“Representación Social de la Identidad de Mujeres con “dis”capacidad desde una Perspectiva de Género”
La Representación Social (RS) de las personas con “dis”capacidad, según (Gómez, 2013; Torres, 2004; López, 2007; Ferrante 2008, 2009; Ferrante y Ferreira, 2011; Ferreira, 2008, entre otros/as) se estructura al interior de lo que Bourdieu denomina campo social; un espacio pluridimensional, que a su vez, se constituye de posiciones y condiciones de clase de carácter asimétrico y jerárquico dependiendo de la posesión del capital global (volumen, estructura y evolución) de quienes conforman este espacio social; profesionales de la salud, profesionales de la educación, familia, etc. Esta distribución asimétrica de posiciones de poder, en base a un rendimiento diferencial, genera discursos hegemónicos, que dentro del campo social de la discapacidad, se esbozan de acuerdo a dos principios de diferenciación que generan cierto tipo de prácticas a saber; el Modelo Médico (MM) (Menéndez 1984, 1988, 1992, 2005; Ferrante 2008, 2009) o Discurso Médico (Foucault, 2014) y el sistema económico – político – social Neoliberal (Biagini y Fernández, 2014). El modelo médico – patológico, como construcción ideológica (Foucault, 2014) ha intentado dominar y oprimir a los desviados sociales (Berger y Luckmann, 1989) a través de la obediencia y la disciplina (Fromm, 2014) para lograr el ajuste a la norma impuesta como arbitrario médico – cultural. Por otro lado, el sistema económico – político y social hegemónico, que opera como percepción dóxica (Bourdieu y Passeron, 2014) reproduce en el campo social de la discapacidad, relaciones simbólicas y materiales de dominación hacia las personas con necesidades en el desarrollo humano. La incorporación de ambos sistemas a las predisposiciones cognitivas de los agentes que conforman éste espacio social, de acuerdo a la estructura de las relaciones asimétricas, condicionan y refuerzan la percepción de la realidad para captarla como “naturalización espontánea de las estructuras de dominación” (Bourdieu y Passeron, 2014:13).
Durante décadas, la investigación científica y la intervención profesional médica y pedagógica ha estado centrada en el déficit o la alteración patológica respecto de la norma para el desarrollo de la condición humana de las personas con discapacidad, que institucionalizadas por una lógica binaria normal/anormal, expresan, en toda su magnitud el biopoder (Foucault, 2009), que por un lado es, anátomo – político centrado en el control del cuerpo con el fin de atomizar, fragilizar y, por tanto controlar a los/las individuos, y por otro es, bio – político regulando filogenéticamente a la población por medio del control social.
Desde una mirada foucaultiana, la discapacidad, se estructura desde las prácticas y saberes normalizadores de los grupos humanos que no cumplen con las características deseables (Foucault, 2009; Canguilhem,2005)
No menos importante es el estudio del contexto socio – histórico que también expresa un discurso respecto de la discapacidad dado por la imposición de un modelo económico – político centrado en el mercado. Este modelo ha deslegitimado la legislación de políticas públicas que validen los derechos humanos de las personas con discapacidad. En coherencia a lo anterior, es importante mencionar que Chile, es el único país del mundo que se sustenta ideológica, política y legislativamente en una constitución (1980) de carácter ortodoxamente neoliberal (Biagini y Fernández, 2014), lo que implica que las personas que “no pueden acceder al mercado no tienen derecho a ser auxiliados/as por la sociedad y el Estado, debiéndose dejarlos morir” (Biagini y Fernández 2014:234), al respecto Ferrante (2009) sostiene que “el modelo social anglosajón comprende a la discapacidad como el resultado de la inadecuación de la estructura social a las necesidades de las personas con discapacidad, inadecuación que solo puede ser entendida al interior del sistema capitalista desde el cual los “discapacitados” constituyen mano de obra no productiva (Ferreira, 2008)” (p. 17).
