RESUMEN
Estamos inmersos en una revolución científico-técnica que significa una nueva forma de producir y pensar la realidad. Las necesidades y problemas teórico-prácticos han demandado cambios y rupturas epistemológicas, incluso, de la propia racionalidad. A denominación de Edgar Morín, podría decirse que estamos frente a cambios de paradigmas, como resultantes de avances epistemológicos que producen nuevos esquemas de pensamiento, los cuales terminan afectando el campo de la enseñanza de las ciencias sociales, concibiendo esta práctica pedagógica desde una perspectiva compleja y dinámica.
Es por esto que surge la necesidad de comprender la enseñanza de las ciencias sociales como elemento orientador para re-pensar, a nivel epistemológico, el proceso de reforma curricular. Puesto que este campo del conocimiento tiene, por su propia naturaleza, la capacidad analítica, critica, reflexiva, y las herramientas metodológicas para promover la articulación entre los elementos que desde la visión simplificadora del sistema educativo actual mantiene dispersos, reduciéndolos a la calidad, competitividad, y por tanto, a la instrumentalización de las capacidades complejas inherentes al ser humano.
La complejidad aparece como un nuevo camino epistemológico que amplía el horizonte cognitivo, un método lógico que considera a los fenómenos de la realidad como algo que no puede ser estudiado sin sus relaciones más próximas con el entorno; ya que los saberes y conocimientos deben estar integrados y contextualizados a la cotidianidad, sino su pertinencia termina por ser inocua e insatisfactoria para los problemas de una realidad compleja como la nuestra. Sin embargo, Morín tiene claro, que pensar y actuar desde el pensamiento complejo es un desafío intelectual que exige un esfuerzo permanente por transformar la compresión de mundo, que hasta el día de hoy sigue limitada por el paradigma simplificante. Ya no basta con poner en la mesa el discurso de la complejidad si no hay una reforma inmediata en las formas de pensar y comprender la realidad social.
Es por esto que, la articulación de estos avances en lo epistemológico, en su sentido más amplio, constituye uno de los instrumentos teórico-metodológicos para reformar la compresión de la educación en ciencias sociales, facultando la posibilidad de modificar nuestro currículo institucional para que enfrente la complejidad y la incertidumbre que supone los cambios y lo imprevisible de la escuela latinoamericana del siglo XXI.
En este orden de ideas, el objetivo de la ponencia es presentar una propuesta pedagógica mediante la aplicación de referentes del pensamiento complejo de Edgar Morín, para re-pensar el currículo de las ciencias sociales; teniendo en cuenta que las nociones clave y principios de inteligibilidad del paradigma de la complejidad lograría transformar, a nivel epistemológico e institucional los objetivos, metas, visiones, y comportamientos de las instituciones educativas del siglo XXI.
Por esta razón, la transformación debe comenzar en el acto educativo, reconociendo los aportes del paradigma de la complejidad propuestos por Morín para enfrentar una reforma educativa, teniendo en cuenta la correlación entre las ciencias sociales paradigma de la complejidad, puesto que permite que el individuo pueda desarrollar competencias teórico-epistemológicas fundamentadas en principios como la flexibilidad, incertidumbre, holística y dialogosidad para enfrentar problemas cotidianos de una realidad dinámica y compleja. La tarea de la escuela latinoamericana del siglo XXI es promover el desarrollo integral de competencias en todos los ámbitos de la existencia humana, la ley general de educación 115 de 1994 en Colombia, en su primer artículo señala: “La educación es un proceso de formación permanente, personal, cultural y social que se fundamenta en una concepción integral de la persona humana, de su dignidad, de sus derechos y deberes” (Ministerio de Educación, 2006, p.22).
.Es por esto que, la presencia de una enseñanza de las ciencias sociales desde la complejidad integra la posibilidad de que los jóvenes puedan desarrollar, desde el conocimiento de la problemática social, habilidades para el debate, el diálogo y la confrontación de ideas mediante ejercicios analíticos, reflexivos y críticos, para re-pensar el conocimiento, sus efectos y limitaciones en el diálogo integrado y participativo entre su contextocurrículo.
Lo dicho hasta aquí supone que la escuela Latinoamérica del siglo XXI asuma el desafío de construir, en compañía de los estudiantes, administrativos y familiares pertenecientes a las instituciones, múltiples miradas frente al proceso de aprendizaje, creando articulaciones entre el desarrollo intelectual y la intervención de las problemáticas sociales. Se trata de integrar nuevas prácticas escolares, nuevos enfoques interdisciplinares, valoraciones culturales diversas y el empleo de herramientas propias de la actividad pedagógica, entre otras prácticas, que finalmente permitan la compresión de las categorías del paradigma de la complejidad que no sólo explican mejor la complejidad de la realidad escolar, sino que pueden dar pistas para diseñar un nuevo currículo integrador. “Hay que insistir en la idea de que los profesores deben ejercer activamente la responsabilidad de plantear cuestiones serias acerca de lo que ellos mismos enseñan, sobre la forma en que deben enseñarlo y sobre los objetivos generales que persiguen” (Giroux, 1990, p. 175).