En nuestro país, en los últimos años, ha comenzado a desarrollarse un debate muy interesante alrededor de las temáticas relacionadas con la Economía Social y Solidaria (ESS). De manera creciente aparecen congresos, talleres, ejes temáticos en eventos que la abordan. La Cuba actual, en el contexto de la actualización de su modelo socioeconómico y ante el desarrollo del sector cuentapropista y cooperativo presenta un escenario favorable y a la vez necesitado de los presupuestos que rigen la nueva economía. Alrededor de este tema existen algunos mitos: es una economía de pobres y para pobres; protagonizada, fundamentalmente, por mujeres y jóvenes; encuentra condiciones favorables para su desarrollo en comunidades vulnerables, por solo mencionar algunos. El propósito fundamental de este trabajo es cuestionarse estas supuestas verdades. Para esto se analizará el devenir teórico de la Economía Social y Solidaria en el contexto internacional y nacional y se ahondará en las zonas de mejoras que podrían potenciar el desarrollo de esta realidad en nuestro país presentándola no solo como una alternativa de grupos desfavorecidos sino como una propuesta que contribuya a la justicia y la inclusión social. Esta propuesta guarda estrecha relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, especialmente con el ODS8 (trabajo decente y crecimiento económico) y el ODS10 (desigualdades reducidas). Esta presentación trasciende la revisión bibliográfica sobre las concepciones teóricas-metodológicas toda vez que presenta las peculiaridades de una experiencia de ESS que ha logrado todo un movimiento comunitario en pos de la participación ciudadana activa, la rehabilitación medioambiental y la inclusión social.
Desde el contexto internacional varias son las organizaciones, los eventos y los/as autores/as que se dedican al estudio de estos temas. Sobresalen la Asociación de Empresas de Economía Social (Canarias, España), la Red de Economía Social y Solidaria, las Academias de Economía Social, la Organización Internacional del Trabajo y nombres como José Luís Coraggio, Peter Utting y Paul Singer. Existen experiencias en diferentes países donde la ESS cuenta con una representación desde las estructuras gubernamentales, los ministerios y las políticas sociales. Estos espacios contribuyen a impulsar experiencias y proyectos.
En Cuba el tratamiento de estas temáticas va en ascenso. Entre las instituciones que se dedican a su estudio y promoción se encuentran: el Grupo de Creatividad para la Transformación Social y el Grupo de Estudios Sociales del Trabajo del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS, CITMA), la ONG cubana Centro Félix Varela, el Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana, el Grupo de Trabajo sobre Economía Social y Solidaria para el Desarrollo Local (ESS-DL), la Universidad de Pinar del Río y la Universidad Agraria de La Habana. A pesar de esta creciente emergencia todavía queda mucho por hacer alrededor de estos temas.
A lo largo de la historia y dependiendo del contexto que se tome como referencia se usan diferentes acepciones para hablar de la ESS. Entre las más empleadas se encuentra: Economía Popular y Solidaria, Economía Social, Solidaridad Económica, Economía Solidaria. A pesar de esta multiplicidad terminológica se refieren a una realidad marcada por la satisfacción de necesidades humanas donde el sujeto es el centro del proceso y no la generación de recursos o la solvencia económica.
Esta temática no debe verse de forma aislada sino interconectada con las realidades donde tiene lugar y con el entramado que construyen otras definiciones como la RSE, el Desarrollo Local Sostenible, el género y las generaciones, las políticas públicas y en constante diálogo con las otras formas de gestión y espacios económicos con los que coexisten.
Numerosas son las interrogantes que se entretejen alrededor de estos temas y le corresponde a las Ciencias Sociales, Económicas y Políticas construir los puentes, las alianzas y descubrir, junto a sus protagonistas y sus comunidades, la ruta a seguir en la promoción de esta nueva economía como una alternativa frente a los crecientes procesos de desigualdad social.
