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Resumen de ponencia
Feminismo y Mestizaje, una cartografía del poder en Ecuador 1920-1930

*Lucy Santacruz Benavides



Esta investigación se pregunta por los modos en los que se constituye la mujer como sujeto del feminismo ecuatoriano. Para ello parto de la tesis de que estos procesos de subjetivación que suceden al interior del feminismo, están estrechamente relacionados con los procesos de objetivación de “la mujer”. Entiendo por subjetivación los procesos de configuración política que posiciona un sujeto de disputa donde se ven involucradas las mujeres autoreconocidas como feministas, en un tipo de tecnología que ejercen sobre sí, negociando con su propia subjetividad femenina, interviniendo en el significado de un sujeto mujer encarnado en su cuerpo. Por otro lado, por procesos de objetivación, me refiero a los procedimientos ejercidos sobre “la mujer”, no sólo como objeto de conocimiento, sino también como objeto depositario de un deber ser que implica la intervención del Estado, del discurso médico, de la iglesia y de la familia como institución social donde esta cumple con la función reproductiva. Es en esta constelación de fuerzas, que luchan por definir los significados de “mujer”, donde el feminismo interviene.
Este sujeto mujer homogéneo, idealizado tanto en los discursos expertos como en los discursos feministas, no está mediado solamente por relaciones desiguales de clase y género, sino también por clasificaciones y jerarquías raciales. En Ecuador, podemos ver una suerte de continuidad subterránea que proviene desde las clasificaciones coloniales, que hace de las poblaciones negras e indígenas objeto de explotación; hasta su actualización con los discursos científicos que definen en la pirámide social los procedimientos de mejoramiento racial, tomando al blanco como lugar de llegada. En este sentido, una mirada crítica desde la historia ecuatoriana requiere examinar cómo la raza toma una dimensión particular con el mestizaje como proyecto civilizatorio.
Las primeras décadas del siglo XX serán definitivas en el horizonte que conduce al Ecuador en un proceso de modernización y en la configuración de un Estado donde las mujeres son sujetos de derechos, es en esta época donde el país se abre a una necesaria integración de las mujeres al aparato productivo del Estado y es en estas décadas donde las mujeres logran acceder a la participación política en el ejercicio electoral.
En este trayecto histórico el mestizaje como formación ideológica de unificación racial, más que como hecho social, constituye un lugar fundamental para el análisis. Los discursos letrados que dan lugar a la “raza hispanoamericana” de la mano con las perspectivas higienistas, permiten dibujar las condiciones de posibilidad para el feminismo de estos años. Comprender el momento histórico que da lugar en Ecuador a la formación discursiva del feminismo, en relación y tensión con el mestizaje, nos conduce a una época histórica marcada por procesos de modernización social, política y económica, donde los cuerpos y subjetividades de las mujeres enfrentan nuevas formas de producción capitalista. Es en este escenario donde acontece el feminismo como fuerza que busca dar sentido a la idea de mujer, en tensión y pugna con otras fuerzas que definen los sentidos y las prácticas que configuran el sujeto-objeto mujer.
Leer la disputa política y de significado que vive el feminismo de estos años en tensión con el mestizaje permite entonces, dibujar una cartografía del poder que tiene una singularidad en los contornos latinoamericanos a principios del siglo XX. Cartografía donde el conflicto social está fuertemente marcado en mi lectura desde la “lucha de clases” con la intervención del movimiento obrero y la emergencia de los partidos socialista y comunista, la movilización indígena en tensión con estas narrativas mestizas de unidad nacional y la irrupción del feminismo que en estos años logra posicionar el derecho al sufragio de las mujeres, así como, derechos fundamentales para las mujeres trabajadoras.
Por cartografía del poder entiendo una compleja red de relaciones que marcan territorialidades a partir de líneas fuerza, potencias políticas, que a su vez se traducen en modos de pensar, modos de actuar y modos de ser. Una cartografía marcada por el conflicto, por relaciones de poder tejidas en los entramados de la clase, la raza y el género. La cartografía a la que me referiré en esta investigación tiene sus límites en lo que Ángel Rama denominó la Ciudad Letrada, es en esta espacialidad simbólica, de producción de conocimiento, de producción de poder a través de la escritura, a través de las letras, donde las mujeres feministas buscan irrumpir. Pero es también desde este lugar dominado y disputado por los intelectuales a través de la palabra erudita, a través del conocimiento experto, donde se construye el aparataje que da origen al feminismo y al mestizaje como discursos potentes y en tensión en estos años. Como veremos el ingreso a la ciudad letrada, para las feministas de distintas aristas y tendencias, se constituye en un valor fundamental que permite la formación de un poder a través de la palabra escrita. Algunas de ellas ingresan a los círculos literarias haciendo uso de su privilegio de clase y raza, otras generan fisuras a los muros letrados a través de la educación, como mecanismo de movilidad social o como posibilidad de aprendizaje y apropiación del lenguaje dominante. En ello la participación de mujeres feministas en revistas literarias, en la publicación de periódicos o incluso en la elaboración de pasquines y hojas volantes, será una práctica central en la expresión de su voz y posicionamiento de su lugar político.




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* Santacruz Benavides
Universidad Mariana Unimar. Pasto, Colombia