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Resumen de ponencia
Análisis marxista sobre la Acumulación Originaria, la Expropiación y los Despojo(s) del capitalismo al conocimiento y a la educación.

*John Harold Estrada Montoya



La educación, instrumento esencial para lograr la emancipación, se ha convertido en pieza fundamental del proceso de acumulación de capital y de la creación del consenso que posibilita la reproducción del sistema de explotación y dominación de clases, no sólo proporcionando conocimientos y personal necesario para la expansión de la maquinaria productiva del sistema, sino también generando y transmitiendo un marco de valores que legitime los intereses de la clase dominante, es pues, un mecanismo para su perpetuación. En consecuencia, una reformulación significativa de la educación es inconcebible sin la correspondiente transformación del marco social en el cual las prácticas educativas de la sociedad cumplen sus históricas funciones de cambio. Las determinaciones generales del capital afectan profundamente a cada ámbito particular que tenga alguna influencia en la educación y no sólo a las instituciones educativas formales. Estas van en sintonía con las determinaciones educativas de la sociedad como un todo. Bajo el capital es crucial asegurar que cada individuo adopte como propias las metas de reproducción objetivamente posibles del sistema. Se trata de una internalización de la legitimidad del sitio que le ha sido asignado a cada individuo en la jerarquía de la sociedad, junto con sus expectativas y las formas correctas de comportarse. La mercantilización se ha apoderado gradualmente de cosas que nunca se pensaron que pudieran ser mercancías y se transformaron en mercancías ficticias. Todo se ha convertido en mercancía que se transa en el mercado y se habla del mercado laboral, del mercado de la salud, del mercado financiero, del mercado de saberes, del mercado de la educación. La imposición de la mercancía viene acompañada de una especial idolatría hacia ésta, que Marx bautizó como el fetichismo de la mercancía. La mercantilización de la educación es el resultado de la expansión del capital hasta un sector que no había sido colonizado por el apetito voraz de la acumulación y la ganancia (la educación ha sido siempre y será un aparato ideológico del Estado; en este caso un Estado capitalista). Así se produce una transformación de la educación en un mercado capitalista que funciona con la misma lógica de cualquier actividad destinada a generar ganancias mediante la producción de mercancías. ¿Cuáles son las mercancías en el mercado de la educación? la más evidente son: 1. los títulos y diplomas, al extremo de que una persona no vale por lo que sabe, sino por los títulos que posee. 2. mercancía de los escalafones, acreditaciones y rankings de las instituciones, que les confieren propiedades mágicas a las mejor colocadas, ya que concederían saber y poder a quienes allí se formen y se supone que acceder a ellas garantiza una educación de calidad y una formación para alcanzar el éxito. 3. la tecnología y los dispositivos electrónicos, el celular, los computadores, que parece pudieran solucionar los problemas de la educación; se nos anuncia que con su utilización nos volveremos más sabios, como por arte de magia. Con esto, se ocultan las relaciones de clase y de producción, las formas de propiedad y control de los excedentes y solo queda el fetiche, que nos esclaviza. No importa lo pobre que se sea, el fetichismo obliga a todos a tener celulares de todas las gamas, con un plan con cada vez más minutos, para consumir tiempo, cada vez más tiempo, sin importar para qué. La tecnología contribuye a expropiar el tiempo de todas las clases. Ya no disponemos ni siquiera de tiempo libre y si a esto le sumamos las horas que gastamos en ir y venir de nuestras casas al sitio de trabajo, nunca antes, hemos sido más esclavos de la lógica del capital, que había prometido, la libertad y la felicidad. El capital recorre el planeta buscando cualquier tiempo que le pueda ser útil, con salarios de miseria. El trabajador es jurídicamente libre, pero es esclavo, ya que está disponible todo el tiempo mediante los aparatos y dispositivos tecnológicos, conectados permanentemente, disponibles para cuando el capital los requiera. 4. la utilidad social del conocimiento producido en las universidades; se nos dice que la investigación es neutral y apolítica, que el conocimiento que adquirimos al pasar por las universidades está al servicio de la sociedad; sin embargo, en esta etapa de reestructuración capitalista la mayoría de los intelectuales son formados en las universidades con programas que al ser traducidos en su vida profesional, imponen la ideología dominante en las clases subalternas, por ejemplo, los economistas neoliberales formados en nuestras universidades, los profesionales de la salud que trabajan al servicio de la acumulación del complejo médico-industrial, los abogados, los psicólogos y demás profesionales, que con su quehacer, derivado del conocimiento adquirido en las universidades, contribuyen a la opresión, explotación