Resumen
Justificación
Contexto y características de los jóvenes del barrio
Lago del Bosque es uno de los barrios más antiguos del partido de Merlo que fue creciendo desordenadamente a partir de la década del ’70. Antes de esta época era un paraje veraniego así se promocionaba desde la década del ’50.
Actualmente Lago del Bosque es marginal respecto a barrios céntricos de Merlo. El arroyo Torres, contaminado por el asentamiento de fábricas en sus márgenes es como su arteria principal, las viviendas se emplazan sin planificación. Allí en medio de este paisaje urbano se encuentra nuestra escuela secundaria Nº27. Su historia se origina en el año 1997 con la creación del tercer ciclo de la EGB, luego en octubre del año 2005 se crea la SB Nº 45, allí sólo se brindaban los primeros tres años de formación secundaria. En el 2014 la escuela completó la oferta de seis años y la orientación elegida fue la de Arte teatro, siendo la única con esta orientación en el distrito de Merlo.
Dentro de su historia un hecho de extrema vulnerabilidad social la marcó, fue el tornado del 4 de abril del año 2012, que destruyó la totalidad del edificio. Hasta ese momento y tiempo después una fuerte estigmatización definió la mirada sobre la escuela, aquí asistían sólo los “villeros”, aquellos chicos del barrio que “no podían acceder a escuelas de un mejor nivel académico”. Se podía faltar en días de lluvia, no “corrían” las faltas, se hacía “promoción social” porque según el criterio de los docentes que conducían la escuela era a lo máximo que se podía aspirar.
Desde el año 2013 la escuela incorpora matrícula no sólo del barrio sino también de otros barrios ya que la oferta se amplia con la secundaria superior. Nuevos docentes con nuevas miradas se suman a un proyecto a estrenar, con nuevos desafíos: incluir y generar desde la diversidad un proyecto educativo con sentido. Será necesario abrir puertas, armar redes, tejer nuevas tramas sin cadenas ni engranajes mecánicos y esclavizantes.
Proyecto Institucional
Fundamentación
“La tierra que la gente ama, de la cual habla, a la que se refiere, tiene siempre un espacio, una calle, una esquina, un olor de tierra, un frío que corta, un calor que sofoca, un valor por el que se lucha, una caricia, una lengua que se habla con diferentes entonaciones. La tierra por la que a veces se duerme mal, tierra distante por causa de la cual la gente se aflige, tiene que ver con el lugar de la gente, con las esquinas de las calles, con sus sueños”
Paulo Freire (1997)
El suelo no solo se vincula con la vida cotidiana sino que su injerencia en el pensamiento da un sentido único a la existencia.
Este concepto se encuentra de alguna manera graficado en las estructuras textiles andinas. En el tejido existen dos campos bien diferenciados la “pampa” y el “pallay”. La pampa posee la misma acepción que el contexto geográfico, alude al mundo salvaje –lo no cultural-, se corresponde en el tejido con el espacio uniforme, carente de decoración, en contraposición con el pallay, término quechua que significa “recoger”, de la necesidad de recoger hilos para formar una figura, representa por lo tanto el mundo cultural con significado.
SOY, en tanto soy dentro de un ámbito simbólico, contenido en un horizonte cultural
En suma, la cultura se instala como un quehacer ritual para lograr el “domicilio” en el mundo.
Y si hablamos de arte toda expresión artística es siempre un gesto creador, nacido del espíritu que nos habita. Todo gesto creador es liberador. Desata la imaginación, la proyecta en un horizonte de posibilidad amorosa y encantada. Esta potencialidad convierte al arte en transformador de vida.
Para que exista la libertad, antes debe ser soñada. Para soñarla es imprescindible desearla. Los artistas tienen recepción sensible para captar los deseos colectivos. Esa sensibilidad inexplicable, que los convierte en porta voces del pueblo. Los poetas tienen antenas capaces de captar las señales invisibles y al hablar consigo mismos hablan con los otros.
El deseo de libertar genera pasión. Tener un motivo por el cual vivir apasionadamente es el único camino para vivir y morir con dignidad.
Paulo Freire continúa siendo imprescindible. Tomar la palabra para decirse, es en sí mismo liberador. Entrar en lo más profundo de vos mismo para conocer tu verdad. En este sentido podemos concebir la educación liberadora.
Educación que no se contenta con repetir y reproducir acríticamente lo mandado, sino que requiere de seres apasionados y comprometidos que recreen la realidad y la transformen; y es aquí donde el arte se hace vital.
Todo sistema educativo debería tener como objetivo primero desarrollar al máximo la capacidad creadora en lo más íntimo del ser persona.
En este tiempo de tinieblas y tristezas, de dictadura de mercado, es preciso rescatar la dimensión de la poesía, porque es en sí misma una apertura hacia el infinito.
La lucha por la libertad puede ser peligrosa pero nunca inoportuna.
Poesía que se hace canción: palabra proclamada; canción que interpretan los cuerpos, esos mismos que toman las
melodías y que en movimientos rítmicos tienen poder catártico, liberador. Canción que se expresa en trazos en papel y lienzo. Cuerpos que encarnan la palabra y la vida para actuarla y hacerla metáfora.
Algunas acciones y acuerdos
Para nosotros fue necesario desarraigar algunas prácticas mecanizadas que imposibilitaban un aprendizaje con sentido.
Cuestionamos los portadores de verdades absolutas para ser copiadas y posteriormente repetidas, como el pizarrón como centro de atención, el docente al frente de la clase, la disposición del moviliario alineado, una única propuesta editorial como portador del saber, la carpeta como fin en sí mismo. Los cuestionarios interminables que se responden linealmente desde un texto idéntico para todos los jóvenes. Las fórmulas incomprensibles descontextualizadas.
Porque proponen un estudio acrítico de la temática a abordar. Porque se usan para memorizar, reproducir a través de dar respuestas uniformes impidiendo el conflicto, generando un ámbito sin preguntas no dando lugar a ninguna respuesta.
Las disposiciones alineadas aislan, anulan el diálogo la colaboración, el hacer con, generan alumnos con “anteojeras”, el pizarrón como zanahoria, el profesor como sabelotodo. Dando como resultado la aceptación de un ambiente tedioso incuestionable, inconciente.
Creemos en la ronda que fomenta el encuentro con el otro, la negociación y reflexión juntos, la escucha, el debate, la construcción colectiva, la comunicación, la creatividad fomentada por el enriquecimiento de los aportes de los compañeros.
Apostamos a experiencias directas y entrelazadas. Reorganizando grupos, saliendo del aula, compartiendo cátedras y proyectos, saliendo de la escuela, volviendo al barrio. Haciendo teoría, teorizando la práctica.
Pensamos constructiva y colectivamente propuestas pedagógicas. Entre docentes y estudiantes, con otros docentes y estudiantes. intercambiando, interdisciplinando, articulando parejas y equipos pedagógicos. Planificando por proyectos participativos y desacartonados, narrados con sentido.
En resumen una narrativa que dé cuenta que junto con las certezas conviven las incertidumbres. Una narración que vaya posibilitando la construcción de la práctica futura a partir de decisiones tomadas y por tomar, de hipótesis y suposiciones, de fundamentaciones y propuestas.., en fin, una lógica que se va construyendo a medida que la escritura avanza y que se termina de construir a medida que la práctica se va desarrollando, “urdidores de sueños” En suma: la construcción genuina del significado.