Cuando tratamos con el tema "Influencia de Robots y Fake News en las Elecciones Brasileñas de 2018", necesitamos tener el cuidado de trabajar los fenómenos comprendiendo que están compuestos por enmarañados de saber, y que pertenecen a una realidad multidimensional. Así, toda investigación busca diversas diversas articulaciones, principalmente en 4 dimensiones (política, comunicación, tecnológica y jurídica), siendo este uno de los puntos destacados.
La investigación busca profundizar la terminología caracterizada por Fake News y la búsqueda Bots, para que ambos, conceptualizan un fenómeno dentro de la imagen más amplia de la desinformación, y que la desinformación al entrar en el avance tecnológico necesita ser vista en su contexto político y de una sociedad, cuya estructura está polarizada.
También observamos que la selectividad manipuladora de la información aparece en el énfasis sobre noticias favorables al status quo, las noticias, la retórica y la estética productos de una relación de procesos heurísticos y sociales. Y que nuestra receptividad a la información ya la desinformación depende menos de lo que esperamos de la evaluación racional y más de los efectos especiales, las construcciones psicológicas y de poder que se utilizan.
Además, las estrategias políticas tienen métodos mezclados con éxito de estadística y econometría con psicometría para producir aplicaciones exclusivas. En ese punto, números pasan a revelar informaciones de nuestra comunicación intrapersonal, revelando informaciones de comportamiento no verbal; e interpersonal, siendo capaz de traducir a partir de nuestras interacciones sociales diversos contenidos psicológicos y de comportamiento. Ambos factores, son capaces de revelar informaciones sociales, genéticas, culturales, situacionales, y el principal sentimiento.
Cuando todas estas informaciones son utilizadas por candidatos, empresas, financiadores, plataformas tecnológicas u otros actores con una motivación antiética, sí pueden cambiar comportamientos influenciando en el proceso electoral.
Dentro de muchos procesos heurísticos y sociales, tratamos de comprender cómo se caracterizan los caminos de la desinformación en el ecosistema de los medios y de los medios en línea. En forma de comprender cómo, en el contexto de los medios y principalmente de Internet (aquí cabe también los algoritmos), la estructura de la desinformación es creada y mantenida. En paralelo, profundizamos los conceptos y nociones de la psicología como el conjunto de técnicas utilizadas para medir los patrones y comportamientos humanos, que convergen en datos complejos algoritmos se aproban.
Construimos ésos escenarios con mirar sobre los agentes y políticamente motivados a intermediar los procesos de la información y desinformación en el período electoral, en sus diversos segmentos. De modo que, ante cada sesgo, fuera posible identificar la estructura tecnológica, los procesos de infraestructura construidos y el recurso frente a las regulaciones y antídotos (detección).
Dentro de las organizaciones destacamos el comportamiento de las plataformas de medios sociales, como Facebook, Google y Twitter, que son los principales sistemas de donde desencadenan actualmente el proceso de la desinformación, la construcción y la utilización de bots.
Esto, porque cuatro años son mucho tiempo en términos de tecnología. Lo que hemos visto en la elección pasada ya ha evolucionado y hoy encontramos herramientas inteligentes, como BOTs, que evolucionan y se vuelven más populares, y que parten de un modelo autónomo para un modelo colaborativo, y reciben aún la interacción de personas con el objetivo de aumentar la efectividad del funcionamiento de las acciones automáticas, los llamados cyborgues.
La clave del proceso que ocurre hoy, y que se permanecerá en el futuro es la recolección y utilización de datos. Tal recolecta puede ser realizada con la intercalación y comercialización de datos por empresas que los retiene. Una vez hecho correctamente, los datos pueden ser usados para fortalecer el desempeño produciendo mayor eficacia y aprovechamiento.
Ya lo que determina hoy y el futuro como factor distintivo entre aquellos que ganan elecciones y aquellos que las pierden será como un candidato usa esos datos para refinar sus algoritmos de bots, de aprendizaje de máquina y tácticas automatizadas de compromiso. Así, podemos comprender que las próximas elecciones no serán un concurso de ideas, o de fortalecimiento de valores, sino una batalla de cambio de comportamiento automatizada.
Por último, queremos explorar los procesos de buenas prácticas y sugerir una nueva mirada frente al panorama que enfrentamos en las elecciones de octubre de este año. Para que candidatos, y demás actores, se comprometan a utilizar la tecnología, la recolección de datos, y la inteligencia artificial de forma ética y juiciosa para garantizar que sus intentos de influenciar a los votantes no acaban minando la democracia.