determinante para la entrada al mercado laboral son las habilidades que adquiera cada individuo y no sus orígenes.
Siendo México un país de baja movilidad social, determinado así por informes y trabajos previos (Binder y Woodruff, 2002; Solís, 2010; Torche, 2010; Vélez Grajales, et al., 2013; Vélez Grajales, et al. 2015), resulta indispensable que la política pública considere en su agenda las cuestiones que afectan y/o impulsan a la movilidad social, ya que una sociedad móvil tiene la característica de permitir a sus miembros mejorar en sus condiciones de bienestar y calidad de vida, porque ello sería un reflejo de la igualdad de oportunidades entre los individuos.
Dado que no existe una medida universalmente aceptada de la movilidad social, esta investigación realiza una propuesta teórica y metodológica al respecto. Uno de los modelos utilizados para medir la movilidad intergeneracional propuesto por Black y Deveraux (2010) utiliza la educación del padre para estimar la educación del hijo. Sin embargo, se identifica que puede existir un problema de especificación, ya que la educación de los hijos puede estar determinada por las características del entorno, efectos institucionales y otras las características del hogar de origen, y no solo la educación de los padres. Además, la estimación de la movilidad social no se ve directamente, se podría considerar meramente una movilidad educativa entre padres e hijos. Por lo tanto, es deseable estimar la movilidad social intergeneracional utilizando como variable proxy el nivel socioeconómico para observar un efecto directo y considerar a la educación como variable principal por su importancia, ya que permite potenciar las habilidades de los individuos, y conseguir una competencia justa en la entrada al mercado laboral al conseguir una igualdad de condiciones en la competencia entre individuos, y por lo tanto, aumentar la probabilidad de conseguir un mejor ingreso.
Torche (2010) define tres factores que justifican la importancia de estudiar la movilidad social: La eficiencia, la integración social y las razones normativas. Al respecto, la realidad mexicana aporta evidencia empírica sobre la importancia de estudiar la movilidad social en el país: 1) Eficiencia. En México prevalece la desigualdad en el acceso a bienes como la educación. En el 2014, el 34% de la población mexicana que se encontraba en el decil más bajo, según la distribución del ingreso, presentaba rezago educativo y la población que se encontraba en el decil más alto tenía un rezago educativo de 4.3% (CONEVAL, 2017). Los individuos de nivel socioeconómico bajo presentan un rezago educativo mayor que el resto de la población. 2) Integración social. Aboites Marique et al. (2015) menciona que en México está creciendo la falta de solidaridad y eso obstaculiza la cohesión social, debido al problema del ingreso bajo que resulta en pobreza y falta de bienestar social. 3) Razones normativas. La sociedad en México es considerada inmóvil, donde lo que pesa son las características de hogar de origen o accidente de cuna. Según el Informe Movilidad Social en México 2013, el 63% de la población que nacía en hogares pertenecientes a los dos quintiles más bajos (más pobres) de acuerdo al índice de riqueza, permanecían en él, y el 57% de la población que nacía en un hogar perteneciente al quintil más alto (más rico) permanecía en él (Vélez Grajales et al., 2013).
Por lo tanto, se plantea la siguiente hipótesis: La educación tiene un impacto positivo en la movilidad social intergeneracional en México, al considerar que la educación es una variable endógena que se encuentra determinada en mayor medida por las características del entorno y los efectos institucionales y en menor medida por las características del hogar de origen del individuo.
Para probar dicha hipótesis, se establece como objetivo estimar el impacto de la educación en la movilidad social intergeneracional en México, considerando a la educación como una variable explicativa endógena, la cual es explicada por características del hogar de origen, características del entorno y por efectos institucionales. Se realiza una estimación de sección cruzada haciendo uso de mínimos cuadrados ordinarios, mínimos cuadrados en dos etapas y ordered logit, utilizando datos de la Encuesta de Movilidad Social en México 2011, del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social y del Instituto Mexicano para la Competitividad. Los resultados preliminares muestran que la educación de los individuos depende en mayor medida de las características del hogar de origen, tales como: la educación y ocupación de los padres y percepción del grado de pobreza del hogar de origen; y en menor medida, de las características del entorno como el rezago social y la desigualdad en la distribución del ingreso. Asimismo, se encuentra que la desigualdad salarial impacta fuertemente en la movilidad social; por el contrario, la ocupación del individuo resulta no ser estadísticamente significativa. En un escenario deseable, el cambio de estrato socioeconómico de los hijos con respecto al de sus padres debería ser independiente de las características de su hogar de origen, sin embargo, en una economía con graves problemas estructurales e institucionales como México, las condiciones del entorno no parecen mitigar la afectación del “accidente de cuna”, por lo tanto, tampoco están permitiendo que se logre la igualdad de oportunidades entre la población.
Algunas referencias:
Aboites Manrique, G., Sánchez, A. y Minor Campa, E. (2015). La cohesión social y los límites de los hogares en México (2008-2012). Acta Universitaria, 25(4), 48-64. doi: 10.15174/au.2015.775
Binder, M. y Woodruff, C. (2002). Inequality and intergenerational mobility in schooling: The case of Mexico. Economic Development and Cultural Change, 50(2), 249-267
Black, S. E. y Devereux, P. J. (2010). Recent developments in intergenerational mobility. NBER, Working Paper No. 15889
Rawls, J. (1999). A theory of justice (Rev. Ed.). Cambridge, MA., EUA: Harvard University Press.
Solís, P. (2010). La desigualdad de oportunidades y las brechas de escolaridad. En: A. Arnaut y S. Giorguli, (Eds.): Los grandes problemas de México. México, D. F.: El Colegio de México
Torche, F. (2010). Cambio y persistencia de la movilidad intergeneracional en México. En . J. Serrano Espinosa y F. Torche (Eds.): Movilidad social en México: población, desarrollo y crecimiento. México, D. F.: Centro de Estudios Espinosa Yglesias
Vélez Grajales, R., Campos Vázquez, R. M. y Fonseca, C. E. (2015). El concepto de movilidad social: Dimensiones, medición y estudios en México. Centro de Estudios Espinosa Yglesias, Documento de trabajo No. 001/2015
Vélez Grajales, R., Campos Vázquez, R. M. y Huerta Wong, J. E. (2013). Informe de movilidad social en México 2013. Imagina tu futuro. Centro de Estudios Espinosa Yglesias