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Resumen de ponencia
El sector rural en Colombia y el Post-Conflicto

*Dora Elena Jiménez Giraldo



El sector rural en Colombia y el Post-Conflicto
Alrededor del 28% de los municipios colombianos se han visto afectados por el conflicto armado. Según los datos del censo agropecuario de 2014, representan el 32% del total de las unidades de producción agrícola del país, el 24,7% del área total bajo uso agrícola, el 20% de los bosques naturales y el 22,2% del área rural total. El porcentaje de tierras de uso agrícola dentro del conjunto de municipios directamente afectados por el conflicto es del 31,7% (más de cuatro puntos porcentuales por encima del porcentaje correspondiente del resto de los municipios), mientras que la proporción de bosques naturales es del 53,5% (casi 8 puntos porcentuales) debajo del correspondiente al resto de municipios. La tierra con uso agrícola potencial (es decir, tierra despejada sin uso actual) muestra una mayor participación entre los municipios directamente afectados por el conflicto que entre el resto de municipios (11,8% frente a 8,8%), lo que sugiere una actividad económica menos intensiva en estas áreas.
Esto es consistente con el hallazgo de Arias et al (2017), en el sentido de que los hogares rurales se adaptan a la vida en áreas de conflicto en una trayectoria de menor ingreso. Esto se debe no solo a la menor intensidad de uso de la tierra antes mencionada, sino especialmente a los cambios en el portafolio de actividades que realizan estos hogares. En particular, Arias et al muestran que los pequeños agricultores prefieren realizar actividades que les generen rendimientos a corto plazo y menor rentabilidad, en lugar de actividades con alta rentabilidad de inversión. Además, muestran que cuando la violencia se intensifica, los agricultores concentran su portafolio de actividades en actividades de subsistencia.
Por otro lado, Fergusson et al (2014) muestran que la deforestación está positivamente vinculada a la violencia paramilitar en Colombia. Usando una especificación del panel, muestran que la acción paramilitar reduce significativamente la participación de la cubierta forestal y, usando variables instrumentales, muestran que el vínculo entre la acción paramilitar y la deforestación desaparece una vez que los paramilitares se desmovilizan. Los autores discuten la evidencia que sugiere que esta relación opera a través del desplazamiento de la población dirigida a áreas seguras para el desarrollo de cultivos ilegales, la explotación de recursos minerales y extensas actividades agrícolas.
Con la firma e implementación del Acuerdo de Paz en Colombia entre el grupo guerrillero izquierdista FARC y el gobierno, se espera que muchos de los obstáculos al desarrollo rural puedan ser eliminados y que los hogares rurales (y la población colombiana en general) puedan mejorar su bienestar. El acuerdo incluye disposiciones que van más allá del desarme y la reintegración de los excombatientes, y supone una profunda transformación de la organización política y social de las zonas rurales, como se refleja en el conjunto de intervenciones normativas que exige, y que se mencionará más adelante. Existe un reconocimiento generalizado de que el acuerdo representa una oportunidad única para el desarrollo rural sostenible, abriendo el camino para el desarrollo de nuevos proyectos de infraestructura y el aumento de la inversión en las zonas rurales (Morales, 2017). El posconflicto se concibe como una oportunidad para pensar el sector rural más allá de la producción agrícola y redefinir la relación entre los sectores rural y urbano para promover una visión holística de los territorios, basado en un proceso de planificación territorial integral (ambiental, social y económico), respaldado por la provisión de bienes públicos para una mejor seguridad y generación de ingresos, con especial atención a cuestiones de género y étnicas (CONPES, 2015). A pesar de esta visión audaz del proceso posterior al conflicto, la literatura internacional llama la atención sobre el papel de la rehabilitación agrícola como un medio para vincular la asistencia humanitaria, la protección social y el desarrollo. A este respecto, se debe aprender de las experiencias de Afganistán y Sierra Leona que muestra que: (i) el objetivo del apoyo agrícola no debe centrarse únicamente en aumentar la producción, sino también en mejorar el consumo, los mercados y los medios de vida, (ii) los esfuerzos locales deben coincidir con las políticas meso y macro necesarias para apoyarlas, y (iii) existe margen para fortalecer los vínculos entre la protección de los medios de vida y el desarrollo (DFID, 2005).
Por lo tanto, el apoyo agrícola debería facilitar la transición de la programación dirigida (por lo general implementada por agencias gubernamentales y donantes internacionales) al establecimiento de sistemas orientados al mercado para la prestación de apoyo, en el contexto de esfuerzos más amplios para proteger y mejorar los medios de vida rurales, como las formas en que los hogares usan y combinan sus activos para lograr los resultados de ingresos deseados (Longley et al, 2006).
Esta visión implica una reprimenda explícita de lo que se ha llamado la "falacia de los granjeros" (Farrington y Bebbington, 1992), según la cual prácticamente todos los pobres rurales luchan por aliviar la pobreza mediante una inversión mayor o más efectiva en actividades agrícolas. Por el contrario, se da cuenta de que una proporción significativa de los pobres rurales gana una parte considerable de sus ingresos de fuera de la granja (es decir, diversifican sus fuentes de ingresos ya sea para complementar o sustituir el ingreso agrícola).
Si bien se estima que una gran parte de los ingresos de los hogares rurales proviene de la agricultura, la evidencia apunta a una creciente importancia de las actividades no agrícolas, ya que pueden proporcionar entre 35 y 50 por ciento del ingreso rural en los países en desarrollo (ver Barrett et al. al, 2001a para evidencia sobre África; Reardon et al, 2001 para América Latina; Reardon et al, 1998 for Asia, and Davis et al, 2010 for a general overview). Existe evidencia de que los hogares rurales pobres tienden a participar en actividades de nivel de subsistencia, dentro y fuera de la finca, incapaces de proporcionar reinversión o acumulación de capital, lo que puede denominarse diversificación de supervivencia (Little, et al, 2001). No obstante, también hay evidencia que respalda la idea de que la diversificación rural y el desarrollo urbano secundario conducen a una reducción e inclusión más rápida de la pobreza, ya que los hogares pobres pueden abandonar la agricultura para dedicarse a actividades no agrícolas y trabajos en ciudades pequeñas y secundarias (Christiaensen et al, 2013 )

