Atendiendo al llamado de repensar las historias de las formas en que se ha ejercido el poder en América Latina como un continuum de larga duración que no reconoce en su constitución interna de fronteras esquemáticas inexpugnables, en esta investigación nos proponemos analizar, articulando en el horizonte interdisciplinario la sociología histórica y las ciencias históricas con el giro transmoderno, el papel desempeñado por clérigos, teólogos y miembros de la Iglesia católica en la historia contemporánea de nuestra región, puntualmente durante la larga noche de terror del estado de seguridad nacional, como caracteriza Cockcroft a los gobiernos autoritario-militarizados burocráticos de las décadas de los setenta y ochenta, así como durante los periodos de justicia transicional desdoblados a partir de la presunta democratización que la región experimentó en el ocaso del siglo XXI.
Si el Plan Cóndor y sus mecanismos institucionales y paraoficiales proporcionaron cierta homogeneidad a las formas de necropolítica y represión implementadas por las dictaduras latinoamericanas en su aspiración por imputar la hegemonía volviendo lo interpersonal político, objetivando prácticas corporales y discursivas e impregnando la cotidianidad, la escala humana, de sus conceptos abstractos y su plétora simbólica, los gobiernos transicionales fueron atropellados, el caso argentino tuvo que transitar de la dictadura institucionalizada de las fuerzas armadas a una democracia bipartidista de consensos, los colombianos fracasaron en la constitución de fuerzas políticas alternativas y a partir de la década de los noventas ha imperado la lógica de guerra, Guatemala entró a una transición autoritaria que ha institucionalizado la violencia y silenciamiento social, y México falló en desmontar los remanentes del populismo autoritario priísta y sus operaciones violentas de hegemonía. Para dilucidar estos planteamientos recurriremos al análisis de los procesos hegemónicos ofrecidos por James Scott, centralmente plasmadas en su obra Weapons of the Weak. Everyday Forms of Peasant Resistance.
Considerando la violencia endémica que desgarró el tejido social no ha podido ser contrarrestada por la embriagadora ola de liberalización, deviniendo en la actual crisis en nuestra experiencia del tiempo (según lo afirma Berber Bevernage en su reciente estudio Historia, memoria y violencia estatal. Tiempo y justicia), Laclau y Mouffe, dentro de la propuesta de una democracia radical, apelan a la especificidad de “significantes vacíos” en el orden comunitario como aglutinantes que formen una voluntad colectiva contrahegemónica. Refieren a la imperiosa necesidad de empoderar “sujetos populares” que logren articular las demandas sociales insatisfechas del pueblo y reconstruya cadenas de identificación identitaria. Dicha operación, claro está, debe ser consciente de su propio devenir, es decir, el legado de su propia historia. Aquí adquiere sentido preguntarnos, en un continente que calificamos como culturalmente católico (y los estudios del Pew Research Center sobre religiosidad y religión así lo confirman) ¿Cómo osciló el péndulo de las instituciones católicas en ambos procesos, en tanto pastores del rebaño de creyentes en busca de orientación espiritual, y príncipes de la poderosa Iglesia?
Vale mencionar que no procuraremos un discurso homogéneo, sino que daremos apertura a las contradicciones de la historicidad humana, a las formas en que los lenguajes políticos se entrecruzaron con la retórica teológica tanto entre los militantes de la Iglesia eclesiocéntrica de carácter conservadora-tradicional como entre aquellos próximos a la opción por los pobres de la teología de la liberación más sensible a “una doctrina de la reconciliación” en una región azotada por el extractivismo, el colonialismo y la violencia. El objetivo final es aproximarnos a estas hermenéuticas desde los claroscuros de la Iglesia católica para re-presentar formas de resiliencia colectiva así como de resistencia comunitaria a través de la religiosidad durante estos difíciles momentos en México, Argentina, Colombia y Guatemala.