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Resumen de ponencia
Similitudes y diferencias del andar campesino en las Llanuras de Guatuso, Costa Rica, por encontrar en la planta de cacao el camino para articular relaciones sociales y económicas complementarias

*Ronny Roma Ardón



Conocí por un viaje que realicé a Costa Rica en 2014 a un grupo de campesinos que estaban intentando levantar una organización creada en 2011 y que obedece al acrónimo de Asopac o Asociación de productores de cacao agroambientalistas de Guatuso. El cantón de Guatuso, que es el lugar del que son originarios, es un pueblo que se localiza en lo que es conocido como Zona Norte de Costa Rica dentro de la provincia de Alajuela.

Esta zonificación hace referencia a que este cantón se encuentra cercano a la frontera de ese país con Nicaragua, país con el que históricamente han existido tensiones no solamente territoriales sino también políticas, y que a pesar de ese estira y encoje, no impide que exista un flujo de población que se mueve entre ambas fronteras independientemente de los nacionalismos y expresiones que alcanzan la xenofobia. Si bien la base de poblamiento en Guatuso es población que se reconoce como mestiza con origen nicaragüense o costarricense, existen aún prácticas económicas no monetarizadas como la ayuda solidaria y la percepción de que el cacao es un fruto antiguo que existía previo a la llegada de los españoles y que fue dispersado por los pobladores malecus hasta que estos se vieron reducidos por la colonización realizada por huleros provenientes de Nicaragua a finales del siglo XIX. Si bien la región se mantuvo aislada del resto del país, el contexto de la guerra fría y los programas ajustes estructurales realizados en la década de 1970 y 1980 del siglo XX, llevaron a conectar esta zona que pasó de ser eminentemente fluvial, a una zona terrestre (Granados y Quesada 1986, Veermer 1989, León 2015). Además esta zona se vio sometida a un intenso movimiento migratorio producto de la toma de tierras y colonización dirigida que llevó a la conformación de 30 asentamientos campesinos y la repartición de más de 1359 familias en más de 12768 hectáreas (Mora 1991, Calderón 1995, Inder 2014).

En un inicio fui cauto, pues sabía que insertarse en procesos de los que no se ha participado puede llevar a consecuencias desastrosas, sobre todo cuando se desconocen los contextos y las intenciones que motivan la creación de organizaciones, pero encontré información, literatura y académicos que rápidamente me facilitaron el entender que aunque esta zona tiene particularidades de poblamiento y de construcción socio-histórica, en el fondo sus problemáticas son similares a las que yo conozco de Guatemala y México.

Cuando hablo de las similitudes me refiero a un aislamiento geográfico que le había permitido crear una cultura particular de relacionarse con su entorno, a que los sistemas de manejo campesinos no se componen de un solo cultivo sino de varios, y que los cambios a que han sido sometidos es mediante presiones de parte de las instituciones que ejecutan la política pública para el campo como el Ministerio de Agricultura y Ganadería y el Instituto de Desarrollo Rural para transformar esta forma de trabajo diversificada por la especialización, la cual ha venido dándose desde el fomento de la denominada agricultura de cambio (1986-1990), en la cual se promovió el cambio en la matriz productiva para desincentivar la producción de cultivos agrícolas considerados de baja plusvalía (como maíz y frijol) y que pudieran sustituirse importándolos. Este cambio en la matriz productiva campesina se a dado bien sea a través de sustituir su forma de trabajo para incorporarse a nuevos cultivos que presentan mayor rentabilidad por contar con un mayor apoyo en créditos y asistencia técnica como la piña, cítricos, pimienta negra, entre otros , o seleccionar aquel cultivo que tuviera un valor económico diferenciado que pudiera apuntalar la economía familiar (Mora 1989, Veermer 1989, Rivera y Román 1991).

Al poner en el papel este caso encontré que existe un fin último al que los sujetos sociales aspiran llegar, que es el de crear una alternativa económica complementaria a través de una planta, como el cacao, que es parte de un sistema de manejo campesino tradicional, y no están deseando alcanzar esta alternativa a partir de sustituir sus sistemas diversos de manejo para la creación de un monocultivo, sino de intentar mantener su actual forma de vida, a sabiendas de que deben ocuparse en otros oficios para complementar sus ingresos. Pero este anhelo choca con el interés de las políticas públicas por especializarlos o encasillarlos en manejar esta planta de la forma en que los “expertos” recomiendan, que es a partir de un manejo intensivo. En un momento yo fui parte de esa contradicción, de querer llevarlos a especializarse, pero en mi actual sentipensar valoro esa relación que tienen con la planta como sujeto, no como objeto, y por tanto el reto es desarrollar este proceso de manera que refleje la forma en que se está dando esta articulación de relaciones sociales y económicas complementarias pensadas a partir de los saberes y prácticas locales.




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* Roma Ardón
División de Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad Autónoma Metropolitana - Unidad Xochimilco - DCSH/UAM-X. Xochimilco, México