Desde la década de los años 80 en Chile, se han vivido los efectos de la implantación de la economía neoliberal, una de las herencias estructurales de la dictadura, despiadada con los sectores más pobres de la sociedad y cuyos alcances en esa época aún eran inciertos. A partir de ello, comienza a surgir una juventud sujeta a los vaivenes de esta economía y de los procesos de subjetivación que ésta produce, las relaciones sociales, los valores, creencias y costumbres de la cultura neoliberal, van afirmando una identidad cada vez más individualista, exitista, consumista, orientada a la globalización y pérdida de la identidad histórica local. Posteriormente ya en la década de los años 90, como señalan Tijoux; Cottet y Galván, en las poblaciones aparecieron formas de sobrevivencia vinculadas primero al microtráfico, luego al narcotráfico, aumentando la vinculación de jóvenes a actividades delictivas, consumo de drogas y violencia (citado en Sandoval, 2005).
Actualmente, en la segunda década del 2000, el escenario muestra un grupo de jóvenes sin sueños, sin luchas, ausentes de sí mismos, centrados en el consumo en todas sus expresiones. En este contexto les jóvenes de estratos socioeconómicos bajos son objeto por parte de la sociedad de una valoración social negativa y estigmatizada de elles y sus ocupaciones (Duarte, 2012). En las poblaciones donde la pobreza, la falta de accesos y la falta participación se agudizan, se ha generado un discurso público que exacerba una relación lineal entre jóvenes de poblaciones populares, consumo de drogas y delincuencia. En ese sentido, no se valora lo que les mismos jóvenes creen, piensan o hacen, ni se conoce el sentido que le dan a las ocupaciones que realizan..
Esta investigación pretende comprender a les jóvenes desde sus discursos y vivencias acerca de aquellas acciones transgresoras y sus expresiones de malestar. Su objetivo es contribuir al análisis de cómo la relación entre el sentido de comunidad y las ocupaciones colectivas producen el bienestar/malestar psicosocial de jóvenes transgresores, de poblaciones populares, buscando generar conocimiento que des-estigmatice y colabore en la construcción de programas de intervención.
Se ocupó una metodología cualitativa desde un enfoque crítico-interpretativo, para relevar el discurso y vivencias desde les propios jóvenes. Les participantes fueron 23 jóvenes de sectores populares, pertenecientes a programas sociales, seleccionados con la técnica de muestreo intencionado, el primer contacto se realizó a través de equipos psicosociales en terreno y luego les jóvenes contactaron a otres. La información fue producida a través de entrevistas semiestructuradas individuales, grupos de discusión, talleres y observación participante. Consecuente con el enfoque de la investigación, se pretendió involucrar a las/os jóvenes en el proceso investigativo, con el fin de fortalecer los colectivos y concientizar acerca de las condiciones que generan su malestar psicosocial (Clemente, 1992). El análisis fue de discurso en tres niveles: en tanto textualidad, lugar de enunciación y contexto y se efectuó desde ejes analíticos previos con relación a acciones y sentidos de la transgresión y las expresiones de malestar psicosocial Se realizó análisis de discurso
Los resultados fueron agrupados en tres ejes: Ocupaciones colectivas, identidad territorial y la tierra del olvido. La construcción de sentido de comunidad y ocupaciones colectivas producen y reproducen problemáticas como violencia, estigma e individualismo, consolidando un malestar psicosocial expresado en ocupaciones alienantes y transgresión social. Brecha entre políticas públicas y las/os jóvenes: Los olvidados. Es necesario el reconocimiento de dimensiones que ayuden a la des-estigmatización y visibilicen posibles caminos para transformar la exclusión y discriminación, en inclusión y participación. Se plantean programas que salgan de la lógica individualista de intervención. Transgresión como grito social: Aquí estamos, estos somos. La transgresión surge como llamado de atención ante el malestar, parece ambivalente ya que por un lado irrumpe contra los límites de la norma social, pero al mismo tiempo confirma ocupaciones como el consumo de drogas que les dan un lugar como alternativa a la exclusión.
Se concluye que la construcción de sentido de comunidad y ocupaciones colectivas se produce a través de prácticas sociales que reproducen las problemáticas más agudas como la violencia, el estigma y el individualismo, consolidando un malestar psicosocial que se expresa muchas veces en ocupaciones alienantes y en transgresión social como el consumo de drogas. Es necesario un diálogo hacia el cambio de las condiciones sociales en que los jóvenes están/son/hacen, cambiando el lugar del intervenido por el de protagonistas.