El debate público y académico respecto a la mejor manera de detener el incremento a los índices delictivos y los problemas sociales que se generan es abundante, con enfoques contrapuestos; como el reactivo y punitivo ante la delincuencia frente a propuestas preventivas que se enfocan a prevención social, situacional y comunitaria.
Desde las diversas academias de la Licenciatura en Seguridad Ciudadana, de la Universidad de Guadalajara, se ha expresado la preocupación de que el enfoque de seguridad ciudadana llegue a permear en las políticas públicas; es decir, que para aproximarse a una solución de los problemas sociales de violencia y delincuencia se consideren las causas que los originan atendiendo los factores de riesgo que los generan, donde la prevención social es una manera adecuada de enfocar la prevención del delito.
A nivel institucional se han diseñado diversos enfoques y programas. En 2014 se aprobó el Programa Nacional de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia, mientras que en Jalisco, en mayo de 2017, se presentó el Programa Estatal de Prevención Social de la Violencia con Participación Ciudadana. Partiendo de diagnósticos, en ambos programas se identifican factores de riesgo y se formulan estrategias y acciones enfocadas en atender las causas que generan inseguridad.
El desarrollo de programas de arte orientados a fomentar una cultura de paz y prevención social de la violencia está considerado dentro de las estrategias y líneas de acción del Programa Nacional de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia (DOF 2014), y en función de ello se han realizado distintos proyectos institucionales en el país. A la par, activistas, artistas voluntarios y líderes de comunidades han promovido -aunque de forma independiente y muchas veces autofinanciada- la idea del uso del arte como recurso para estimular la mejor convivencia humana.
Con esta idea, de enero a junio de 2017, un grupo de profesores y estudiantes de la Universidad de Guadalajara, realizamos un proyecto piloto interdisciplinar denominado Arte y Cultura de paz con estudiantes de entre 12 y 14 años, en una escuela secundaria de la colonia Constitución de 1917, en Zapopan, Jalisco.
En los talleres de "Arte y Cultura de Paz", experiencia de campo del proyecto de investigación de Arte para la prevención social de la violencia se trabajó con niños para facilitarles otra manera de ver el mundo a partir de construir una forma de relacionarse sin violencia.
Si bien este trabajo es un programa piloto, las experiencias de colaboración interdisciplinar y multidisciplinar al integrar un equipo con profesores de seguridad ciudadana, sociología, artes visuales y con el apoyo de un psicólogo, permite abordar desde diferentes dimensiones una problemática difícil de resolver, ¿cómo hacemos para que las nuevas generaciones encuentren una mirada positiva a un mundo que ofrece inseguridad en sus colonias, incertidumbre en el ingreso familiar al pertenecer a familias de escasos recursos, dudas en su porvenir pues no hay garantías de una vida de bienestar y calidad como la que todo ser humano aspira a tener?.
¿Cómo hacemos para que los niños comprendan que la violencia no es normal? Que existen otras maneras de relacionarnos en sociedad y familia, qué para los problemas existen soluciones y que éstas pueden ser más sencillas de encontrar si desarrollamos trabajo colaborativo, si todos aportamos ideas desde nuestras experiencias.
La cultura de paz, en la mirada de UNESCO ofrece una manera de atender la problemática de la violencia y las relaciones que se tejen entre las personas, es una idea que acompaña el bienestar, igualdad y desarrrollo como manera de construir la paz social.
Los talleres representaron ese esfuerzo, de acercarnos a la cultura de paz a través de ejercicios lúdicos que permitieran a los niños la comprensión de los conceptos de manera gradual y natural, hasta hacerlos propios.
El proyecto piloto, que se propuso interdisciplinar (sociología, seguridad ciudadana, arte, psicología), fue enfocado a generar un proceso de construcción de Cultura de paz e integración en sentido amplio, social y colaborativo, mediante estrategias de intervención sociocultural; donde el artista, como sujeto colectivo, se convierte en un actor implicado y la obra artística adopta la problemática vinculada a la condición social, proyectándose en una proposición vivencial de la realidad inmediata para ensayar otras formas de relación con el contexto bajo los principios de la cooperación y convivencia pacífica.
En el ejercicio realizado mediante talleres de arte, los niños participantes 1) hicieron consciencia del entorno social que propicia la violencia; 2) elaboraron un diagnóstico a partir de sus experiencias de los principales problemas que ven en su comunidad y familia; 3) identificaron un problema o conflicto social en el que pudieran contribuir a su solución; y, 4) en base a sus habilidades personales y del trabajo colaborativo, construyeron una obra artística propositiva.
Así, los niños crearon cuatro microhistorias que abordan problemáticas sociales, familiares y personales proponiendo soluciones basadas en los valores de cultura de paz, respeto, dialogo, inclusión, tolerancia, trabajo comunitario, pertenencia, identidad. Todo ello mediado por el arte.
Con el desarrollo de las actividades del taller, los participantes hacen aprensión de valores, actitudes y comportamientos opuestos a la violencia y a favor de la prevención de los conflictos, reflexionando en sus causas. Así mismo, se estimula el desarrollo de una consciencia crítica-constructiva para la proposición de soluciones a los problemas encontrados, medidados a través de la participación colaborativa, el diálogo y la negociación entre las personas, buscando el consenso con estricto respeto a los derechos de los demás.