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Resumen de ponencia
ociología, Filosofía y la defensa de la esencia nacional: Reflexiones para la contemporaneidad a partir del Primer Congreso de Filosofía de Mendoza de 1946.

*Alexandra Tedesco




La presente comunicación tiene el objetivo de retomar algunas consideraciones acerca del Primer Congreso de Filosofía de Mendoza, ocurrido en 1946, para repensar algunas de las tensiones disciplinarias que envolvieron la filosofía y la sociología en la elaboración de un punto de vista conservador sobre la función ontológica de la idea de Nación. Esta discusión es bastante actual cuando tomamos en consideración el no superado retorno a categorías esencialistas en las discusiones contemporáneas sobre el tema. En ese contexto (la década del 1940) la sociología no era una disciplina institucionalizada en Argentina. La filosofía, por otro lado, era la disciplina hegemónica en el campo intelectual. En común, ambos modos de pensamiento se sostenían a partir de la filiación a los ensayos de identidad nacional. La sociología, a partir de los ensayos de identidad (o de 'filosofía social') y la filosofía, entonces informada por las discusiones del existencialismo alemán, se constituían en dos plataformas del discurso nacionalista, notadamente en la ocasión de la intervención de las universidades por el régimen peronista .
El Congreso de Filosofía de Mendoza guarda una importancia sustantiva en el proceso de elaboración de las tesis que pretendo rastrear. Además de haber sido una de las primeras ocasiones en las que, tras la segunda guerra, intelectuales alemanes, franceses, estadounidenses y argentinos, entre otros, pudieron encontrarse, el Congreso representó una parte del esfuerzo del gobierno peronista por estimular un campo específico del mundo intelectual. La intervención efectuada en las universidades como la de Buenos Aires y del Litoral acabaron estimulando la ida de los intelectuales a instituciones extra-oficiales, como Institutos y revistas y, de ese modo, el evento en Mendoza sirvió como aglutinador y legitimador de algunas de las premisas que sustentarían, en los años siguientes, la política cultural del gobierno de Perón. Tanto la presencia de filósofos como Gabriel Marcel en cuanto a la ausencia de nombres como Martin Heidegger son puntos esenciales de la caracterización del evento: el discurso de clausura, del propio Perón, condensa de modo ejemplar las tendencias filosóficas que estaban en debate. Recuperando el elemento de la concreción y de la búsqueda por orígenes nacionales, el discurso del presidente tangencia los temas heideggerianos que son, también, prominentes en las conferencias.
La presencia de sociólogos es aún más reveladora del estado del campo intelectual. Aunque no era todavía una disciplina formal en la universidad argentina - hecho que ocurrió en 1957, tras el fin del peronismo, por iniciativa de Gino Germani y JL Romero - dicha presencia demuestra que las fronteras disciplinarias eran tenues y que, más que diferencias de método, se entrevía una comunión en el sentido de elaborar una narrativa ontológica para la nación argentina y para sus principales problemas. Las obras como las de Alfredo Povina y Tercera del Franco, por ejemplo, son ilustrativas de ese momento de retorno a las antiguas narrativas nacionales, que alocan el entendimiento de las tensiones de la década de 1940 en la recuperación de elementos históricos. Este llamamiento a la concreción de la historia, cuando es elaborado en clave identitaria, comulga las reflexiones de esos sociólogos con aquella de los filósofos inspirados en el existencialismo alemán. Es esa correlación, sustento, nos puede informar acerca de ese vasto repertorio de tesis que conforman el debate intelectual de aquel contexto.
El análisis de las tensiones y comuniones disciplinarias es, supongo, un método que permite conjugar tres esferas esenciales de los fenómenos intelectuales, a saber, sus embates cognitivos, sus dimensiones institucionales y, sobre todo, la atmósfera política y social en la que se forjan las definiciones del papel del intelectual. De este modo, las actas del Primer Congreso permiten observar de qué modo esas tensiones operaron dentro de las tesis de filósofos y sociólogos que participaron del evento así como, en tanto reflexión propositiva, de qué modo esas tesis compusieron el eje articulador de los debates de las humanidades en las décadas de 1940 y 1950. Con ello, se pretende recuperar históricamente los orígenes de los argumentos nacionalistas que, como pretendo sostener, imprimen a los debates contemporáneos las marcas de sus contradicciones y de sus filiaciones. Esta reflexión se apoya, en este sentido, en la relevancia de la historia para la comprensión y articulación de las demandas actuales acerca de las cuestiones de identidad, tan presentes en las discusiones contemporáneas sobre la Argentina y la América Latina en general.




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* Tedesco
Universidade Estadual de Campinas UNICAMP. Campinas, Brasil