El principal aporte de está investigación está referido a la deconstrucción de la naturalización del discurso que oprime a la diversidad, lo que constituye un elemento clave de la crítica feminista. La epistemología crítica feminista planteada por Jenny Morris (1992,1993,1996 y 1998) permitió integrar en esta investigación una herramienta de emancipación en relación a los postulados que aún persisten en el discurso pedagógico desde el paradigma positivista de la racionalidad tecnológica, donde las mujeres con “dis”capacidad son portadoras de un hexis corporal vinculado a las relaciones de dominación, debido a que son los cuerpos ilegítimos de las mujeres consideradas “anormales”, al interior del sistema androcéntrico, las que contraen e introyectan en sí mismas una monstruosidad (Foucault, 2014) o doble monstruosidad; ser mujer y ser anormal, aquello, indudablemente permeabiliza la creencia respecto de la asexualidad y la imposibilidad de acceder a la maternidad. Esta monstruosidad esta referida a la arqueología corporal de las mujeres con discapacidad como complejidad corpórea, primero debido a que se porta un cuerpo que no es masculino y por otro, es un cuerpo “deficiente”, “inhábil”, “discapacitado”, “fragmentado”, como hexis corporal devaluado al interior del campos social de la discapacidad.
Su identidad, además, de estar contrapuesta a la binaridad masculino – femenino al interior del sistema androcéntrico, que según Bourdieu (2000) y De Beauvoir, S. (2012), es concebido como “natural”, está también contrapuesta a la binaridad que existe entre mujeres normales y mujeres anormales con estereotipos que marcan y diferencian a una de otra, el ideario patriarcal sitúa a la normalidad como aquella mujer “blanca, occidental, sana y esbelta” (López, 2007: 143). Son las mujeres “sanas”, desde la dominación masculina y biomédica, las únicas que tienen derecho a las expresiones erótico – afectivas y las únicas que pueden acceder a la maternidad.
Sin embargo, existen ciertas implicancias que podrían revertir esta dinámica cultural. Foucault (1982), señala que la sexualidad es una creación personal y, por tanto, creativa. Desde estas consideraciones podríamos suponer a las expresiones erótico – afectiva como diversas, con identidades, estructuras y funcionalidades identitarias particulares, a través del cuerpo, de la epistemología del cuerpo, como un imaginario diverso en mujeres con “dis”capacidad. Desde una perspectiva de Derechos Humanos, constituiría una contrasexualidad, como una forma de diferenciación de la heteronomía que impide a las mujeres con “dis”capacidad acceder a los derechos sexuales y reproductivos. La contrasexualidad, según Beatriz Preciado (2002) constituye una tecnología de resistencia contra la disciplina sexual, como análisis crítico de la diferencia sexo – género heterocentrado, aquello, sin lugar a dudas permitiría a las mujeres con necesidades en el desarrollo humano, acceder a una sexualidad propia y sin ajustes a la norma, a partir de la deconstrucción de los cuerpos estereotipados como producciones industriales del neoliberalismo. Los cuerpos de las mujeres con “dis”capacidad, son cuerpos hablantes en búsqueda de una renuncia de la identidad sexual cerrada, que ha sido naturalizada e inscrita en el cuerpo como una verdad biológica, (Preciado, 2002), que sitúa el placer sexual en los órganos sexuales reproductivos y no en una sexualización de cuerpo en su totalidad. Se requiere deconstruir el cuerpo normativizado, como construcción heterosocial que reduce el cuerpo a una asimetría jerárquica en relación a los géneros como estratificación del poder, los que atribuyen roles y prácticas diferenciados a mujeres y hombres, asegurando la explotación y opresión de un sexo sobre el otro, lo que acentúa una múltiple opresión si el cuerpo se constituye como dócil, frágil e infantilizado.
La construcción de la identidad en mujeres con Necesidades Educativas Múltiples se constituye en y desde el cuerpo deforme, que inscrito en una cultura dominante debe reformularse, puesto que constituye una falla herética, una abyección en relación a la normalidad, posición que la sitúa como oprimida y explotada. Bourdieu (2013), señala que los dominados o vencidos construyen su identidad en razón de lo que la cultura dominante codifica y objetiva como realidad para los alienados o aquellos/as que están devaluados por la desposesión de capital global. La inautenticidad de la identidad de las mujeres con “dis”capacidad impide una constitución desde el yo real (Fromm, 2011) para definir desde sí mismas, su propia configuración identitaria, debiendo permeabilizar su estructura de personalidad acorde a las emociones que giran socialmente en torno a ellas; “asco, desprecio, odio y pena” (Ferrante, 2011:28), emociones que destruyen cualquier intento de asumir una vida en autonomía basada en un enfoque de derechos humanos.