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Resumen de ponencia
La historización de las ciencias sociales como resistencia al colonialismo académico.

*Xavier Rodriguez



La historización de las ciencias sociales como
resistencia al colonialismo académico.
Por Xavier Rodríguez Ledesma.

La respuesta más común de las ciencias sociales frente a los señalamientos acerca de la inevitable obligación de historizarse a sí mismas, es refugiarse en el espacio construido por sus propias metodologías para, apertrechadas desde ahí, continuar de forma prepotente mandando al limbo de la no verdad, de la ficción, del mito, de la fantasía o de la poética, a todo lo que no se atenga y someta a sus directrices.
A pesar de que desde hace algunos lustros se ha hecho cada vez más evidente la imposición asentada en relaciones inequitativas de poder de ciertas concepciones acerca de las formas válidas y legítimas de construir saberes y consolidar conocimientos, ello no ha obstaculizado en demasía su reproducción acrítica por lo cual siguen siendo preponderantes. Podemos referir diversos ejemplos de dicha preeminencia hegemónica, desde, en primerísimo lugar, la descalificación y desdén sobre otras formas de explicar, comprender, conocer y aprehender el mundo ajenas al discurso científico, moderno y occidental, pasando por el mantenimiento de los protocolos de investigación construidos en las ciencias naturales (duras) con la consecuente sumisa aceptación de las ciencias sociales de ese imperativo metodológico, hasta llegar a un fenómeno que hemos atestiguado de unos cuantos años a la fecha: la imposición casi dictatorial respecto de que solo existe una forma válida y legítima para referir las fuentes utilizadas en una investigación, me refiero obviamente a las “Normas APA”.
Epistemicidio o discriminación epistmémica, colonialismo académico, historización de los saberes, racismo cultural, poder, etc., conceptos fuertes y non gratos para el establishment académico que debiera hacer de la (auto)crítica su razón nodal de existencia. Hoy en día es necesario y urgente historizar tanto la construcción de saberes como la legitimación de las formas mediante las cuales estos se construyen. Solo así se podrán abrir las puertas para reconocer la diversidad tanto cultural como de formas de narrar, asumiendo que cualquier tipo de definición de superioridades o legitimidades son simplemente expresiones de relaciones de poder históricamente instituidos y, por ende, factibles de ser evidenciados en su conformación de poder.
Ello irónicamente, no se nos olvide, debería ser la característica definidora del funcionamiento del pensamiento crítico. Aceptarlo es por demás complicado pues significa renunciar a los nichos de poder instituidos donde la academia vive y se reproduce. De tal forma, proponerlo y ejecutarlo se convierte en la una disputa política constituyendo de facto una estrategia de resistencia por la visibilización -y transformación- de esas relaciones de poder que pretenden esquivar dicha historización aludiendo a argumentos de índole epistemológico.
Avanzar en la problematización de la construcción social del conocimiento es un punto prioritario de, entre otras cosas, la agenda educativa contemporánea necesaria para repensar los procesos de enseñanza aprendizaje en general y, en particular, los de las disciplinas sociales. Como muestra podemos referir la actual discusión sobre las funciones y utilidades de la historia referidas a la necesidad de generación de ciudadanos modernos, y no únicamente en su responsabilidad disciplinaria de construir y consolidar rasgos identitarios de índole nacional. Ello requiere ineludiblemente realizar la historización de las formas en que ciertas apreciaciones devienen conocimiento social, pues sólo a partir de ahí seremos capaces de poder concebir, construir y escribir otras historias distintas, diversas, y con responsabilidades diferentes a las que tradicionalmente se le ha asignado.
Es necesario entonces recuperar el ejercicio crítico que la historia enarbola como práctica metodológica obligatoria, pero de la cual en los hechos se ha eximido: verse a sí misma (y al resto de los discursos y conocimientos hegemónicos) como un constructo histórico cuya legitimidad se basa no en cuestiones epistemológicas sino en razones de poder. En la ponencia se proponen algunos ejemplos para iniciar dicha crítica.




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* Rodriguez
Universidad Pedagógica Nacional, México UPN. México, México