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Resumen de ponencia
Ser niña, indígena y migrante. Curso de vida y agencia en contextos sociales signados por la violencia de género y la desigualdad. El caso de una niña tzotzil originaria de los Altos de Chiapas

*Sarai Miranda



La niñez y la adolescencia en el mundo enfrenta un sinnúmero de problemáticas tales como la pobreza, la desigualdad, la violencia y la discriminación. La extensión y profundización del modelo económico basado en las economías abiertas y la competencia comercial a escala global ha significado una importante disminución del papel del Estado de Bienestar, con lo que ha disminuido el papel de los estados como proveedores de servicios básicos como la salud y la educación, lo que se traduce en un aumento considerable de población con carencias materiales.
Las niñas, los niños y los adolescentes son parte de la población considerada como vulnerable frente a las crisis económicas, los incrementos de los niveles de marginación y la profundización de los mecanismos violentos de control social. En México, las estimaciones más recientes dan cuenta de que para el año 2014 uno de cada dos NNA era pobres, en tanto que uno de cada nueve era pobre extremo (CONEVAL y UNICEF, 2014). Estas cifras muestran que la mitad de la población de 0 a 17 años no cuenta con las condiciones básicas para acceder a la alimentación, la salud, la educación y los servicios básicos (CONEVAL y UNICEF, 2014).
Dicha situación se profundiza cuando se trata de NNA que hablan alguna lengua indígena, pues 90.8 por ciento de ellos se situó en condición de pobreza, porcentaje que supera por mucho a quienes no reportan hablar lengua indígena con 60 por ciento. Adicionalmente, se observa una importante diferencia de NNA pobres según región y entidad federativa, las estimaciones del CONEVAL revelan que Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Puebla son las entidades con mayor incidencia de niñez y adolescencia en pobreza con 82.3, 72.6 y 72 por ciento respectivamente, frente a Nuevo León con 24.9 por ciento y Baja California 34.9 por ciento (CONEVAL y UNICEF, 2014).
El estado de Chiapas es la entidad que ha mostrado mayores rezagos sociales desde larga data, la mayoría de la población que habita a lo largo del territorio chiapaneco cuenta con escaso acceso a las condiciones mínimas para el logro del bienestar, pero además experimenta día a día la persistencia de la discriminación por la vía de la clase, el género y la etnia, lo que abona a la profundización de la vulnerabilidad social.
Los niveles de pobreza y los rezagos sociales no se viven de la misma forma en cada grupo social, ni en cada etapa de la vida. Las vivencias de las niñas y las adolescentes adquieren matices ya que además de la edad, las discriminaciones que las afectan se verán influenciadas según su condición de clase o de origen étnico. Además de las desventajas en los indicadores de educación y salud, existe conocimiento de algunas condiciones de subordinación a partir del género y la edad que perpetúan la transmisión generacional de desigualdades. Se sabe por ejemplo que en las comunidades indígenas hay una práctica extendida de matrimonios forzados que obligan a las niñas y las adolescentes a contraer matrimonio desde cortas edades a cambio de pagos en dinero o en especie (Rosagel, 2014).
Pese a ello, las niñas y las adolescentes toman decisiones y ejercen la agencia. Asimismo, despliegan estrategias para hacer frente a las desigualdades de poder cotidianas que enfrentan en el día a día. Este artículo versa sobre la trayectoria de una niña indígena tzotzil de la región de los Altos de Chiapas que en un contexto familiar y comunitario marcado por la desigualdad y la violencia, ha logrado hacer uso de sus recursos individuales para cambiar el curso de su vida. El objetivo general es describir las diversas estrategias que la niña despliega a lo largo de su curso de vida e identificar los recursos que le han permitido ejercer la agencia para salir de algunas situaciones de violencia y discriminación.
El acercamiento a esta problemática se realiza desde dos esquemas teórico conceptuales, por un lado se revisa la perspectiva del curso de vida y por el otro se complementa con la perspectiva de la interseccionalidad con el fin de dar cuenta de las diversas dimensiones y categorías sociales tales como el género, la clase social, el origen étnico y la edad, que impactan sobre el acceso a los recursos y las oportunidades materiales y sobre la forma en que se experimentan las violencias.
La aproximación metodológica que se utiliza es el enfoque de los relatos de vida, en donde se exponen ciertos fragmentos de las trayectorias experimentadas que integran una narrativa completa (Dávila, 2002). Las narrativas de vida en el caso de las niñas y las adolescentes indígenas aunque cortas son ejemplos contundentes que posibilitan una lectura e interpretación de aspectos clave para la comprensión de los efectos de la estructuras sociales y la tensión que se experimenta al ejercer la agencia.
Para este análisis, se ha seleccionado la narrativa de una adolescente indígena tzotzil de 17 años originaria de la región de los Altos de Chiapas. La chica seleccionada migró y se incorporó al trabajo doméstico en la ciudad de San Cristóbal de las Casas a los 12 años de edad. La experiencia de esta adolescente lejos de que se le considere desde lo único como cualquier discurso particular, se le considera más bien desde su singularidad social en términos de su experiencia como un sujeto con un curso de vida que transita en los intersticios entre la violencia, la migración y el mercado de trabajo local. En este sentido, se entiende “la singularidad como el cruce entre lo particular de una biografía y lo social, es decir, la forma que toma lo social cuando es apropiado por un individuo” (Lindón, 2003: 339).
En realidad, lo que se busca es leer un contexto social que se presenta en este relato pero que podría estar presente en muchos otros casos de niñas y adolescentes indígenas y migrantes. La herramienta de las narrativas brinda la ventaja de que en los casos estudiados y seleccionados es posible entrever un contexto social de sentido, en el que las narrativas particulares seguramente coinciden y están presentes en muchas otras (Lindón, 2003), lo cual aporta rigurosidad metodológica y científica al análisis.
Se parte del reconocimiento de que las niñas y las adolescentes indígenas originarias de la región de los Altos de Chiapas habitan un mundo lleno de dificultades de orden estructural y que sus respuestas y actuar cotidiano responden a una compleja combinación entre lo social y lo individual, pero al mismo tiempo se propone abandonar una postura adultoscéntrica que niegue la capacidad individual para practicar y ejercer la agencia y la autonomía.
Bibliografía
CONEVAL y UNICEF (2014), Pobreza y derechos sociales de niñas, niños y adolescentes en México, México.
Dávila, O. (2002), “Biografías y trayectorias juveniles”, en Ultima Década, núm. 17, septiembre, Centro de Estudios Sociales Chile.
Lindón, A. (2003), “La precariedad laboral como experiencia través de la narrativa de vida” en Gaceta Laboral, vol. 9, núm. 3, septiembre-diciembre, pp. 333-352. Universidad de Zulia, Venezuela.
Rosagel, S. (2014), La venta de niñas y las bodas arregladas son comunes en Chiapas, disponible en http://www.sinembargo.mx/17-03-2014/933729, fecha de consulta 2 de marzo de 2018.




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* Miranda
El Colegio de la Frontera Sur - ECOSUR. Chiapas, México