A partir de la victoria de la alianza Cambiemos en Argentina (2015) y del visible avance de
fuerzas de derecha en varios países de la región, comenzó a instalarse el debate acerca de las
posibilidades de un giro conservador en América Latina. En este marco tomó vigor la reflexión sobre las características de las llamadas nuevas derechas, aunque la mayoría de los estudios puso acento en la dimensión política del fenómeno por sobre la dimensión económica y social. En este trabajo entendemos que para comprender esas disputas hegemónicas, resulta clave estudiar los grupos económicos de poder y sus vínculos con el Estado y la política, un tema que fue central durante los años sesenta y setenta y que -neoliberalismo mediante- perdió peso en el campo de las ciencias sociales. Nos proponemos estudiar la relación entre Estado, élites y grupos económicos en América Latina (2008-2017) desde una perspectiva que se ubica en los márgenes de la sociología de las élites y la sociología política. Este trabajo se enmarca en un proyecto más general que estudia diferentes casos nacionales cuyos recorridos han sido diversos: Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, México, Paraguay y Perú.
El recorte temporal comienza en el año 2008, momento donde ocurrió la crisis
financiera mundial que impactó sobre las economías latinoamericanas. La recesión del mercado mundial repercutió sobre el comercio exterior, hubo una caída del valor de las materias primas, el núcleo duro de las exportaciones, así como también del volumen de los productos exportados; esta situación fue afrontada de modo diverso según cada uno de los casos y se produjeron transformaciones en los vínculos entre el Estado y las élites. La hipótesis de trabajo es que el vínculo de las élites, los grupos económicos y el Estado se puede explicar a partir de la articulación de las siguientes variables: el grado de diversificación del sistema productivo y sus relación con el capital trasnacional, la debilidad o fortaleza de los partidos como vehículo de mediación política y la debilidad o fortaleza del Estado. En esta clave de hipótesis, la temporalidad ocupa un lugar fundamental. El análisis del período 2008-2017 se complementa con un estudio de larga duración, propio de las tradiciones de la sociología histórica y la sociología política. En la década de 1960, Cardoso y Faletto ([1969] 1990) distinguieron dos tipos de economías: enclave, donde hay una importante presencia económica de capitales extranjeros y los grupos nacionales presentan mayor debilidad, y las economías con control nacional del sistema productivo, donde buena parte del sistema productivo está en manos locales y los grupos nacionales tienen mayor fortaleza. En el primer grupo cuentan los casos de Chile, El Salvador, México, Perú; en el segundo Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay. Si bien, este planteo merece ser actualizado en un capitalismo global que atravesó grandes transformaciones y los grupos nacionales han atravesado procesos de extranjerización, el enfoque general que plantean los autores es todavía hoy una clave explicativa para pensar la matriz del sistema productivo y su inserción en el mercado capitalista mundial. Sobre esta primera caracterización se solapa otro rasgo, el grado de diversificación de la economía y, por tanto, de los grupos económicos de poder, los cuales pueden tener: mayor diversificación del sistema productivo (Brasil, México), mediana diversificación (Perú, Paraguay, Ecuador) y escasa diversificación (Chile, El Salvador).
En el campo de estudios de las ciencias sociales existe un conjunto importante de materiales que ha analizado el fenómeno de las élites. Entre los pioneros, cuentan los de Mosca (1939), Michels (1949), Pareto (1965) y Wright Mills ([1956] 1963). Mills planteó la existencia de tres tipos de élites: económica, política y militar y ofreció elementos metodológicos para un análisis de medición de las élites económicas: los altos directivos, quienes ocupan los puestos de mando más altos en cada una de las cien compañías que, medidas por las ventas y el capital, son las mayores. Desde una perspectiva marxista, Göran Therborn (1979) introdujo una mirada diferente en la cual repone el análisis de clase. Según Therborn, el punto de partida no debe ser “el punto de vista del actor” sino los procesos sociales de reproducción y transformación. Es decir, el carácter de clase de un Estado determinado no se refiere a quién mueve las cuerdas, sino al efecto sobre la sociedad de las acciones del Estado y es en tal sentido que se pone de manifiesto cuál es la clase dominante en esa sociedad. En una clave de interpretación complementaria del planteo anterior, Ralph Miliband (1971) cuestiona la tesis de que la posesión de los medios de producción constituye un indicativo del carácter de clase y sostiene que es primordial determinar si existe tal clase dominante, pues sólo una vez aclarado esto podremos pasar a analizar su peso político. En un estudio reciente, Ansaldi (2017) insiste en la necesidad de no abandonar categorías clásicas, como la de clases sociales, y plantea un enfoque complementario a la teoría de las élites. En términos analíticos, los sujetos pueden ser sociales o políticos: como sujetos sociales se organizan en clases, en tanto sujetos políticos lo hacen en partidos, sindicatos, asociaciones de interés, movimientos y otras formas. Esta propuesta de Ansaldi ofrece un interesante enfoque que este trabajo recupera: es posible caracterizar a las élites económicas en el Estado, en tanto sujetos políticos y, al mismo tiempo, dilucidar qué clase o fracción de clase expresan, en tanto sujetos sociales. En tal sentido, un enfoque que combine la perspectiva del actor, o de las élites, con una mirada de clase, pareciera ser una buena entrada para el análisis.
En América Latina, el estudio sobre las élites ha sido muy vasto. En Argentina, un trabajo pionero fue el de De Imaz (1962, 1964) que abrió un campo de estudios sobre la temática: definió a la élite según la posición institucional ocupada en espacios vinculados al poder, la riqueza y el prestigio. A la saga de este estudio vinieron otros, de inspiración marxista, como los de Juan Carlos Portantiero (1973) y Guillermo O`Donnell (1977). Entre los materiales más recientes que han estudiado el fenómeno de las élites en el Estado en América Latina, cuentan especialmente los de Ana Castellani (coord. 2016) en Argentina; José Francisco Puello-Socarrás (2005) en Colombia; Francisco Durand (2010) en Perú; Eli Diniz y Renato Boschi (2004) y Luiz Carlos Bresser-Pereira (2009) en Brasil; Yves Dezalay y Bryant Garth (2002) en Chile, entre otros. En una clave de análisis comparativo y latinoamericano se encuentra el trabajo de Paloma Fernández Pérez y Andrea Lluch (2015). Para concluir, en este trabajo haremos una propuesta teórica-metodológica para el estudio de las élites en América Latina, donde se articula sociología política con la sociología de las élites. A partir del método comparativo se procura identificar regularidades o singularidades entre los diferentes casos nacionales cuyos recorridos han sido diversos.