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Resumen de ponencia
GOBERNABILIDAD Y MIGRACIÓN: CONSECUENCIAS EN LA GLOBALIZACIÓN. CONSTRUIR ALTERNATIVAS DESDE LO REGIONAL. EL CASO DE LA UNIÓN DE NACIONES SURAMERICANAS (UNASUR) (2008-2017).

*Anna Karla Uribe Escalante
*Carmen Lilia Cervantes Bello



Dentro de los aspectos teóricos como prácticos, la integración regional se ha constituido como un proyecto cuya complejidad y alcance abarca discursos, disertaciones y conflictos entre quienes lo consideran como una posibilidad para modificar las situaciones dadas y quienes ya lo han declarado como un proceso añejo en vías de extinción. La propuesta presentada se alinea con la primera corriente; sin embargo, no se le idealiza, se ejerce una postura crítica, para visibilizar cómo los logros y límites están en gran medida dados por el arduo camino a emprender para lograr acuerdos y definir políticas coordinadas que incentiven la complementariedad en temas que sean de interés común.

Por ello, uno de los principales desafíos ha sido la falta de consenso cuando se trata de plantear cuáles son los temas prioritarios de la agenda de acción y hacer coincidir las decisiones gubernamentales unilaterales, los acuerdos bilaterales y las iniciativas de consenso multilateral. Con base en lo anterior, el trabajo pretende entender a la migración como un elemento central de la integración regional y fruto de esto, plantear la libre movilidad dentro de Suramérica. Esta necesidad por promover una migración intrarregional es crucial, sobre todo porque a pesar de que la migración en su mayoría es absorbida por los países del Norte; estos analizan y entienden a los migrantes a partir del "paradigma que ve a la migración desde una perspectiva de pérdida o ganancia, en la cual la solución a los problemas de la movilidad humana está en gestionar de manera adecuada; ordenar y administrar eficazmente los flujos migratorios basadas en las necesidades del mercado" (Ramírez, 2016: 23).

Dicha mercantilización de los migrantes ha dado pie a un proceso creciente donde se les deshumaniza, despolitiza y en varios casos criminaliza, la responsabilidad reside exclusivamente en los sujetos y se deja en un segundo término un problema vital: las divergencias surgidas en un mundo de creciente desigualdad entre países del norte y sur. Las soluciones en ese sentido, deben provenir desde aquellos que resultan más afectados; tienen la tarea de “no criminalizar a los migrantes, establecer el derecho a migrar como derecho fundamental, y la igualdad de trato entre nacionales y extranjeros” (Ibíd.: 17).
El desafío no es menor, pero si es urgente, dado que en el mundo actual, caracterizado por la incertidumbre y una crisis de gobernabilidad al interior de los Estados, se ha desatado una oleada creciente de personas que deciden migrar a otros lugares. Esto no resulta ser extraño, dado que la globalización actual, situada históricamente después de la crisis de 1973, se ha utilizado como un mecanismo de política estratégica internacional basado en la desregulación y el rompimiento de las fronteras económicas, para con ello privilegiar las estructuras financieras sobre las políticas y sociales. El individuo queda subordinado a las formas y decisiones de carácter económico, financiero y comercial.

La crisis de estas esferas, iniciada hace diez años, ha dado lugar a tres fenómenos preocupantes y determinantes para el desarrollo del fenómeno migratorio: La deslocalización de empresas para buscar mano de obra económica en territorio de países semiperiféricos y periféricos, la centralización del empleo en las grandes urbes y la reducción del rol del campo como medio de subsistencia. La seguridad de las personas con base en su futuro cada vez es más incierto y produce un sentimiento de supervivencia: ser más fuerte que el otro, competir o perecer. En resumen, la globalización se constituye como una etapa de flexibilidad, movilidad, plasticidad del capital en el sistema-mundo, la tendencia a su desregulación, mientras se tiende a regular —formal e informalmente— la movilidad de los trabajadores intentando una migración selectiva (Falero, 2009: 323).

Es con base en dicho escenario, que varios países de la región han sido críticos con la estrechez de las miradas al momento de analizar las migraciones internacionales, sobre todo con aquellos que impulsan solamente el libre comercio de las mercancías y la movilidad de la fuerza de trabajo (Ramírez, 2016: 25). El problema radica en que por lo general la libre movilidad es pensada desde una perspectiva económica laboral. Por ende, la exclusión de otros tipos de movilidad de personas del discurso liberal, plantea serios cuestionamientos éticos y teóricos del modelo de apertura que caracteriza el desarrollo económico actual y profundiza las asimetrías entre los países del centro y la periferia.

