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Resumen de ponencia
Las monedas sociales y complementarias como instituciones necesarias para la promoción de “otra economía”.

*Ricardo Orzi



En la actualidad, el dinero se configura como una institución central en nuestras vidas.
A partir del proceso de mercantilización creciente de nuestras economías -el cual continúa operando-, todas nuestras necesidades se satisfacen a través del sistema de compra-venta de mercado, intermediado por dinero. Hoy todo es mercancía, y por lo tanto compramos todo lo que consumimos. La moneda y el crédito se han vuelto imprescindibles para nuestro día a día.
Vivimos en una ‘sociedad de mercado’, como plantea Polanyi (1992, [1957]), donde tanto la moneda papel acuñada por los Bancos Centrales, como la moneda electrónica emitida a través de la creación secundaria de dinero por los bancos comerciales, son el medio necesario para adquirir los bienes que consumimos.
El dinero intermedia en nuestras transacciones y nos permite valorar las mercancías. A través de él, adquirimos bienes y servicios, pagamos nuestras deudas, atesoramos riqueza. Sin embargo, es una mercancía sobre la que no tenemos control, ya que son los Estados Nacionales -en el mejor de los casos- quienes deciden, cuánto dinero habrá en circulación cada día.
Sin embargo, hoy, el propio Estado se ha convertido en un control poco confiable de la emisión y la regulación del dinero bancario, como lo demuestran las últimas crisis provenientes de burbujas financieras , con las consecuentes crisis ciudadanas, de las cuales la iniciada en 2008 mantiene, hasta hoy, a países de la Unión Europea (España, Portugal, Grecia, etc.) en un estado de compromiso sistémico, que pone en cuestión al sistema financiero mundial y deja en jaque a grandes porciones de la población, las cuales perdieron sus empleos y están hipotecadas al punto de perder sus viviendas.
El monopolio de la emisión y el control de la circulación de la moneda, ejercido hasta hoy por los Bancos Centrales, se ha mostrado desprovisto de herramientas para controlar estos excesos del sistema financiero concentrado y para asegurar la circulación monetaria en los sectores populares, allí donde a moneda siempre se torna escasa. Los controles de los bancos centrales han sido sobrepasados, por la creciente incertidumbre y volatilidad de las monedas y el crecimiento exorbitante de los mercados financieros.
Recordemos que la moneda oficial responde a los imperativos de su origen: Estados Nacionales que necesitaban afianzarse en un sistema capitalista que atravesaba sus primeras fases del desarrollo. Por lo tanto, es una moneda que reproduce los principios que estructuran el capitalismo: una moneda que promueve el paradigma del crecimiento permanente (en un mundo que hoy ya reconocemos como limitado), la prevalencia de la práctica de la competencia por sobre la cooperación, y el modelo de una sociedad compuesta por individuos que sólo buscan su satisfacción personal (Lietaer, 2005).
En este contexto, vemos resurgir en Europa a las monedas complementarias y sociales, monedas creadas por una comunidad que ha decidido ejercer su poder ciudadano y generar un medio de cambio y de pago allí donde la moneda oficial resulta escasa, evitando que las crisis acaben con sus economías locales.
Ya en 2013, existían en Francia alrededor de 15 experiencias de monedas locales/complementarias/sociales y en España otras 25 (Orzi, 2013), en Grecia esta efervescencia de monedas ciudadanas se replicó a partir de la fuerte crisis y las imposiciones –siempre pro-cíclicas- de los organismos internacionales .
En la actualidad, intelectuales alternativos -especialistas en los temas financieros- recomiendan una salida para la crisis griega a partir de la creación de una moneda complementaria al Euro (el ‘euro-drachma) que le permita dinamizar su economía . (Ver, Theret, Coutrot, Kalinowski, 15 de marzo del 2015, http://www.liberation.fr/monde/2015/03/15/l-euro-drachme-ballon-d-oxygene-pour-la-grece_1221089).
Como en la Argentina del período 1998-2002, las monedas sociales tienen hoy en Europa un gran despliegue, y a través de este medio de circulación complementario, se evita que las finanzas locales entren en una crisis mayor y se incrementa el nivel de transacciones en economías ahogadas por el Euro.
Pero esta idea no es nueva. En el mundo y en la historia han existido un sinnúmero de sistemas de monedas locales que en períodos de crisis han actuado contra-cíclicamente y han permitido a comunidades locales organizadas, palear y hasta evitar que las crisis los desahuciaran.
