Subordinación e inclusión de la riqueza minera marina a la lógica del capital
Como sacado de un cuento de ciencia ficción, el gobierno mexicano entregó una concesión minera, de más de 90 mil hectáreas, a una empresa estadounidense (Odyssey Marine Exploration) dedicada a la búsqueda de tesoros en el mundo marino. Esta concesión se entregó en medio del mar, por un periodo de 50 años, para extraer fosfato del fondo marino, a fin de ser destinados a fertilizantes. Cada año la empresa ha planeado extraer 7 millones de toneladas métricas de roca fosfórica, durante todos los días del año (las 24 horas del día), en la Bahía de Ulloa, en Baja California Sur. Para realizar esta extracción, propone utilizar un dragado de succión (como una gran aspiradora) que puede levantar varios metros de profundidad. El gran y grave problema, es que el gobierno entregó esta concesión en una zona de reserva natural, y en un territorio con un significado particular para los pescadores, cooperativas pesqueras (quienes ya tenían concesionado ese espacio para la pesca), prestadores de turismo, entre otros, quienes con un proceso organizativo, han logrado por el momento detener el avance de este proyecto que implicaría la muerte para diversos ecosistemas marinos y para los hombre y mujeres que viven del mar. Este hecho evidencia cómo el gobierno mexicano, contribuye a que el capital, sin ningún escrúpulo, subordine e incorpore (subsunción) cualquier espacio del planeta a su lógica de acumulación.
Sin embargo, esto no es exclusivo de México. Lo miso ocurre en otros países como en Papúa Nueva Guinea y Nueva Zelanda, en el continente de Oceanía; y en Namibia, en África. En estos países, los gobiernos nacionales, también han entregado permisos para extraer minerales de sus mares. En la primera nación, la extracción en el mar se centra en el cobre y el oro. No obstante, pese a que la empresa minera Nautillus Minerals, tiene la autorización del gobierno de Papúa Nueva Guinea para llevar a cabo un proyecto minero (Solwara 1), tiene proyectado desarrollar otros 18 proyectos adicionales. Esto significa que la extracción, de llevarse a cabo, sería de grandes dimensiones. Por su parte, tanto en Nueva Zelanda como en Namibia, al igual que en México, se pretende extraer fosfato para fertilizantes. En estos proyectos, se plantea que el futuro de la humanidad, en términos alimenticios depende que se extraigan los recursos fosfáticos. No obstante, no toman en cuenta que miles de hombres y mujeres dependen y viven de la mar. Es decir, su futuro está en función de estos territorios que hoy quieren ser colonizados por el capital, e incorporados y subsumidos a su lógica de acumulación.
Pero aunado a esto, diversos océanos del mundo, en espacios que ya no pertenecen al territorio de las naciones (en lo que se conoce como alta mar), que fueron declarados por la Organización de las Naciones Unidad como patrimonio común de la humanidad desde 1970, precisamente debido a que desde ese año se hizo publica la riqueza minera en los fondos de los océanos, hoy han sido entregados en contratos a diversas empresas mineras quienes realizan una intensa exploración a fin de explotar los minerales de dichos fondos marinos. La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, ha sido la responsable de “repartir” los océanos a naciones como China, Rusia, India, entre otros. Cabe indicar que en la zona de Clarión-Clipperton, localizada en el Océano Pacífico, y cuya costa y país más cercano es México, se han realizado 16 asignaciones de áreas para buscar nódulos polimetálicos (que contienen entre otros, manganeso, níquel, cobalto y cobre), abarcando una superficie de 1,223,502 de km2. Pero también se han entregado contratos en el Océano Índico, la Dorsal Mesoatlántica, el Océano Pacífico y el Océano Atlántico Sur, en donde además de buscarse nódulos polimetálicos, se busca sulfuros polimetálicos (contienen principalmente cobre, plomo, zinc, oro y plata) y costras de ferromanganeso (en las que se encuentra cobalto, titanio, níquel, platino, molibdeno, telurio, cerio y otros elementos metálicos poco comunes).
Esto apuntaría a que el capital tienen en la mira, colonizar y subsumir lo que los geólogos marinos, nombran como la última frontera virgen del planeta. ES decir, asistiríamos a una acumulación “originaria” de los mundos marinos y oceánicos en pleno siglo XXI.