El color de la piel, la procedencia regional, la pertenencia a alguna etnia, ser joven o anciano/a, inmigrante, mujer, vivir en zonzas marginadas o vulnerables son algunos de los elementos que individualmente o de forma combinada reproducen ciclos de pobreza y desigualdad social. Se debe trabajar en la construcción de políticas y programas que potencien a estos tradicionales grupos en desventaja y que permitan disminuir las brechas de equidad que constantemente experimentan. Las próximas páginas se centrarán en la interacción de la ESS con los/as jóvenes y las mujeres.
Los estudios sobre género/géneros y juventud/juventudes son abundantes dentro de las Ciencias Sociales cubanas y foráneas. Los mismos dan cuenta de los vacíos, restos y oportunidades de estos grupos en el entramado social que describe nuestro país.
El Grupo de Estudios sobre Juventud (CIPS) plantea que se consideran jóvenes en Cuba las personas comprendidas entre los 14 y 30 años. Se toma en cuenta que entre esas edades hay notables diferencias (biológicas, psicológicas y sociales) por lo que se distingue la presencia de tres subgrupos, cuyo núcleo central, donde se expresan los procesos típicamente juveniles, es precisamente el segmento intermedio (Domínguez, 1988): juventud temprana (14-17 años), juventud media (18-24 años), Juventud madura o tardía (25-30 años).
Los/as jóvenes se encuentran muy representados/as en los sectores informales (OIT, 2013b y OIT, 2014b). Este fenómeno trae consigo la inestabilidad laboral y de fuentes de ingresos por lo que describe realidades muy cercanas a la vulnerabilidad y la exclusión social. La región latinoamericana es un fiel escenario en la descripción de estas realidades. (OIT, 2015: 10).
Este grupo etario describe numerosas paradojas: están mejor preparados para acceder al empleo y cuenta con menos posibilidades de obtenerlo por la inexperiencia laboral lo que a su vez retrasa el acceso a puestos de dirección o mejor remunerados; se les dificulta el acceso al crédito, a la formación de activos tangibles; los seguros de vida no cubren totalmente los accidentes y enfermedades a las que se encuentran expuestos/as; se encuentran en los niveles inferiores en las escalas salariales ¿Podría ser la ESS una alternativa para los/las jóvenes y la informalidad laboral? ¿Resulta un espacio de formación profesional; de realización laboral; de movilidad social?
El género es un sistema global construido que abarca a hombres y mujeres, sus prácticas, representaciones, normas jurídicas, valores morales, individuales y sociales así como sus roles. La perspectiva de género permite enfocar, analizar y comprender las características que definen a mujeres y hombres de manera específica, así como sus semejanzas y sus diferencias. Desde aquí se analizan las posibilidades vitales de unas y otros, el sentido de sus vidas, sus expectativas y oportunidades, las complejas y diversas relaciones sociales que se dan entre ambos géneros, también los conflictos institucionales y cotidianos que deben encarar y las múltiples maneras en que lo hacen.
La inserción de las féminas en el mundo del trabajo, la división sexual del trabajo, los procesos y rutas de empoderamiento, las dobles y triples jornadas laborales, las brechas que aún persisten entre los géneros a la luz de las oportunidades de la ESS son líneas temáticas que se desarrollan en esta ponencia.
La conceptualización de la ESS requiere de una articulación con las políticas macro y microeconómicas. Ello supone la aplicación con principios justos y solidarios de redistribución de recursos materiales y de conocimientos, la redefinición de marcos normativos, la producción y provisión de bienes públicos de alta calidad. En tal sentido el Estado debe compartir estrategias colectivamente con todas las viejas y nuevas formas de gestión existentes en la sociedad.
Desde Cuba, la ESS implica un conocimiento colectivo y una puesta en común de su alcance, propósitos y despliegue de acciones que se coloquen en función de las necesidades de los hombres y mujeres de la nación, lo cual debe erigirse sobre la base de principios de responsabilidad con la sociedad (con la familia, trabajadores, clientes y otros involucrados en el emprendimiento y la comunidad) y con el medioambiente natural y cultural existente.