‘Contracultura y ecopolítica: los inicios de la filosofía ambiental en la Argentina’
Alicia Irene Bugallo
UCES, UNS, ANCBA, UM
Partimos de nuestra investigación sobre aspectos de la recepción y asimilación de la filosofía ambiental en la Argentina, en el marco del proyecto “Filosofía argentina desde la segunda mitad del siglo XX. Testimonios” (Dir. Celina Lértora Mendoza, Departamento de Humanidades, Universidad Nacional del Sur, PGI-2015-2018).
Podríamos decir que la filosofía ambiental o ecofilosofía, emergida en los años ’70 del siglo pasado, se fue desplegando en Latinoamérica al menos de dos modos. Por un lado, como una dimensión de la Teología de la Liberación latinoamericana; al ‘grito de los pobres’ se unió el ‘grito de la tierra’. En 1979, por ejemplo, el Documento de Puebla cuestionaba la marginación socioambiental de pobres y minorías desamparadas, la explotación irracional y distribución injusta de los recursos básicos en la región, la contaminación ambiental, etc.
En la Argentina, la reflexión ecosófica encontró un canal de expresión en algunas producciones de la contracultura como fuera la revista Mutantia, publicada desde Buenos Aires entre 1980-1987, bajo la dirección del ensayista Miguel Grinberg. Mutantia (expresión del latín que refiere a ‘las cosas que deben ser cambiadas’) había surgido como una herramienta de exploración de aquellos universos donde venían desarrollándose ciertos cambios fundamentales.
Así, pudimos tomar cuenta de las ciencias de la complejidad, indigenismo latinoamericano y espiritualidad, pensamiento alternativo de la economía y el desarrollo y un amplio espacio para los movimientos antinucleares, del ambientalismo científico, etc.
Mutantia fue también un órgano de difusión del movimiento ‘La Cultura del Futuro’, liderado por Jorge Bolívar, María Gabriela Rebok, Luis Jalfen, Leonardo Sacco y Grinberg, uno de cuyos emergentes fue la conformación de la ‘Multiversidad de Buenos Aires’ (que funcionara entre 1982-1987) como centro de pedagogías alternativas. Allí intentamos propiciar al artista como antena de su sociedad, algunas prácticas pedagógicas independientes de academia crítica, la creencia en la muerte de la utopía de la violencia, las racionalidades del mito y las mitologías de la razón, entre otros objetivos.
En ese contexto de lo alternativo, de lo contracultural, abrevó también la filosofía ambiental. Destacamos cuatro artículos del filósofo polaco Henryk Skolimowski (1930- ) traducidos al español: “Una filosofía para el siglo XXI”, Mutantia 2, 1980; “Imaginación secular y el nihilismo de la cultura occidental”, Mutantia 6, 1981; “El nuevo fuego prometeico”, Mutantia 7, 1981 y “Espiritualidad ecológica”, Mutantia 21, 1999.
Sus contenidos resaltaban la idea de un necesario cambio de paradigma, apuntando a superar el pensamiento analítico disociativo e incorporando dimensiones de la teoría de sistemas, la cibernética o la ecología. (Bugallo, A. I., La Valle M. T., ‘Some Initial Approaches to Environmental Philosophy in Argentina’, Environmental Ethics, Winter 2012, Volume 34, 4, The Center for Environmental Philosophy, The University of North Texas, pp. 411-421).
En efecto, la crisis socioambiental contemporánea ha llevado a algunos filósofos a proponer una transición ecológica y cultural profunda, hacia órdenes socio-naturales diferentes a los actuales, como único camino para que los vivientes humanos y no-humanos puedan autorrealizarse, trascendiendo los modelos de la modernidad tanto capitalista como comunista.
Tal sería el caso del filósofo noruego Arne Naess (1912-2009), quien tendría también su lugar en las Mutantia, asociado con su propuesta del ‘Movimiento Ecología Profunda’ y otros impulsos emergidos en Escandinavia, como el ‘Movimiento El futuro en nuestras manos’ promovido por el ingeniero noruego Erik Dammann a partir de 1973. Ver referencias en las Mutantia 6 (1981), Mutantia 11 (1982) y Mutantia 14 (1983).
La Mutantia 11 presentaba una detallada nota editorial sobre la expansión de ‘El futuro en nuestras manos’ por las naciones prósperas escandinavas, a fin de apartarlas de la carrera autodestructiva del mundo ‘desarrollado’, y en solidaridad con el Tercer Mundo. La nota se completaba con la traducción del Manifiesto ‘Trabajemos hacia un tipo de sociedad más humana’, 1979.
El documento se había estado distribuyendo por distintas latitudes con la firma de personalidades reconocidas internacionalmente: Georg Borgstrøm (sueco, geógrafo, ecologista y especialista en hambrunas), Georg McRobie (británico, fundador de Acción Práctica en Tecnología Alternativa), Gunnar Myrdal (sueco, ganador del Premio Nobel de Economía, 1974), Basil Davidson (británico, historiador, escritor y africanista), Dennis Meadows (estadounidense, co-autor de Los límites del crecimiento, 1972), Thor Heyerdahl (noruego, etnógrafo con formación en zoología, botánica y geografía), Jan Tinbergen (holandés, ganador del primer Premio Nobel de Economía, 1969), Helder Câmara (brasileño, Arzobispo de Olinda y Recife cercano a la teología de la liberación, propuesto al Premio Nobel de la Paz en 1973) y Arne Naess mismo (semántica empírica, teoría de la acción comunicativa, ecosofía).
