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Resumen de ponencia
Un Grito en el Guetto Ñha. Una experiencia de realización documental desde la sociología visual.

*Jose Antonio Trejo Sanchez



Se presentará la propuesta metodológica que orienta la producción y realización de un documental en proceso que registra el origen y desarrollo del punk en el municipio de Toluca desde el punto de vista de sus participantes y adherentes más visibles y representativos, aunque reflexionado desde un punto de vista teórico-conceptual (dilema en torno a lo popular y lo masivo) que presentará el autor del proyecto.
Una vez realizada una investigación histórico-social acompañada de etnografías juveniles, es posible pensar en un documental que permita reconstruir la historia local del punk rock y el punk hardcore, como expresión y apuesta cultural de jóvenes que han basado su protesta y disidencia en el ámbito de su propia identidad local. Gracias a esta investigación se ha detectado informantes clave y protagonistas, más un primer stock de imagen que pueden orientar la producción y realización de un producto audiovisual de mayor envergadura como el documental.
Con la participación del autor en la convocatoria del FOCAEM (Fondo para la Cultura y las Artes en el Estado de México) en 2017, se da continuidad al un trabajo documental que dio inicio con la producción y realización de Rebeldes del Maguey donde es recuperada parte de esta historia juvenil subterránea en voces de los Orines de Puerco, integrantes e exintegrantes de esta banda musical que cultivan el “punk rock” en Metepec, Estado de México. Ahora daremos paso a un segundo proyecto, como una segunda parte de esta microhistoria audiovisual con la realización de un video documental para rastrear el origen y continuidad de dos bandas de punk más como la de Ñhu Boxte (Ayuda Mutua) en San Cristóbal Huichochitlán y San Andrés Cuexcontitlán y la de Desahogo Personal en San Pablo Autopan, pueblo otomíes del Estado de México.
Se presentará la experiencia de realización documental desde una metodología de corte cualitativa y enfoque proyectivo: donde el autor y los participantes presentan su visión sobre el movimiento punk referido a 25 años de su formación y desarrollo.
En particular, han destacado por su persistencia y creatividad, llamando la atención y obteniendo la simpatía de cronistas, periodistas, promotores culturales y otros grupos juveniles en el Valle de Toluca.
Escasamente entendido y enmarcado siempre como una derivación o mala copia de sus contrapartes anglosajonas y europeas, el punk mexicano acaso sea el movimiento juvenil contracultural más perenne. Desde las alturas y las visiones de intelectuales, artistas y académicos, todos provenientes del mundo de clase media urbano promedio en el país, no dejó de ser un episodio del desorden mexicano de fin de siglo. Quizá porque históricamente todavía es muy temprano para hacer su balance como un movimiento sociocultural.

Por otra parte, se considera la irrupción de una dignificación de la cultura matria o originaria, con fuertes raíces indígenas, que mediante la música encuentra una posibilidad de preservar lo propio y resignificarse como grupo social. Sobre todo ahora, que vivimos una situación social y política pos-zapatista, donde el referente político-ideológico del zapatismo en Chiapas, ha dejado de presentarse como central en la protesta social y la movilización colectiva, donde las voces disidentes quizá se encuentran en un ambiente más cultural y comunitario, sólo que ahora lo hacen a ritmo de reggae, rap, rock clásico o cumbia.
Desde hace más de dos décadas, integrantes de distintas comunidades indígenas decidieron difundir su propio mensaje y cosmovisión en sus lenguas originarias a través de ritmos que aprentemente nada tenían que ver con su cultura. Agrupaciones como El Venado Azul (huichol), Hamac Caziin (seri) o Sak Tzevul (tzotzil), pioneras en la fusión de su lengua indígena con géneros como la cumbia, el heavy metal o el rock, respectivamente, prepararon el terreno.
Ahora hay una efervescencia de grupos indígenas que buscan en ritmos modernos legitimar sus tradiciones. “Pareciera que una vez que los grupos establecen redes o nexos con el exterior a través de la música mestiza o de otros ritmos que no son los tradicionales, van a perder su identidad, pero es todo lo contrario: este tipo de negociaciones con el exterior les ayuda a reafirmar su múscia tradicional”, comenta Miguel Olmos, profesor e investigador del Departamento de Estudios Culturales del Colegio de la Frontera Norte.

“Una de las cosas que ha incidido en el debilitamiento de las lenguas indígenas sería la pérdida de contextos, es decir, no hay lugares, no hay situaciones, no hay momentos en los que se pueda hablar la lengua indígena. La música con su poder de convocatoria está creando nuevos contextos para que se desarrolle su lengua”, opina Francisco Barriga, doctor en Antropología Simbólica y especialista en la investigación de temas relacionados con la tipología de las lenguas indígenas americanas.

Este movimiento musical parte de lo indígena a lo mestizo y no al revés, dicen aquellos expertos, no es exclusivo del país, ya que se escuchan grupos que exponen su música en su lengua natal en toda América Latina, incluso, reconocen que son los pueblos estadounidenses y candienses los que tiene una buena y vasta tradición de música moderna en lenguas indigenas, nos relatan los periodistas consultados.




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* Trejo Sanchez
Centro de Investigación y Estudios Avanzados en Ciencias Políticas y Administración Pública. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Universidad Autónoma del Estado de México - CIPAP/UAEM. Tolúca, México