Neobarroco e Interculturalidad: La Utopía Estética del Arte Latinoamericano Contemporáneo.
Las visiones universalizantes racionalistas en el campo del arte han generado el rechazo, exclusión y minimización de los valores estéticos latinoamericanos. Se ha subvalorado lo propio, negando aquellas “manifestaciones otras” que no se acogen a la estandarización de los cánones artísticos de la representación moderna. Desde la óptica de las generalizaciones se advierte la presencia del gran paradigma dominante. Esto ha llevado a considerar despectivamente la expresión latinoamericana como exótica, popular, fantástica, mágica, folklórica, características que han permanecido inamovibles por décadas.
El marco teórico e ideológico del modernismo euroamericano predica el nombre de una sociedad racional, progresista y civilizada, que impone su universalismo y la autonomía estética, para desconocer el arte como productor de conocimiento y fuente de transformación social. Es decir niega la posibilidad de comprender el arte como lenguaje, para validar la “calidad estética” que impone la modernidad a quien pregona de manera pasiva los criterios occidentales. Se seleccionan de manera preconcebida obras en función de la noción de progreso; la linealidad del tiempo que ha sido incapaz de mirar las artes desde la periferia, desconociendo lo heterogéneo, etnológico y los soportes fenomenológicos, hermenéuticos, deconstructivos o críticos sociales.
Con el cambio de paradigmas se abren nuevas vías de investigación, que en principio cuestionan los fundamentos universales proyectados por el conocimiento científico, de esta manera, se abre la vía a una pluralidad epistémica y metodológica. Se ponen en tela de juicio las univocidades y las linealidades logocéntricas impuestas en la modernidad. Se plantea desde la óptica antropológica de la cultura la presencia del “nuevos sujetos históricos”, que le dan fundamento a lo plural y diverso, reafirmando la validez y reconocimiento de “otros saberes”; relatos que fueron marginados y excluidos (interculturalidad), y que a pesar de su persecución se han mantenidos ocultos por la dominación cultural. Como respuesta, se agencia, gestiona y exalta el valor de lo subalterno, mestizo, popular y periférico, como un horizonte de sentido que genera rupturas para conocer la realidad desde o tras ópticas. Siempre pensando en dignificar lo humano ante la
Con la valoración del lenguaje asumida por el arte conceptual se percibe el derrumbe del gran proyecto occidental, planteando una superación torio-crítica y metódica dirigida a la formulación de nuevos significados. Los principios estéticos heredados del conceptualismo sirvieron de base para generar, el nuevo rumbo del arte latinoamericano. La visión planteada por la hegemonía universalizaste de la estética occidental, se ve superada por unas lecturas que toman en cuenta las relaciones del arte y la sociedad para transformarla. Con base en estas premisas se presenta en las dos últimas décadas del siglo XX y primeras de siglo XXI, una actitud creativa que intenta acercarse de manera decidida a la conformación de una producción auténticamente latinoamericana, liberada del discurso estético universal ilustrado. Se erradica cualquier intento de introducir esa “nueva sed de exotismo”, se busca por el contrario la creación de otros espacios, un discurso generador de debates estéticos, que permitan ver el arte de América Latina desde las “especificidades del sur”, evitando las generalizaciones estereotipadas, lineales, monosémicas. .
Se debe forjar, por tanto, un concepto del arte latinoamericano que permita conservar con madurez la producción simbólica, orientado lo estético a la valoración de las producciones culturales del mundo periférico, liberado de las condiciones impuestas por el paradigma del progreso y la civilización occidental. Reconocer que la cultura postmoderna, ante la crisis apocalíptica del modernismo, ha introducido una diversificación heterogénea de oposiciones donde el centro y la periferia, el pasado y el presente, lo primitivo y lo industrial, la lógica y la pasión, el orden y el caos, universalidad y localismo, etc., deben interrelacionarse de manera armónica y generar la producción de nuevos significados que descentren los radicalismos de la lógica, y lleven a conformar la utopía estética del arte latinoamericano contemporáneo.
