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Resumen de ponencia
La actualidad del Estado nacional en la era de las gobernanzas. El dilema del Mercosur

*Gustavo David Cardozo Santiago



«La época de la estatalidad toca ahora a su fin» . Esta contundente sentencia se encuentra en los primeros compases del prólogo de Carl Schmitt, del año 1963, a su ya clásica obra El concepto de lo político (1932). Como si de un epitafio se tratase, el jurista alemán marca el quiebre de una profusa etapa de sus reflexiones y, al mismo tiempo, señala el fin de una era histórica que identificó al Estado nacional como sustrato último de todo análisis político, jurídico y económico.

Conviene a los fines de nuestra exposición, antes de proceder a vanas autopsias que, por otra parte, se realizan por doquier y desde las perspectivas ideológicas más dispares entre sí, precisar – aunque más no sea, de forma esquemática- la noción de Estado de Schmitt (2009):

“El Estado es el status político de un pueblo organizado en el interior de unas fronteras territoriales. (…) El Estado representa un determinado modo de estar de un pueblo, esto es, el modo que contiene en el caso decisivo la pauta concluyente y por esa razón, frente a los diversos status individuales y colectivos teóricamente posibles, él es el status por antonomasia.” (p. 49)

El Estado, en tanto que unidad esencialmente política, es el agente que puede arrogarse con plena legitimidad la decisión última dentro de los confines del territorio nacional que administra, lo que - en el caso extremo- lo habilita a suspender el orden constitucional sobre el que se levanta la normalidad necesaria para que el derecho sea efectivo. De manera análoga, por su condición de soberano, el Estado tiene potestad para declarar la guerra al «enemigo» exterior. Tanto al interior como al exterior de sus fronteras, lo que caracteriza al Estado es ser el portador jerárquicamente legitimado del monopolio de la decisión política, que se ejercerá siempre en virtud de la conservación de ese pueblo organizado del que el Estado no es sino su «status» por antonomasia.

Realizadas estas breves precisiones sobre la concepción del Estado en la teoría del jurista alemán, cabe preguntarse: ¿qué elementos de la estatalidad son los que tocan a su fin en nuestros días? A medio camino entre el concepto y la metáfora, corresponde afirmar que lo que claudica en el presente es la noción de frontera como trazado de demarcación rígida. Esta declinación no debe entenderse meramente en un sentido teórico, sino también en el marco espacio-temporal en el que tienen lugar las relaciones políticas internacionales.

Desde el punto de vista teórico, estamos ante un escenario renovado: en tanto que claves de inteligibilidad de lo político, las fronteras claras y distintas que operaron con éxito en un pasado no muy lejano (interior-exterior, guerra militar-guerra civil, jurídico-político, etc.) parecen haber perdido su fertilidad explicativa. Esto no supone el abandono de estos pares delimitadores en el anaquel de los conocimientos anticuados, sino la obligación intelectual de tomarlos como nociones borrosas que han de ser conjugadas con herramientas interpretativas de nuevo cuño para poder pensar el presente .

Si analizamos el asunto desde una mirada geopolítica, percibimos con claridad el actual desdibujamiento de los trazados fronterizos que, durante «los treinta años gloriosos» de la expansión económica de posguerra, favorecieron la primacía de los Estados nacionales como interlocutores válidos y casi excluyentes en las relaciones internacionales. La ruptura de la armonía – tal vez más explicativa que material- entre Estado nacional, economía nacional y sociedad nacional, ha permitido lo que Collinge (1996) define como la «relativización de la escala», esto es, la proliferación de nuevas escalas que apuestan por redimensionar las relaciones políticas, económicas y sociales sobre un nuevo paradigma organizativo que, a su vez, se funda en una renovada concepción espacio-temporal.

Al adoptar como premisa de esta exposición al fenómeno de la «relativización de la escala», nos separamos de posiciones que sostienen que lo acontecido tras el debilitamiento del modelo productivo fordista – en lo económico- y de los Estados Keynesianos– en lo político-, sea un mero desplazamiento de la frontera, desde lo nacional a lo global y, por consiguiente, una transferencia del lugar de la soberanía, desde los estados nacionales –fundamentalmente las potencias imperiales-, hacia un no-lugar del mando, esto es, una dirección «descentrada» y «desterritorializada» que habría propiciado que el imperialismo deviniera «Imperio» . Sostenemos, por el contrario, que la propia escala – lo local frente a lo global, lo regional frente a lo nacional, lo nacional ante los organismos supranacionales, etc.- es lo que se encuentra en disputa en estos momentos. Asistimos a una proliferación de luchas desde distintos ámbitos (movimientos sociales, administraciones locales, organismos supranacionales, bloques comerciales, clubes de inversores, etc.) que se hallan discursiva y materialmente pugnando por la consolidación de una nueva escala que sustituya hegemónicamente a la menguante -pero aún no completamente reemplazada- escala nacional. De modo que, desde nuestra perspectiva, el «Imperio» no es más que uno de los litigantes en esta batalla de agrimensores.

Esta ponencia intentará abordar las vías de pervivencia del Estado nacional dentro del nuevo paradigma espacio-temporal que ha traído consigo la mentada «relativización de la escala», atendiendo especialmente al rol que el Estado como unidad política ha de desempeñar en la era de las gobernanzas. Con esta finalidad, tomaremos el caso del Mercosur y analizaremos la conflictiva relación del bloque regional con las diferentes escalas.




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* Cardozo Santiago
Centro de Estudos Multidisciplinares em Cultura. Universidade Federal da Bahia - CULT/UFBA. Salvador, Brasil