El concepto de género logra instalarse como pensamiento hegemónico en el feminismo occidental en el marco de las derrotas de los movimientos sociales y las transiciones a las democracias formales en América Latina, desdibujando los debates sobre el trabajo, sus relaciones con el trabajo reproductivo y el aporte al valor del trabajo doméstico.
Planteamos aquí una crítica al extendido y omniabarcante concepto de género, asumido como la única explicación de toda opresión y explotación de las mujeres. Los cambios posibles en la subordinación de las mujeres como una modificación en la cultura, entendida ésta en su acepción más restringida; la preeminencia de los atributos biológicos que devela el carácter naturalista, y al fondo, esencialista de este concepto; el carácter ahistórico que no considera cómo cada época cambia también nuestras formas de relacionamiento sexual y de comprensión del mismo; la ausencia del análisis de la dominación colonial que cuestiona la imposición histórica de la lógica binaria de los sexos, son algunos de los elementos analíticos que ponen al género en cuestión.
Sostenemos que los seres humanos estamos insertos en una imbricación entre relaciones económico-sociales-coloniales y relaciones generizadas, donde obviamente, está comprendida la mujer como un ser social. Desde este enfoque nos parece relevante la categoría trabajo, en sus dimensiones ontológicas y también en su devenir en la etapa actual del capitalismo, donde la hegemonía del trabajo inmaterial crea nuevas formas de generación de valor, con consecuencias profundas para la sociedad en general, y en especial para las mujeres del sur.
Antes de plantear algunos elementos para una episteme feminista consideramos relevante interrogarnos sobre una cuestión vital política con la cual se confronta Foucault (2012, p. 32) en relación al género humano. Él explica, “se trata en esencia de una interrogación política en sentido amplio: ¿cuáles son las relaciones de poder que actúan en una sociedad como la nuestra?”. Si ésta es una cuestión central respecto al género humano, es pertinente preguntarse lo mismo respecto a las mujeres ¿cuáles son las relaciones de poder que actúan en el mundo en que ellas viven que impiden su emancipación? ¿Son éstas, relaciones puramente generizadas? En especial hoy, creemos que el debate teórico hace sentido desde la urgencia de reafirmar el carácter político crítico en el movimiento feminista y en el movimiento social en general.
La pregunta anterior contiene un núcleo gravitante de una cuestión que, para quienes suscriben este escrito, tiene mayor importancia que cualquier precisión conceptual, porque su respuesta está ligada a la necesidad de que el debate teórico esté conectado a una lucha política libertaria feminista y social.
Un enfoque general para este escrito, desde el cual nos interrogamos, es el pensamiento feminista descolonial, que cuestiona profundamente la invisibilización de las relaciones racializadas de dominio colonial que perviven tan profundamente en América Latina. Ello plantea la necesidad de reflexionar cualquier fundamento teórico y epistemológico dentro de sus condicionamientos históricos (De Soussa Santos, 2009; Rivera Cusicanqui, 2014), toda vez que cada época impone formas de pensamiento moldeadas por el entramado de relaciones de poder que se han construido.
Finalmente, consideramos indispensable en el análisis y crítica de los elementos teóricos respecto a la emancipación de las mujeres, atender al carácter histórico y social de las relaciones en que están/estamos insertas. En contraposición con el enfoque naturalista/culturalista del pensamiento centrado exclusivamente en el concepto de género, creemos indispensable considerar el ser social mujer y los elementos epistemológicos que lo sustentan, especialmente el trabajo, en su carácter ontológico e histórico.
La categoría trabajo es fundamental para analizar las relaciones económico, sociales y generizadas, tanto como principio constitutivo del género humano como en su devenir histórico, que posiciona al trabajo inmaterial y sus formas renovadas de expropiación del valor como características centrales.
El apartado reflexivo de este escrito está articulado por tres acápites centrales donde confrontamos nuestros enfoques con diferentes perspectivas teóricas del feminismo. En primer lugar hacemos un análisis crítico al naturalismo/culturalista que está en la base del concepto de género expandido en las últimas décadas; luego ponemos en discusión las identidades que se han constituido de manera fragmentaria en la práctica y en el debate social y feminista, así como la reposición de la propuesta de la interseccionalidad en este contexto; finalmente, hemos revalorizado la relación entre ser social mujer y trabajo, nexo ausente en los fundamentos del concepto género.