Dicha utopía estética acogería los presupuestos del neobarroco y la interculturalidad, como principios básicos para concebir las nuevas propuestas artísticas del arte latinoamericano actual, liberado del desprecio, subalternidad, y marginalidad, causado por la mala interpretación. El barroco en su tiempo (S. XVI) debido a la relativa ausencia de poder central, como el que en actualidad se percibe, por la crisis que padece el gran paradigma hegemónico de la ciencia. La declinación del poder derivado de la crisis del conocimiento científico, junto al advenimiento del cambio de paradigmas y la apertura metodológica en la producción del conocimiento, generan la reacción creativa de las periferias culturales, y que hace del arte latinoamericano contemporáneo, el resurgir de una autonomía creativa liberada de los márgenes y las ataduras del proyecto occidental.
El ethos barroco traído al presente promueve el advenimiento de una nueva subjetividad capaz de convertirse en la herencia subversiva contra el orden institucional del racionalismo contemporáneo. Se intensifica entonces el aliento que, empujando con insistencia y eficacia genera la interrupción y cierre de los universalismos y generalizaciones. La subjetividad barroca orienta el resurgir de lo inacabado y abierto a través de un extremismo capaz de generar rupturas a las continuidades y univocidades hegemonistas, para adentrarse en la apertura de las diferencias y en el resurgir de lo inestable que rebasa los límites y los márgenes para ir al encuentro de las bifurcaciones múltiples.
Ese extremismo de la subjetividad barroca es lo que lleva con turbulencia y excitación al encuentro de la emancipación cultural y social que adquiere una dimensión subversiva extrema. El advenimiento de una transgresión cultural permite el resurgir de la periferia, la apertura al sentido de lo marginado y excluido, la patente y huella vital de los “otros relatos”. Comprender entonces que con el advenimiento del neobarroco en la actualidad y en referencia a la transformación de la visión clásica de la cultura, producto del descentramiento y estabilización del hegemonismo mundial, se presenta un desmesurado abundamiento de contaminaciones, oposiciones, ambigüedades que al interconectarse, deriva en una barroca semiotizacion del mundo, el sustento de la legitimación de un “proyecto otro”. Se habla de un despliegue de nuevos campos semánticos que, liberados del atomismo lógico permiten enaltecer el valor de la interculturalidad como soporte a la apertura de nuevos conocimientos, otras epistemes despojadas del disciplinamiento objetivizante del clasicismo. Es así que la interculturalidad como el neobarroco parten de la configuración de la subjetividad epistémica, convertida en un instrumento capaz de descolonizar el saber, y generar con ello, un accionar creativo en la producción simbólica de las periferias culturales liberadas de la subalternidad eurocéntrica, en el intento de fracturar la persistencia del conocimiento hegemónico.
La aplicación de esa subjetividad epistémica, parte de las incidencias conceptuales planteadas desde la interculturalidad en el intento de contribuir a la producción de nuevos conocimientos. Se descentra la visión objetiva del conocimiento científico, en paralelo al dominio y control del mundo material, que irradio en el mundo artístico la validación exclusiva de la estética ilustrada, desconociendo lo múltiple y la diferencia cultural. Con lo intercultural se valida la posición del sujeto en relación a sus vivencias, deseos, pasiones. Se implementa una óptica que permite superar la visión de que lo humano se funde en la razón. Hace de los sentidos ser productores de conocimiento, y posibilita con ello, desde un accionar teórico-critico el nuevo rumbo del arte latinoamericano contemporáneo, lleva a superar las marginalidades estéticas que, negaron el dialogo con otras formas alternativas de expresión y de saber, como la indígena, afrodecendiente, o asiática, etc.
La utopía estética del arte latinoamericano contemporáneo entonces se lograra mediante la incidencia de postulados pronunciados por el neobarroco y la interculturalidad, frente al desplome del proyecto occidental que legitimaba los grandes relatos históricos. Plantear, por tanto, a partir de la incidencia de las teorías del lenguaje y el cambio de paradigmas, la generación de una apertura epistémica, que oriente la conformación de un nuevo discurso estético, que transforme las convenciones ideológicas tradicionales, actitud que subvierte y erradica la subalternidad periférica en el arte latinoamericano.