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Resumen de ponencia
ELECCIÓN DE LOS ESTUDIOS SUPERIORES POR PARTE DE VARONES Y MUJERES EN EL URUGUAY

*Natalia Moreira



En sus inicios, la Universidad fue una institución exclusivamente masculina. Las mujeres que podían estudiar debían hacerlo separadas de sus pares masculinos, y provenían de familias muy acomodadas. Los varones eran quienes accedían a la educación superior como parte de su integración a la esfera pública, ámbito propio para ellos, mientras que las mujeres eran invisibilizadas en la esfera privada, dedicándose únicamente a tareas de reproducción y cuidado del hogar y su familia (Radakovich y Papadópulos, 2007)

Sin embargo, siguen existiendo grandes diferencias en las áreas y carreras que eligen varones y mujeres, lo cual condiciona las posibilidades de inserción laboral a futuro.

Según Ibáñez Pascual (2010), la segregación ocupacional por sexos es actualmente un elemento estructural y estructurante del mercado de trabajo, en donde se mantiene el modelo del varón como proveedor principal, y la mujer como proveedora secundaria.

De acuerdo a López-Sáez (1994), las normas y el proceso de socialización, inciden directamente sobre la percepción que el individuo tiene de su mundo social y en la interpretación que hace de su experiencia personal. Estos procesos cognitivos van a influir en sus metas y autoesquemas generales y, también, en sus memorias afectivas.

Esta desigual elección de los estudios superiores tiene consecuencias a posteriori en lo que refiere a la inserción en el mercado laboral y el desarrollo de la vida profesional.
La división sexual del trabajo se ve perpetuada debido a que las mujeres continúan eligiendo carreras “típicamente femeninas”, donde se prioriza el cuidado, la atención y el servicio a los otros, replicando las tareas que se realizan a la interna de la esfera doméstica; y los varones siguen eligiendo carreras “típicamente masculinas”, en donde se mantiene la imagen de hombre público, fuerte, líder, poseedor de un conocimiento diferente al que tienen las mujeres.

Existen una serie de estereotipos y expectativas en relación al ser varón o ser mujer, y éstos inciden al momento de elegir qué estudiar y pensarse como futuro profesional.
Por un lado, los estereotipos de género son transmitidos y perpetuados en la familia, la escuela, los medios de comunicación y el grupo de pares. Así como se les señala a las mujeres que no son tan buenas para las matemáticas, desde todos estos espacios se les muestra que son excelentes cuidando niños y enseñando, dado que son más sensibles y tienen más paciencia que los varones (López-Sáez: 2010) Esta diferenciación en cuestiones también de identidad y rasgos de personalidad, contribuyen al mantenimiento de los estereotipos de género.

De acuerdo al planteo de Olaz (2003), que toma como referencia los aportes de Bandura (1977) en relación al concepto de autoeficacia, las creencias que las personas tienen acerca de sus capacidades pueden ser un mejor predictor de la conducta posterior que su nivel de habilidad real. Esto lleva a encontrar diferencias entre los niveles reales de rendimiento y la autopercepción o las actitudes hacia determinadas disciplinas. La Autoeficacia afecta directamente la elección de las actividades a realizar, dado que las personas tienden a elegir aquellas disciplinas en las cuales se consideran más hábiles y tienden a rechazar aquellas en las cuales se consideran incapaces.

Asimismo, algunas áreas son visualizadas como propias de los varones, como sucede frecuentemente con la Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (áreas STEM, por sus siglas en inglés). Las expectativas de docentes en relación a sus alumnas y alumnos son diferentes en estas áreas; lo cual se repite en la esfera doméstica, donde padres y madres tienen diferentes visiones sobre los niveles que pueden alcanzar en estas disciplinas sus hijos e hijas.
La línea de investigación empírica elaborada por Sáinz en España demuestra que las mujeres piensan que son menos competentes que sus pares masculinos en el uso de computadoras, a pesar de la evidencia objetiva del rendimiento académico igual o superior de las mujeres. Según Sáinz y Eccles (2012), dado que las niñas tienen una menor percepción de su capacidad en el uso de las TIC, eligen en menor medida carreras vinculadas a la ciencia, la tecnología y la matemática.

Este artículo tiene como objetivo presentar un diagnóstico acerca de la participación de varones y mujeres en la educación superior, específicamente en la Universidad de la República. Para ello se utilizó una metodología cuantitativa, basada en fuentes de información secundaria.
Se analizó la información proveniente de datos publicados por la División General de Planeamiento de la UdelaR. Dentro de las publicaciones que se tomaron como referencia para el análisis se encuentran: 1) las estadísticas básicas publicadas en 2015, que recogen información de diferentes actores y organismos de la UdelaR; y 2) el registro de ingresos de estudiantes a algún servicio de la UdelaR, tanto a estudios de grado como de posgrado a partir de los datos recogidos por el formulario estadístico de ingreso 2015

Luego de la sistematización y análisis de los datos, se observó una feminización de la matrícula universitaria en los últimos años, lo cual resulta un avance para la situación de las mujeres, quienes han encontrado en esta casa de estudios un lugar para formarse y desarrollarse como profesionales. Sin embargo, a pesar del incremento de la matrícula en términos generales, se observa un ingreso desigual en los diferentes servicios de la UdelaR, tanto a nivel de grado como de posgrado. Continúan observándose algunos espacios de conocimiento que parecen estar destinados a varones, como la Facultad de Ingeniería, y otros en donde la predominancia de las mujeres es incomparable, como en la Facultad de Odontología. Esta diferencia en los servicios en los que eligen estudiar los universitarios de nuestro país replica una serie de estereotipos añejos, en donde existen tareas propias para varones y otras propias para mujeres.
Estos modelos se replican obviamente a nivel de los posgrados, donde la distribución por sexo mantiene diferencias según las áreas de conocimiento, predominando ampliamente los varones en Ingeniería y las mujeres en Nutrición.

Los hallazgos de este artículo invitan a profundizar acerca de los motivos por los cuales varones y mujeres presentan diferencias en la elección de los estudios superiores, tema que se pretende abordar en la tesis de Doctorado en Sociología de la autora de este trabajo.




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* Moreira
Departamento de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de la República - DS/UDELAR. Montevideo, Uruguay