En el Ecuador los estudios sobre las derechas son muy escasos. En realidad, los análisis de movimientos, corporaciones empresariales, centros de pensamiento e individuos que adscriban a esta corriente ideológica, son limitados. Incluso, más allá de algunas noticias y editoriales, tampoco existen investigaciones que den cuenta del papel de las organizaciones de derechas frente a las transformaciones experimentadas por el Ecuador a partir de la Revolución Ciudadana.
Desde el año 2007, El nuevo presidente del Ecuador, Rafael Correa estableció una serie de políticas económicas heterodoxas para terminar con lo que él denominaba la “larga y triste noche neoliberal”, entre estas tenemos: un nuevo sistema impositivo que gravaba a los más pudientes, la recuperación de los recursos naturales como el petróleo, el cese de pagos y la declaración de un tramo de la deuda externa como ilegitima, la creación de varias empresas públicas, fin de la tercerización laboral, creación de leyes anti-monopolios entre otras.
Al mismo tiempo, el gobierno de la Revolución Ciudadana fortalecía al Estado, para ello se emprendieron medidas como la recuperación de sus capacidades, específicamente las de planificador, regulador y redistribuidor. Además se implementó un proceso de descorporativización, mecanismo a través del cual, actores no elegidos y que habían colonizado una parte del Estado, fueron desalojados de los centros de toma de decisiones y reemplazados por funcionarios públicos. Por si fuera poco el correismo re-estructuro la organización territorial del Ecuador con lo cual, algunos gobiernos locales perdieron poder frente a un Estado fuerte y centralizado.
Estas medidas afectaron de manera diferenciada tanto a la elite de Quito como a la de Guayaquil, esta ultima, la más golpeada por las políticas correistas (recordemos que en el Ecuador, la fragmentación regional ha derivado en la existencia de dos elites.) Así, la derecha guayaquileña se convirtió en la principal adversaria del nuevo gobierno, a quien incluso amenazó con la desintegración nacional, si los cambios impuestos en su contra no se detenían. Veamos en detalle esto:
En los años noventa la derecha guayaquileña a través del Partido Social Cristiano (PSC) aprovechó su posición hegemónica en el Congreso Nacional para impulsar un modelo de organización territorial que cuestionaba el papel del Estado, reorientaba sus funciones y capacidades hacia los gobiernos locales y limitaba la facultad de intervención pública, en lo que las elites consideraban “su” territorio; este proyecto se denominó autonomía al andar y algunos analistas señalan que el objetivo era convertir a Guayaquil en una suerte de Hong Kong ecuatoriano.
Al mismo tiempo, en el ámbito local, el PSC (junto a cámaras empresariales, instituciones de beneficencia, clubes sociales, centros de pensamiento, organizaciones cívicas así como una red de familias de notables) controla desde 1992, es decir por más de 25 años, la alcaldía de Guayaquil, institución a través de la cual implementó una forma de manejo de la ciudad corporativa y patrimonial que, utilizando fondos públicos apalanco la acumulación privada de los grupos económicos y familiares ligados al municipio. Jaime Nebot, actual alcalde de Guayaquil, lo denominó modelo exitoso de desarrollo, mismo que se recubrió de una pátina liberal y descentralizadora para enfrentar al carácter supuestamente comunista, opresor y autoritario del Estado central.
En este contexto, el objetivo general de la ponencia es analizar la actuación de la derecha guayaquileña frente a las políticas públicas implementadas por el gobierno de la Revolución Ciudadana desde el año 2007 hasta el 2017. Los objetivos específicos son: a) un análisis de la composición de la derecha local opuesta a Correa; b) un estudio de las medidas anti-neoliberales y de fortalecimiento del Estado impulsados por la RC que afectaron a derecha guayaquileña; c) un examen de los “modos de operar” de este grupo en la coyuntura señalada; y d) un análisis de su relativo debilitamiento en la fase correista.
La hipótesis que subyace a todo el trabajo es que el enfrentamiento entre la derecha guayaquileña y el gobierno de Rafael Correa fue una lucha por redefinir el papel del Estado ecuatoriano. La Revolución Ciudadana se planteo crear un estado fuerte y centralizado para combatir los proyectos de la elite local: el modelo exitoso de administración urbana y la autonomía al andar. La idea que estaba implícita en la propuesta correista era concluir la construcción de un Estado-nacional que supere el clivaje regional (Lipset y Rokkan 1968) así como un Estado que respondiese al interés nacional y no al particular.