La mención del obispo Câmara sirve para recordar diversos vínculos preexistentes Sur-Norte-Sur de los cuales Naess también fue partícipe.
A modo de ejemplo: en los inicios de la Guerra Fría Naess fue elegido durante el período 1949-1950 como uno de los líderes científicos para integrar el proyecto ‘East/West Controversy’ de la UNESCO. Se trataba de examinar la naturaleza ideológica del enfrentamiento Este-Oeste con elaboraciones comunes e individuales de académicos de diversos continentes sobre los usos de términos como ‘democracia’ e ‘ideología’. Entre los colaboradores se contó con la participación del filósofo argentino Risieri Frondizi (por la Universidad Nacional de Tucumán y como profesor Invitado en la Yale University).
Estudios más recientes nos permiten destacar hasta qué punto, gran parte de la investigación noruega de posguerra sobre economía y políticas del desarrollo se centró en la reforma del sistema mundial de comercio inspirada por las ideas del economista argentino Raúl Prebisch. Desde el Manifiesto de la Habana, 1949, Prebisch instaló el debate en la intelectualidad latinoamericana y de otras latitudes, con su idea de centro-periferia que buscaba explicar la modernidad periférica. (Bull, Benedicte, ‘Estudios del desarrollo: de la dependencia a la desigualdad. La influencia mutua del pensamiento desarrollista noruego y latinoamericano’, en Bull, Benedicte (edit.) Pensamiento social noruego sobre América Latina, Buenos Aires, CLACSO, 2015, pp. 115-141.)
Las luchas políticas latinoamericanas o la Teología de la Liberación eran realidades de máxima atención, así como también el grado en que las condiciones estarían dadas para una revolución popular. El triunfo electoral de la Unidad Popular en Chile en 1970 fue una inspiración más para el pensamiento sociopolítico de muchos activistas extranjeros. El triunfo de Allende ocurrió dentro de un marco político institucional, como modelo y acorde con las aspiraciones de aquellos que rechazaban la opción de una revolución armada. No ha de ser casual que, en la primera versión de su propuesta de Movimiento Ecología Profunda de 1972, el ecósofo noruego todavía incluyera como uno de sus principios la petición de ‘Postura anti-clasista’.
El agravamiento de problemas socioambientales críticos lo llevó a distinguir entre un ambientalismo reformista y un ambientalismo crítico más profundo, ecosófico, ecopolítico. El ambientalismo puramente reformista –o mero ecologismo– permanece centrado en adoptar medidas correctivas sobre los efectos dañinos en el ambiente, que, si bien son muy necesarias, no llegan a las raíces del problema. No cuestiona la creencia moderna en el progreso puramente material, factor condicionante de peso de la crisis ambiental actual.
Sin descuidar la causa material, la filosofía ambiental -asumida, como en Naess, como ecosofía y ecopolítica- ha subrayado que para mitigar o superar los aspectos negativos de tal desorden material habrá que tener en cuenta la raíz ideológica, económica y ontológica de la problemática.
La ecofilosofía integra las ‘humanidades ambientales’, junto a líneas como el ecofeminismo, la ecología social y política, el pensamiento ecológico de-/post-colonial. En nuestro país se registran, desde 1981 a la fecha, desarrollos de filósofos interesados en este campo de la reflexión crítica, en centros académicos como Universidad Nacional de Salta, de San Juan, de Buenos Aires, de Chilecito, Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, Universidad del Salvador, de Morón, de Ciencias Empresariales y Sociales, Fundación Bariloche, entre otros.
(Bugallo, A. I., ‘Filosofía Ambiental argentina’, en Biagini Hugo E., (director), Diccionario de Pensamiento Alternativo II, Centro de Ciencia, Educación y Sociedad, CECIES.
http://www.cecies.org/articulo.asp?id=182 )
Las líneas de trabajo versan sobre ecofilosofía y sus vínculos con la sustentabilidad biosocial, el pensamiento complejo, el giro político y el giro afectivo de la filosofía, justicia y resiliencia socioambiental, nuevo pensamiento o posmodernidad.
Se cuenta con publicaciones -libros, artículos, entradas- en el país y el exterior; también con tesis locales de licenciatura y doctorado. Finalmente, nos interesa destacar ejemplos excepcionales de innovación curricular en el área de humanidades, con la incorporación de asignaturas sobre filosofía ambiental y ética ambiental en el curriculum de grado de carreras de filosofía. (Bugallo, A. I., Cosso, O., ‘Filosofía ambiental en la Argentina, 1981-2011; dimensiones y tendencias en su desarrollo’ Revista Científica y de Investigación, UCES, Vol. XVI, Nº 2, primavera 2012, pp.31-44.)