Introducción:
Las políticas culturales cubanas desplegadas en el período 1959-1969, una vez instaurada la Revolución, pueden pensarse a partir de la creación de diferentes espacios que permitieron una heterogénea conformación de expresiones artísticas. Las mismas, no sólo contaron con diferentes organismos creados luego del abierto reconocimiento de la necesidad de producir políticas culturales pedagógicas, abarcadoras e inclusivas sino que fueron pensadas y dirigidas por el gobierno y Estado revolucionario.
En otras palabras, las políticas culturales (literatura, cine, pintura, música, baile, etc.) fueron concebidas como un eje central a la hora de pensar el profundo proceso de cambio político en la sociedad cubana.
En este proceso debe mencionarse la vasta creación de organismos centralizados (entidades gubernamentales que responden a la organización política del gobierno ) y organismos autónomos o descentralizados (sin formar parte del aparato político gubernamental pero sí financiados por él), como el Instituto Cubano de Cine, la Casa de las Américas, el Consejo Nacional de la Cultura, entre otros, que permitieron la creación, publicación y difusión de expresiones artísticas diversas que nunca antes habían tenido un lugar central en Cuba; sin embargo, las polémicas y tensiones entre diferentes visiones, orientaciones y concepciones de los organismos, sus conducciones y los intelectuales no han sido pocas y deben tenerse en cuenta a la hora de analizar y pensar la puesta en marcha de este giro cultural como constitutivas del proceso.
Como resultado de estas afirmaciones iniciales, este trabajo se propone analizar la relación entre organismos centralizados y organismos descentralizados a la hora de pensar las políticas culturales que, como se plantea en forma de hipótesis, fueron profundamente heterogéneas y estimulantes para el desarrollo de diferentes tendencias artísticas que nunca antes habían tenido oportunidad de discutirse abiertamente en el país.
Para ello, se explicitarán diferentes expresiones y programas producidos por los organismos y las tensiones que surgieron con cierta estructura de los mismos y los artistas en el (valeroso) intento de crear una institucionalización de una cultura revolucionaria.
Puntualmente, el trabajo se centrará en describir y analizar, a grandes rasgos, las propuestas llevadas a cabo por la Casa de las Américas, el Consejo Nacional de Cultura y, con especial hincapié, en las producciones y polémicas del Instituto cubano del Arte e Industria Cinematográfica.
Objetivos de la ponencia:
La monografía se propone analizar con precisión el despliegue de una nueva institucionalidad cultural en Cuba a partir del triunfo revolucionario de enero de 1959. Intenta centrar su mirada en los rasgos constitutivos de sus organismos más emblemáticos del primer período: Casa de las Américas, ICAIC y CNC; y aborda trascendentales polémicas suscitadas entre miembros del ICAIC, integrantes de Lunes de Revolución y funcionarios ligados al ala ortodoxa del movimiento revolucionario, sin olvidar los postulados del liderazgo político.
A partir de un correcto uso de las fuentes y del corpus crítico, intenta inquerir en la heterogeneidad que formó parte de la peculiaridad del proceso cultural cubano en los primeros años de la Revolución a raíz de la coexistencia polémica de corrientes y tendencias estéticas e intelectuales, así como en la centralidad otorgada a la cultura durante la construcción de una nueva sociedad de carácter socialista por parte del liderazgo revolucionario, lo cual conllevó a la búsqueda de una institucionalización de la cultura cubana, política absolutamente antagónica a la pre-revolucionaria.
Desde esta perspectiva, se aborda la manera en que se intentaron conjugar conceptos tales como libertad, creatividad, autonomía e institucionalidad, así como también la novedosa articulación entre centralización y descentralización a la hora de pensar la práctica de organismos gubernamentales y espacios autónomos pero igualmente estatales.
Durante la monografía se propone realizar un hábil manejo de la bibliografía, a la que se aporta una serie de lecturas y focalizaciones que complementan a la perfección la propuesta.
Se intenta demostrar, a su vez, un profundo conocimiento sobre la problemática presentada, lo que permite oír una voz crítica -establecida en criterios particulares y en interrogaciones abiertas a lo largo de todo el trabajo y en la conclusión- a medida que se propone estudiar la temática y examinar las polémicas culturales de los primeros años de la Revolución. Con ello, se trata de evitar el tratamiento meramente arqueológico sobre el tema, para trazar una mirada que discute nuestra labor en el presente, el papel del Estado en la producción y desarrollo cultural de una sociedad y la articulación entre producción intelectual y recepción popular, todo a través de herramientas que encuentra en la práctica cultural de la Revolución Cubana.