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Resumen de ponencia
ALCANCES Y LIMITACIONES DE LA INTEGRACIÓN ENERGÉTICA: UN RETO DE LA UNASUR

*Yessenia Paola Briones Molina



En un contexto internacional de fluctuaciones de precios, elevada demanda de energéticos y crecimiento insuficiente de las reservas para cubrirla, la energía se ha convertido en un tema central de diversas agendas de política exterior. De hecho, esta constituye una fuente de poder que no puede ser considerada como una simple mercancía, debido a que gran parte del desenvolvimiento de la actividad productiva del mundo contemporáneo depende de fuentes energéticas.
Sin embargo, el acceso a ella resulta la energía limitado. Así, la Agencia Internacional de Energía (AIE), señala que para el 2015 más de 1 200 millones de personas, es decir, alrededor del 17% de la población mundial, carecían de acceso a la electricidad.
Por su parte, Sudamérica es rica en este tipo de recursos, aunque sus reservas de energía no se distribuyen uniformemente. Por ejemplo, algunos países poseen gas natural y un gran potencial hidroeléctrico, mientras que otros enfrentan problemas de escasez de estos recursos. Así, la región presenta una complementariedad, caracterizada por la diversidad y heterogeneidad de las fuentes disponibles entre las diferentes naciones. Con la intención de asegurar un suministro estable de energía como requisito necesario para mejorar la competitividad y la seguridad en el área, en los últimos treinta años, los gobiernos han realizado esfuerzos para diseñar mecanismos de cooperación y complementariedad energética, con el objetivo de lograr una mayor interconexión entre los corredores regionales, con miras a conseguir una integración de este tipo.
Hasta la década del ochenta, las iniciativas en materia energética estuvieron basadas en la complementación de economías y no en acuerdos de integración, entre las que destacan los proyectos hidroeléctricos binacionales en los que participan en su mayoría países del Cono Sur. Estos grandes proyectos fueron clave para el desarrollo de la industrialización de la región, ya que permitió la provisión de energía a bajo costo.
Durante la década de los noventa, las iniciativas energéticas surgieron en un contexto en el que la garantía del acceso a la energía fue considerado como estratégico y en el que el desarrollo de proyectos de integración se convirtió en uno de los aspectos de mayor relevancia para el crecimiento de las naciones. De allí la necesidad de configurar una política común sobre los recursos naturales regionales sobre todo la de una mayor cooperación en el uso entre los países miembros, por lo que organismos de integración como el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y la Comunidad Andina de Naciones (CAN) desarrollaron una serie de iniciativas energéticas con resultados que se mantienen hasta la actualidad.
Pero, la energía como objetivo primordial de un proceso de integración se constituirá más adelante en el seno de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), que mediante su Tratado Constitutivo firmado en 2008, formalizó un proyecto de integración regional que difiere en varios aspectos de las anteriores oleadas de regionalismo, pues plantea una integración de tipo política que permita la cooperación en otras áreas, no sólo la económica. Dentro de estas se encuentra la energía, construcción de infraestructura, y más recientemente la defensa, salud y educación.
En lo referente a la energía, la UNASUR propone la coordinación en este sector bajo el argumento de que la región tiene suficientes reservas para cubrir sus necesidades por décadas. Al mismo tiempo, hace énfasis en la hidroelectricidad y el gas natural, ya que al resultar abundantes y altamente demandados dentro de la región, el aprovechamiento de estos adquiere mayor importancia, porque permitiría la consolidación de nuevos proyectos, además de servir como base a los procesos de integración regional. En definitiva la propuesta energética nacida en la Cumbre de Margarita, en 2007, propuso como objetivo principal un modelo de integración energética para el continente a convertirse en algo similar a lo que fuera la estrategia del carbón y el acero en los inicios de la Unión Europea (UE). No obstante los enormes beneficios como: la optimización y diversificación del uso de los recursos, la obtención de economías de escala y una reducción de riesgos en el suministro; la energía, que unió a la Europa del siglo pasado, parece hoy separar a América del Sur.
Lo anterior debido a que desde sus inicios la UNASUR ha presentado dificultades concernientes a la no superación tanto de, los fracasos de otros proyectos anteriormente emprendidos en la región y la división ideológica de sus miembros. Dentro de este contexto, la evolución del mapa geopolítico de América del sur y sus implicaciones en el sector energético hará necesario abordar el tema de la integración y tener en cuenta la situación política equivalente al proceso. Además, se tiene que considerar que a pesar de que la UNASUR se presenta como un proyecto diferenciado, esta comparte un elemento en común con la mayoría de los esquemas regionales consiste: su diseño institucional es intergubernamental y otorga un gran peso a la figura presidencial. Lo que en los inicios de las negociaciones permitió un avance acelerado en la cooperación, en los últimos años se ha convertido en causa de retrasos de las mismas. Así, el ejemplo europeo de integración energética en el que los enemigos decidieron consolidarse como una unidad en base a dos recursos energéticos, y que esa unión permitió un avance político, en nuestra región, la integración de este tipo está atascada por las diferencias políticas de toda naturaleza. Por lo que la UNASUR se enfrenta a un desafío de constituir un bloque relevante y capaz de permitir la unión y convergencia de intereses y acciones concretas entre los países.




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* Briones Molina
División de Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad Autónoma Metropolitana - Unidad Xochimilco - DCSH/UAM-X. Xochimilco, México