En la actualidad, la existencia de la propriedad privada de la riqueza y su movimiento contradictorio en la realización del capital constituye no solo un punto de partida para entender la lógica de la producción capitalista del espacio en la ciudad sino las contradicciones sociales que la lucha por el espacio ha suscitado y que el mundo moderno a configurado como estrategia para superar las crisis urbanas. Como momentos se configuran así dos escenarios, a) una segregación socioespacial fundamentada en una sociedad de clases producto de la constante necesidad que tiene el capital de reproducirse para no fenecer, b) y las diferentes prácticas y acciones que desde el ámbito político y social se manifiestan y se construyen en torno al primer escenario.
Se develan entonces algunas prácticas que merecen una atención especial. La política pública como fundamento jurídico y normativo de un Estado capitalista y las resistencias y luchas sociales que emergen como contradicción para mejorar la calidad de vida de los que padecen la desigualdad. En ambas posturas, la consigna “el derecho a la ciudad” o “por el derecho a la ciudad” se torna base teórica del agente institucional y social para legitimar las diversas actividades y acciones en la ciudad. No obstante, y no siendo tarea fácil, para lograr una comprensión crítica de esta realidad urbana contemporánea es necesario preguntarnos ¿A qué o de qué “derecho a la ciudad” se está haciendo referencia? Para responder a esta pregunta es necesario traer a la discusión el discurso que la modernidad ha creado con la planificación urbana para “superar” las contradicciones capitalistas manifestadas en el espacio urbano, tomando como punto de partida el "derecho a la ciudad” para estructurar una ideología de ciudad con el objetivo de reproducir y administrar la segregación socioespacial bajo paradigmas urbanos. En este contexto, la ciudad como negocio se reproduce como valor de cambio con base en una estructura política que garantiza la circulación de capitales y el acceso diferencial a la ciudad sin superar la propia desigualdad, al contrario, la mantiene porque de ella depende la forma de poder dominado-dominante del cual el capitalismo se nutre como coautor de este modelo de gobierno para dirimir sus contradicciones en época de crisis.
La lucha por el “derecho a la ciudad” es así un proyecto ideológico del que ni los movimientos sociales se escapan. Como trampa moderna de un concepto tergiversado, el “derecho a la ciudad” se torna el derecho a la propiedad privada y por ende el derecho a los servicios como relaciones de troca de una figura jurídica del sujeto social cosificado. ¿Qué elementos debemos considerar para desvelar y superar esta trampa burguesa que nos trae un modo capitalista de pensar la vida urbana? Intentaremos partir de una mediación para abordar nuestro análisis, pues de ella, consideramos, parte uno de lo más grandes sofismas de la ciudad contemporánea, la Planificación Urbana como estrategia política, económica y social para presumir de un idea de ciudad que nunca llegará al conjunto de la sociedad.
Considerar esta mediación nos permitirá ir vislumbrando, en un primer momento, las características o rasgos que la ciudad moderna asume y posee en cuanto a mecanismos de reproducción y organización socioespacial para ir desvendando los elementos que configuran esta ideología de ciudad. Así, será necesario asumir el espacio como condición, medio y producto de la reproducción de la vida donde su instrumentalización adopta una forma jurídica para racionalizar, a través de la norma, las diferentes prácticas socioespaciales de los sujetos y grupos como estrategia para el uso, consumo y percepción del espacio urbano.
Con base en estas consideraciones, este trabajo pretende rescatar “el derecho a la ciudad” anunciado por Henri Lefebvre como una crítica radical a la actual realidad urbana tomando en cuenta su uso ideológico y las estrategias modernas para mantener un proceso de acceso desigual a la ciudad en su forma tanto abstracta como concreta y en la cual se sustenta una sociedad de clases como condición necesaria para su reproducción social dentro de una lógica capitalista del ser.