Por otro lado, los diferentes tipos de actividades generadoras de ingresos se relacionan a través de los vínculos de producción y consumo, así como a través de la oferta de factores de producción (principalmente trabajo y capital) y sus usos competitivos. Esto introduce una dimensión estructural a su dinámica, altamente dependiente de las características de la economía local y su grado de integración en redes económicas más grandes, y tiene implicaciones importantes para el diseño de políticas. Además, los hogares pobres enfrentan limitaciones que les impiden aprovechar las oportunidades que ofrecen las actividades no agrícolas. Los hogares con escasos recursos agrícolas parecen enfrentar mayores barreras para ingresar a actividades no agrícolas potencialmente más beneficiosas (Barrett et al, 2000; Barrett et al, 2001b), los niveles educativos más bajos se correlacionan con la falta de acceso a empleos y ganancias no agrícolas con mayores rendimientos, y el acceso al mercado (entendido como tener carreteras y otras infraestructuras, así como estar en las cercanías de un centro urbano) se correlaciona con mejores oportunidades para acceder a fuentes de ingresos no agrícolas (Barrett et al, 2001b; Reardon et al, 2001).
Un análisis de los patrones de diversificación del ingreso de los hogares rurales colombianos entre 1993 y 2013 (Arguello y Poveda, 2016) muestra que la diversificación de los ingresos ha sido una característica persistente del ingreso rural, asociada positivamente con el nivel de ingresos del hogar, y que la proporción de los ingresos derivados de los salarios agrícolas (es decir, los ingresos procedentes del mercado de trabajo agrícola) han disminuido. Además, a medida que aumenta el ingreso, los hogares tienden a depender más de los salarios no agrícolas (es decir, del mercado laboral rural no agrícola) y menos del ingreso agrícola generado directamente en la finca.
Esta dinámica muestra la importancia de considerar simultáneamente la interacción entre las diferentes fuentes de ingresos que tienen los hogares rurales, no solo en términos de los vínculos mencionados anteriormente sino también en términos de la manera en que los hogares pueden aprovechar las diferentes fuentes de ingresos, incluidas sus posibilidades para participar en los mercados a través de los cuales se materializan (siendo estos mercados de producción-producto, mercados de insumos o mercados laborales).

En conclusión, el objetivo de esta ponencia es mostrar cómo los acuerdos de Paz con la guerrilla colombiana pueden afectar de manera positiva el sector rural colombiano no sólo en términos económicos, sino también en términos sociales y en el bienestar en general.





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* Jiménez Giraldo
Facultad de Ciencias Humanas y Económicas. Universidad Nacional de Colombia - FCHE/UNAL. Medellín, Colombia