y sujeción de las mayorías e incluso de ellos mismos, por el egoísmo, individualismo que le son connaturales al sistema capitalista, en lugar de poner su saber a disposición de la población que los necesita. La educación y el conocimiento universitarios podrían considerarse un bien común, dado que su existencia no solo es posible por la mediación estatal, sino que en ella han intervenido muchas generaciones de personas, profesores y estudiantes que han creado un patrimonio de tipo colectivo (bienes comunes de conocimiento), porque no son resultado de acciones individuales sino que responden a una elaboración forzosamente colectiva. Si entendemos el conocimiento y la educación como bien común, no cabe pensar entonces que se pueda fraccionar, parcelar y mucho menos patentar como si fuera propiedad privada. Si la educación es una mercancía, se enfatiza que ya no es un derecho, sino un servicio, y el Estado debe limitarse a velar por su acceso sin importar quien lo preste y el valor de uso de la educación, pasa a un segundo plano, que se torna un pretexto, ya que no importa su utilidad real, sino que se pueda vender para que se realicen las ganancias de las empresas educativas. El valor de cambio depende del costo de producción de esa mercancía más la ganancia respectiva y se materializa en la venta de un título, diploma, curso, libro, software, programas informáticos, asesorías, traducciones, investigaciones a unos consumidores que pagan por estas mercancías que han sido producidas con el esfuerzo colectivo de los involucrados en el proceso educativo, incluyendo al Estado, a los administrativos y profesores, cada vez más explotados en el proceso específico de su producción. La mayor explotación recae en la tarea de los profesores, en particular de las universidades privadas, con una maximización del tiempo de trabajo. El cobro de la mercancía a los consumidores oculta estas brutales relaciones y se acompaña casi siempre en su otra cara, de una esclavitud por las deudas educativas tanto del estudiante como de sus familiares. Una nueva desposesión, expropiación de los derechos de la sociedad a obtener conocimiento y aquellos que lo logran además son desposeídos de sus futuros ingresos veinte años hacia delante. Estas prácticas de despojo del conocimiento, de los saberes y de la educación en general, han sido legitimadas por las instituciones del capitalismo contemporáneo y se concibe el conocimiento ligado a la educación universitaria como un servicio, que debe ser transnacionalizado, homogenizado vía la práctica de un nuevo lenguaje que incluye estándares, internacionalización, competitividad, control externo, conectividad, trabajo en equipo, capacidad de aprender de por vida, traducir los programas curriculares y sus contenidos en “créditos” y su convertibilidad en el mercado de la educación mundial para beneficio de las empresas educativas, casi todas de Estados unidos, Australia o de algunos países europeos. Se fortalece y prioriza lo que sea inmediatamente rentable y produzca ganancias a los dueños del negocio educativo, a la par los estudiantes pasan a ser simples consumidores que pagan por lo que se les vende e incluso lo que no necesitan y se implanta así una transnacionalización educativa con un mismo idioma, idénticos prejuicios, culto a occidente y a Estados Unidos como si fueran superiores, desprecio hacia todo aquello que luzca como distinto y contrapuesto a este modelo hegemónico, rechazo hacia cualquier tipo de educación diferente. Fetichización por un lado, más desposesión del saber para la sociedad, que pasa a servir como vía de acumulación para las transnacionales de la educación, convertidas en empresas rentables. Vale la pena siempre cuestionarse frente a este fetichismo ¿quiénes son los propietarios? ¿quiénes se benefician de su utilización? ¿quiénes son explotados? ¿cómo la utilización de dispositivos y artefactos implica nuevas formas de explotación de los profesores, estudiantes y administrativos? Darnos cuenta de que nuestra relación con las cosas no es neutra ni inocente, desenmascarar la ideología, descubrir el fetichismo de la mercancía es ya una conquista. Tornarnos conscientes de las diferentes formas de explotación y lucha en las relaciones de producción, en las relaciones de poder, contestando los modelos propietarios y la naturalización de la expropiación, para interrumpir la explotación, recuperar fragmentos de vida. El insulto persiste, pero no el agravio de creernos libres en ámbitos donde somos explotados. Buscar márgenes de reformas sistémicas en la propia estructura del capital es una contradicción en sí misma; por esto, es necesario romper con la lógica del capital si queremos crear una alternativa educativa significativamente diferente y esto implica la construcción de otro modelo en el que la solidaridad, el trabajo colectivo y la realización de cada uno de los individuos de la sociedad tenga lugar, ni más ni menos, hablo de la construcción del socialismo.




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* Estrada Montoya
Universidad Nacional de Colombia UNAL. Bogotá, Colombia