La región suramericana desde inicios del nuevo siglo se ha caracterizado por su notable interés en la construcción de un proceso de integración donde los temas migratorios han cobrado protagonismo. Los intentos por avanzar hacia la consolidación de la identidad suramericana con el fin de alcanzar una ciudadanía regional, han sido retomados con gran interés desde la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) como la base fundacional a partir de la cual construir las políticas migratorias intrarregionales. Así se establece en su Tratado Constitutivo, donde los doce países integrantes en su artículo 3 literal I, afirman que el objetivo específico del organismo regional es “la consolidación de una identidad suramericana a través del reconocimiento progresivo de derechos a los nacionales de un Estado Miembro residentes en cualquiera de los otros Estados Miembros, con el fin de alcanzar una ciudadanía suramericana”. Asimismo, en el literal K, se puede leer que buscan “la cooperación en materia de migración, con un enfoque integral, bajo el respeto irrestricto de los derechos humanos y laborales para la regularización migratoria y la armonización de políticas”.

De igual manera es necesario resaltar la reciente reunión entre la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Secretaría General de la Unión de Naciones Suramericanas (SG - UNASUR) el 30 de enero de 2017, donde se establecieron las bases y líneas para el trabajo conjunto, a través de una carta de intención firmada por el Director Regional de la OIM para América del Sur, Diego Beltrand y el Secretario General de la UNASUR, Ernesto Samper, quien estableció que: "Suramérica a través de su proyecto de ciudadanía suramericana debe liderar en el mundo un cambio de concepción sobre el tratamiento de los migrantes que no puede seguir siendo regresivo, policivo o racista" (UNASUR, 2018).

Hacía esta misma directriz apunta el Pacto mundial sobre migración, el cual se desarrolla en el marco de la meta 10.7 de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y busca que cada Estado miembro se comprometa a una cooperación internacional fortalecida para facilitar las migraciones ordenadas, seguras, regulares y responsables. Sin embargo, este esfuerzo posee una limitante histórica promovida por los receptores del norte, lo cual hace que las opciones emprendidas desde los organismos internacionales, no presenten muchas opciones para facilitar o mejorar la movilidad de las personas a través de las fronteras; destaca el caso de la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares, planteado en el seno de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y que ha tenido un lento proceso de ratificación al que aún no se suman los principales países receptores de migrantes (Martínez, J & Stang, M, 2005: 64).

Por lo tanto, este trabajo pretende dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Qué acciones se han emprendido desde la UNASUR para facilitar la movilidad intrarregional? y ¿Qué peso tiene la migración intrarregional dentro de los países miembros de la UNASUR?

Bajo este orden de ideas, resulta interesante analizar cómo desde los espacios regionales multilaterales se están construyendo alternativas para el tratamiento de los asuntos migratorios como alternativa a la lógica de una globalización unilateral, monopólica y excluyente. Se trata de pensar en dar respuestas a un problema regional que deberá ser enfrentado desde dentro de dicho espacio. Esperar que los países más ricos cambien su actual postura de política exterior, resulta no sólo ilusorio sino que deja el futuro de millones en manos del capricho extranjero, que históricamente se ha comprobado busca su propia seguridad.

FUENTES DE CONSULTA:

Barrios, Sergio. (2017). "La integración regional latinoamericana en tiempos de Trump". En ALAI. https://www.alainet.org/es/articulo/183748 Fecha de consulta: 25/07/2018.

Falero, Alfredo. (2009). "Diez tesis equivocadas sobre la integración regional en América Latina. Elementos desde las Ciencias Sociales para una perspectiva alternativa". http://www.alternative-regionalisms.org/wp-content/uploads/2009/07/falero_dieztesis.pdf. Fecha de consulta: 12/03/2018.

Martínez Pizarro, Jorge y María Fernanda Stang Alva (2005), "Lógica y paradoja: libre comercio, migración limitada. Memorias del Taller sobre Migración Internacional y Procesos de Integración y Cooperación Regional", Serie Seminarios y Conferencias, Nº 45 (LC/L.2272-P), Santiago (CEPAL). Publicaciones de las Naciones Unidas, Nº de venta S.05.II.G.99

Ramírez, Jacques. (2016). Hacia el sur. La construcción de la ciudadanía suramericana y la movilidad intrarregional. CELAG. Ecuador, Quito.

UNASUR. (2008). “Tratado Constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas”. Brasilia, Brasil. http://www.comunidadandina.org/unasur/tratado_constitutivo.htm. Fecha de Consulta: 08/08/2014.

UNASUR. (2018). “La OIM y la UNASUR acuerdan bases para el trabajo conjunto en la promoción de los derechos de los migrantes”. http://www.unasursg.org/es/node/1065. Fecha de consulta: 24/03/2018.






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* Uribe Escalante
Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos PPEL/UNAM. Ciudad de México, México

* Cervantes Bello
Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos PPEL/UNAM. Ciudad de México, México