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Resumen de ponencia
Posconflicto, posverdad y política en Colombia

*Oscar Mauricio Pabón Serrano



La ponencia que a continuación se postula centra su atención en el análisis de los discursos, las dinámicas y las prácticas políticas afrontadas por la sociedad colombiana en el marco de un proceso electoral que se está llevando a cabo en el año 2018, en el cual se elegirán los nuevos integrantes del Congreso de la República y el Presidente del próximo cuatrienio. Está claro que dicha campaña electoral se está desarrollando en medio de dos notorios, mediáticos y conocidos referentes: el llamado periodo del posconflicto colombiano que resultó del proceso de paz adelantado entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia; y las estrategias [des]informativas conocidas como la posverdad.

Es oportuno señalar que el proselitismo y la política en general han tomado rumbos bien diferentes y preocupantes en el último lustro, la virulencia y deshonestidad es manifiesta en la propaganda política y en las campañas mediáticas de quienes buscan acceder a los cargos de poder gubernamental. En Colombia, al igual que en parte de la escena estatal internacional, la estrategia comunicacional conocida como “la posverdad” viene iluminando el panorama de algunos partidos y líderes políticos con amplísima incidencia en la opinión pública. Dichas estrategias comunes en la actual “sociedad digital” que atestigua la inmensa expansión de la redes y de la denominada web social que permite un intercambio más dinámico de los contenidos que circulan por internet, merecen ser analizadas y estudiadas desde la perspectiva de las Ciencias Sociales.

En la actualidad existe un interés oportunista y perverso en reforzar las mentiras o los llamados “hechos alternativos” como eufemísticamente se les nombra a los episodios de la posverdad, los réditos políticos de estas estrategias asociadas a la manipulación y desinformación son indiscutibles. Aquí no basta sino recordar cómo a partir de una campaña de difamación e insidia, la denominada ultraderecha colombiana logró imponer el NO en el plebiscito organizado en octubre de 2016 para consultar sobre la favorabilidad del acuerdo final firmado entre el gobierno y las FARC-EP. Después de muchos gajes y maniobras políticas y jurídicas, los acuerdos surgidos de este proceso de paz se han implementado gradualmente, destacándose en el cronograma trazado por las partes el inicio de las labores de la Justica Especial para la Paz y la participación política de los desmovilizados en el actual proceso electoral. Así las cosas, podría afirmarse que de alguna forma Colombia inició el andar por el periodo conocido como el posconflicto, del cual se habló tanto en todos los ámbitos del trasegar nacional; está claro que Colombia atraviesa tiempos decisivos de amplia tensión e incertidumbre, de transformaciones que asustan a parte de la élite y los grupos de poder beneficiados por un conflicto que duró más de 6 décadas, siendo estos sectores los que más impulsan y se sirven de las mentiras que urden y viralizan.

Es innegable que la mentira es la pulsión que atraviesa la historia política de la humanidad, que mentir con fines políticos –o mentir en general– no es ninguna novedad; sin embargo, la actual e intensa fuerza de la posverdad debemos entenderla en un contexto social donde la internet rompió todos esquemas tradicionales de la comunicación y la información, donde las personas se postran y siguen el poder desbordado de las redes sociales, y donde cualquier cosa o estupidez puede viralizarse. Vale subrayar la conclusión que lanzó Emilio Díaz cuando escribió sobre la posverdad y las mentiras políticas en el “Diario de Sevilla”, afirmando que la solución a todos estos cuentos y engaños que ahora los ingleses llaman post-true está en la participación directa de los ciudadanos en la política. En sus palabras, “el monumento de los populistas norteamericanos a la mentira en política alcanza tal desfachatez que sólo nos quedan dos salidas: o nos ponemos las pilas, o nos ponemos a temblar”, pues aceptar la mentira como el principal recurso intelectual de los políticos plutocráticos que intentan gobernar un país supone aceptar el fin de la democracia.

Un efecto concreto y muy perjudicial de los trucos mediáticos inspirados en la posverdad es la generalización de la desconfianza entre las personas, y no solo estamos hablando de la desconfianza en temas políticos o electorales, pues todos los días vemos como la charlatanería, la desinformación y las mentiras relacionadas con asuntos científicos, culturales, idiosincráticos, comerciales, deportivos, médicos y hasta faranduleros, circulan por los medios de comunicación y las redes sociales. Es evidente que las puertas a las campañas de difamación están abiertas, las mentiras van y vienen en todas las direcciones y cualquier cosa puede ser el blanco, unas se lanzan desde el anonimato y otras directamente por los líderes de opinión, unas intentan formar imaginarios sobre escenarios futuros llenos de incertidumbre y otras socaban de frente la integridad ética de las personas. Además, las leyes o normas de control se quedaron cortísimas para la contención de este fenómeno.

Como bien lo señaló Jesús Martín Barbero, es sugerente afirmar que atravesamos por una mutación, un tiempo donde casi todo se transforma, la política, la cultura y la sociedad como tal. En medio de dichos cambios, la posverdad está indicando “un cierto estado de ánimo del mundo por la pauperización de la política”, así como los medios están fallando al no saber cómo contar lo que acontece en el mundo actual, hechos sobre todos complejos y difíciles de explicar, como por ejemplo el asunto del terrorismo. Suena extraño, pero en la sociedad de la información y la comunicación la prensa y los demás medios están en crisis; la información ya no se diferencia de la publicidad en el mundo occidental, a los periodistas les hace falta estudiar, investigar y contextualizar la noticia, para que no terminen cayendo en el juego maniqueo de la polarización de la sociedad. Barbero indicó que la solución a estos males de la comunicación y la información está en que los medios y la gente sepan contar su propia historia, algo así como un proceso de memoria individual y colectiva en tiempo real y aprovechando el alcance ilimitado de las redes.

En definitiva, la formación en cultura política se enfrenta a grandes retos y desafíos en la era de la posverdad, la postración mental en la que muchos se encuentran por efecto de las nuevas tecnologías y el uso inmediatista de las redes sociales representa uno de esos obstáculos, sumándose a esto –en el caso colombiano– una tremenda polarización política basada en la desinformación y causada por la animadversión hacia el proceso de paz con la guerrilla de las FARC. Estos aspectos hacen que los colombianos sean presa fácil de la manipulación. Además, el escenario empeora en un contexto nacional casi que de total desconocimiento de los procesos históricos y de memoria, donde la mayoría ignora las complejas vicisitudes sociopolíticas que han forjado estos tiempos presentes.




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* Pabón Serrano
Grupo de Investigación en Desarrollo Humano. Departamento de Humanidades. . Departamento de Humanidades. Universidad Santo Tomás - GIDH - USTABUCA. Bucaramanga. Santander., Colombia