En la mayoría de los casos, estas monedas ciudadanas han sido reabsorbidas -luego de la crisis- por los Bancos Centrales, los cuales retornan a ejercer su soberanía monetaria y el monopolio sobre la emisión de la moneda al final del período de recesión.
Pero algunas de estas experiencias han sobrevivido. Son prácticas que atraviesan con fortaleza las crisis y continúan su camino aun en épocas de auge, generando acciones micro-locales que construyen un entramado social les permiten seguir funcionando y creando sociedad.
Son experiencias que se sostienen en el paradigma del desarrollo local y desde lo local y los principios de ‘otra economía’, sabiendo que sus acciones redundan más fuertemente en la actividad de sus territorios, que el esperado derrame inducido por las políticas gubernamentales a nivel nacional.
Coraggio entiende por 'otro desarrollo’ a ‘la puesta en marcha de un proceso dinámico de ampliación de las capacidades locales de lograr la mejoría intergeneracional sostenida de la calidad de vida de todos los integrantes de una población, que incluye componentes económicos, sociales, culturales y políticos, sostenidos en la gestión participativa’. Estos son planteados no como prerrequisitos para el desarrollo sino como el desarrollo mismo. Desarrollar lo local, en el contexto mundial actual, resulta en una 'formidable base de acción colectiva para avanzar hacia otro desarrollo de la sociedad', y para dar fuerza desde las bases a la política nacional, considerando la necesidad de prácticas más democráticas y participativas, así como la necesaria etapa de aprendizaje que requiere llevar adelante este nuevo modelo. (En Rofman y Villar, 2006).
¿Qué ha sucedido?
La creación de un sistema monetario local permite generar circulante allí donde no lo hay, promueve un incremento del nivel de actividad en los territorios en los que circula, pero también genera ciudadanía, crea ciudadanos conscientes de que, a través de la creación y gestión de una moneda complementaria a la oficial, pueden incidir perceptiblemente en la realidad que les ha tocado vivir. Manejando su propio circulante, que incorpora sus propios valores, pueden resolver situaciones del día a día, así como contribuir al desarrollo de sus comunidades y asistir a la población local más necesitada.
En este sentido, el potencial pedagógico y emancipador de la creación de moneda social, así como sus resultados en términos de desarrollo local permiten pensarla como un importante instrumento de creación de ciudadanía, en búsqueda de una nueva política, para una nueva economía .
“Construir otra economía, otros mercados, otros sistemas de redistribución, otros estilos de reproducción, es, a la vez, construir otra sociedad y otra cultura, otra subjetividad. Por lo que la fórmula de Polanyi no puede aplicarse re-encajando la economía en esta misma sociedad excluyente, individualista, competitiva, posesiva de mercado. Ni esa tarea puede ser cumplida por esta política vaciada de sustancia. El papel de la política no es, entonces, meramente diseñar y gestionar buenas políticas sociales, más coherentes y exactas, más eficientes e inteligentes, menos reactivas y sectorialistas, ni meramente retirarse junto con el estado y pasar recursos a la gestión de un mercado de entidades intermediadoras. Su papel es pugnar por transformar la economía, la sociedad y la política, construyendo un nuevo poder social. En esto último vamos a concentrarnos” (Coraggio, 2009).

El objetivo de la ponencia es valorar los avances que han tenido las monedas complementarias y sociales en Argentina y en el mundo en las últimas décadas, entendidas como tecnologías que permiten a partir de una mejor circulación monetaria, facilitar el desarrollo de los emprendimientos de los sectores populares, habilitando el intercambio allí donde falta la moneda oficial, y generando un incremento de la actividad económica local. Paralelamente, se desarrolla una ciudadanía más plena, a partir de la creación de autonomía y solidaridad entre los integrantes de la comunidad de la que forman parte, así como de los emprendimientos asociados, y se rompe con el monopolio en la emisión de moneda creado por los estados nacionales en la modernidad. En este sentido, se conforma como una herramienta para el desarrollo local sustentable, en el sentido de la Carta de la Tierra (http://cartadelatierra.org/descubra/la-carta-de-la-tierra/).




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* Orzi
Instituto del Conurbano. Universidad Nacional de General Sarmiento - ICO/UNGS. Los Polvorines, Malvinas Argentinas, Argentina