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Resumen de ponencia
Fenomenología de la violencia del siglo XXI en El Salvador: la juventud sin lugar

*Iván Francisco Porraz Gómez



La construcción de los jóvenes como categoría analítica y como campo de intervención institucional, desde donde definir las maneras de ser joven, es un hecho relativamente emergente en El Salvador: nace, como proyección futura, del marco político democrático definido en los Acuerdos de Paz (1992). No obstante, su representación como “amenaza social” se difumina casi de inmediato a éstos, cerrándose todo discernimiento que llevara a ponderar los marcos contextuales que los colocó en la sombra del hacer social y político, y con ello rehabilitar una categoría analítica y política que posibilitara la restitución de derechos y el sentido de “promesa” y de “conflicto” que encarna su naturaleza social y etaria, esto es, su “ubicación en el margen de una fase inicial de separación (de la vida privada de la familia) y otra de agregación (a la vida de adulto)” (Urteaga, 2011: 33 y 34).
Estos desaciertos plantean la necesidad de reconstruir el lenguaje y desmontar lo que está detrás de cada una de las palabras que configuran el campo semántico de la violencia, para, con la misma sencillez de las palabras otras, registrar una realidad que es lo que es, una construcción de poder. En términos llanos, entender la violencia en El Salvador exige cuestionar lo que el sentido común, político y mediático da por hecho, obviando o banalizando todo fundamento histórico-social. Sin la comprensión de esta violencia histórica y contextual, resulta incomprensible esa articulación entre violencia y jóvenes hoy hegemónica en El Salvador.
El acierto de que los jóvenes son los que su sociedad define como tal (Cruz, 1996) propicia la primera pregunta ¿qué son los jóvenes para la sociedad y las instituciones salvadoreñas? Sin ser sorpresa, se descubre la inexistencia histórica de un campo de estudios y de políticas propias para ese segmento etario definido como juventud. Se explica no sólo por la continuidad de la centralidad del mundo rural en las sociedades del sur, cuyo marco relacional e intersubjetivo compromete a temprana edad la incorporación de sus miembros a la reproducción familiar y a las responsabilidades comunitarias, sino, fundamentalmente, por el constructo particular de una sociedad que se insinuó “moderna” construida por la fuerza de una economía que impuso formas brutales de explotación y expulsión a la población nativa. En este trabajo se exploran los vectores básicos de la fenomenología de la violencia contemporánea en El Salvador, particularmente nos centramos en los jóvenes, y las representaciones que de ellos construyen las instituciones, la sociedad, y las que ellos mismos definen para sí y para los otros. Se sostiene que los jóvenes, como categoría analítica y normativa, encaran el desafío de su realidad: su construcción desde sí misma, “sin lugar”, pero sujeta a representaciones sociales, políticas y culturales, que los coloca como sujetos del mal, y a un pensamiento que analiza la violencia del siglo XXI bajo la premisa de tabla rasa con la violencia del siglo XX. Es objetivo de esta comunicación tensar estas representaciones desde el “habla” de los jóvenes que figuran su propio mundo, e irrumpen las representaciones e imágenes que reducen su existencia y sus representaciones juveniles, a las expresiones de las violencias de las pandillas.
Entender el significado y los sentidos de ser joven en El Salvador es el propósito de esta comunicación. Su estructura expositiva y analítica se organiza en tres apartados: el primero indaga sobre su constitución, desde sus expresiones y condiciones históricas y cotidianas, y desde los planos de las representaciones sociales e institucionales que les dota de concreción e idealidad. En el segundo, se analiza el hiato de estas representaciones latentes en la configuración de la retórica, las imágenes, y el lenguaje que habla de la violencia juvenil, enfatizando el juego discursivo que oculta la violencia sistémica que las hace posible. El último parágrafo intenta poner en juego las tensiones de las representaciones y las formas laberínticas y paradojales del Estado y la sociedad, con las que los jóvenes “no violentos”, auto-elaboran para sí -y para los otros-. Son sus relatos, trágicos, inciertos, que intentan hacer inteligible el mundo “sin lugar” que habitan, pero que como el titilar de las luciérnagas, pareciera que construyen esa “política menor” que insinúa Agamben (2006), aunque, en sus límites, sólo sea para vivenciar el reclamo de que “las bestias y el mal están en otra parte”.




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* Porraz Gómez
El Colegio de la Frontera Sur - ECOSUR. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México