El modelo de cuasimercado educativo instalado durante la dictadura en Chile es reconocido internacionalmente por la introducción de una lógica de funcionamiento neoliberal (Verger, Bonal y Zancajo, 2016). Este modelo se sustenta en cuatro pilares descritos por Assaél et al. (2011): a) rol subsidiario del Estado que resguarda la libertad de enseñanza; b) sostenedores privados como administradores de establecimientos; c) sistema de subsidios portables por estudiante o voucher; y d) privatización del sistema de educación superior.
Las políticas educativas post dictatoriales no han cambiado sustantivamente los pilares del modelo que, además, se han ido fortaleciendo a través de mecanismos asociados a modelos de gestión managerial (Sisto, 2012). Entre estos mecanismos se encuentran evaluaciones estandarizadas de tipo censal, énfasis en resultados y competencia entre escuelas (Verger, et al., 2016). El modelo de gestión que se prescribe a las realidades escolares se relaciona con criterios gerencialistas, con la instalación de estándares de calidad desde la institucionalidad de nivel macro, con la rendición de cuentas y con la medición constante de resultados, principalmente de los logros de aprendizaje de estudiantes (Sisto, 2012).
Un instrumento clave para este modelo ha sido la instalación del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE), aplicado a estudiantes de forma censal. El SIMCE mide resultados de aprendizaje en algunas áreas del currículum, y sus resultados se presentan por escuela y se publican para proveer información a los padres sobre la calidad de los centros educativos (Carrasco, 2013). Al mismo tiempo, ha adquirido un rol central como indicador de efectividad de las escuelas, responsabilizándolas por los resultados de los estudiantes (Acuña, Assaél, Contreras y Peralta 2014).
Las consecuencias en el ámbito pedagógico de esta política son múltiples. En la investigación que aquí reportamos intentamos caracterizar las prácticas pedagógicas dentro de aulas a través de un estudio etnográfico en tres escuelas municipales (públicas) de Santiago de Chile. El estudio incluye entrevistas con actores de las escuelas y del nivel intermedio del sistema educativo, talleres con estudiantes, observaciones de actividades y vida cotidiana y registros de aula en los cursos de 4º básico de las clases de Lenguaje y Matemática, curso y áreas del curriculum que son medidos sistemáticamenete por el SIMCE.
Los principales resultados muestran que las prácticas de aula están condicionadas a la instalación de políticas de rendición de cuentas, respecto a cobertura curricular y resultados SIMCE. Como aspectos más o menos transversales en las tres escuelas, se encuentran:
i) Reducida atención a los conocimientos previos de los estudiantes. Esto se produciría por las exigencias que recibe el docente Especialmente porque se manifiesta la necesidad de cubrir los contenidos del currículum centralizado a un ritmo que parece no responder a las características y necesidades individuales de los estudiantes.
ii) Quiebres en los diálogos entre docente y estudiantes. Muy ligado al punto anterior, se observa en general que en los diálogos se privilegia avanzar con rapidez en los contenidos prescritos por sobre el monitoreo del aprendizaje individual, las opiniones e, incluso, las respuestas de los estudiantes ante preguntas realizadas por las docentes.
iii) Predominio de evaluaciones de aprendizaje sumativas. Estas evaluaciones apuntan principalmente a preparar a los estudiantes para rendir la prueba SIMCE.
Si bien hay aspectos transversales en las prácticas pedagógicas de las tres escuelas, también hay algunas diferencias, especialmente en los medios utilizados para realizar las clases y el énfasis en el apoyo entre pares para el aprendizaje. Sólo en una de las tres escuelas fue posible observar que se utilizan medios tales como pizarras individuales y juegos. En parte, esto podría entenderse por los escasos recursos disponibles en los establecimientos. Algo similar ocurrió con el trabajo colaborativo entre pares que sólo se pudo observar de manera aislada en una sola escuela que contaba con una profesora de apoyo permanente en las clases lenguaje y matemática.
Finalmente, es posible apreciar que las prácticas pedagógicas en las aulas de las escuelas estudiadas están condicionadas por las políticas educativas especialmente las políticas de evaluación del aprendizaje estandarizadas. Por otro lado, y a modo de proyección, habría que seguir explorando las diferencias que se producen entre las escuelas que comparten las mismas condiciones y cómo es posible resistir en alguna medida en dichas condiciones.