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Resumen de ponencia
La situación en sitios afectados por actividades mineras en México, en el proceso de cierre o abandono de minas

Grupo de Trabajo CLACSO: Estudios críticos del desarrollo rural

*Letizia Odeth Silva Ontiveros



La minería en México es una actividad que desde su surgimiento en la época colonial, ha mantenido un vínculo directo con el exterior, tanto por sus métodos de operación, como por el modo de producción dentro de un sistema que se concretó a partir del siglo XVI. Algunos autores aseveran que dicha explotación fue desmedida, ya que esta apropiación constituyó la destrucción de las formas indígenas de organización social, así como la erosión de sus valores culturales. Al paso de los siglos ese colonialismo se renueva transformándose en un neocolonialismo en los últimos decenios de auge de la mega minería. La megaminería es la nueva modalidad en que se abren posibilidades para nuevos emprendimientos mineros. La llegada de estas nuevas empresas en países como México, ha tenido impacto en la población tanto por las implicaciones en el medio ambiente, como por la desaparición de poblados y alteraciones del paisaje a gran escala. Es precisamente la utilización del prefijo “mega” el marco de referencia para describir las dimensiones de esta novedad en una actividad bastante conocida y por demás antigua. El prefijo revela mayores dimensiones, un número cuantioso de proyectos, mayor magnitud de recursos y trabajo, y la ocupación e impacto territorial de manera más intensiva y extensiva que la minería tradicional. Esta es la amenaza de una realidad actual, hay un interés renovado por la apropiación y explotación intensiva de los recursos minerales de los países latinoamericanos, expresado en la multiplicación de mega-proyectos de extracción en todo el continente.
Este tipo de minería ha experimentado en los últimos años un incremento notable, contando con inversiones trasnacionales interesadas particularmente en la explotación por medio de tajo a cielo abierto y lixiviación con cianuro. En la actualidad, una quinta parte del país está en apropiada de alguna manera por empresas mineras, siendo además por ley, una actividad preferente por encima de cualquier otra. Es así que la nueva mega minería nos refiere a diferencias con la minería tradicional en la reestructuración de la organización del territorio y apropiación del mismo por medio de las mismas empresas: nuevos tipos de financiamientos, métodos extractivos, fuentes de energía, disposición de desechos, gestión de recursos naturales e incluso culturales. Esta minería implica niveles mayores de afectación del medio ambiente que la tradicional, generando cuantiosos pasivos ambientales, en muchos casos irreversibles, al tiempo que requiere un uso desmesurado de recursos naturales como insumos. Estos pasivos, como se ha mencionado con anterioridad, han quedado sin ningún tratamiento, en abandono.
La preocupación en estos momentos, se centra en el riesgo que implica el antecedente histórico nulo de tratamiento de sitios afectados por la minería, con lo que se tiene la “nueva” mega minería, que aún no se ha terminado de insertar en el territorio y ya tiene tomado un gran porcentaje de superficie para contaminar y sobre todo, ejercer a su voluntad, la gestión, reparación y/o mitigación de esos daños. Ante la posibilidad de realizar actividades mineras, se inicia una etapa de desterritorialización local y territorialización para el capital, es decir, la preparación del terreno para el desarrollo y consolidación de la minería a costa de la desincorporación de la población local al territorio que pertenece. Una vez hecha esta preparación, se consolida como la única actividad (o al menos la más importante) del sitio hasta que se detecte la imposibilidad de continuar la extracción de minerales, lo que lleva a un abandono del sitio provocando el desempleo de la población local, y con ello, la creación de actividades productivas emergentes para sobrevivir a la minería. Es hasta que se encuentra una nueva posibilidad de desarrollar la minería cuando vuelve a repetirse el ciclo. Cabe mencionar, que esta etapa de abandono es clave para la comprensión de este despojo y desterritorialización que marca a poblaciones enteras incluso por generaciones.
El concepto de abandono hace su aparición en la minería de forma continua, es por así decirlo, un elemento que permanece sobre todo en sitios donde se lleva a cabo en forma de monocultivo. A grandes rasgos se puede localizar dicho concepto de tres maneras: 1) Abandono histórico por la finalización de la minería sin remediación ni regeneración, solo retiro; 2) Abandono de poblados en consecuencia del retiro de la actividad productiva, llevando a la desatención de sitios, migración, marginalidad, sin la posibilidad de desarrollos alternos en sitios involucrados con la extracción o beneficio de minerales; y 3) Abandono legal, al ser el término con el que se denomina oficialmente, la manera en que las empresas se retiran de las zonas en que se llevó a cabo la minería.
Es así que podemos observar el abandono de poblados enteros que tuvieron épocas de bonanza o esplendor, a la larga se verían desmantelados, con una alta migración, marginalizados y, sobre todo, sin un tratamiento posterior a la minería. Las condiciones que se experimentan son sobre todo similares en sitios de monocultivo minero, donde regularmente al término o suspensión de la actividad minera suelen percibir además una gran incertidumbre económica y social.
Este abandono, constante en el tiempo, ha sido también parte de una negación de las condiciones de desigualdad, marginación y desinterés en que se encuentran este tipo de sitios. Así, se normaliza una situación de desolación y ausencia de condiciones de habitabilidad y disfrute de un territorio, se hace ver como si fuera una consecuencia “normal”. La utilización del término abandono es una constante también en las áreas normativas, es la forma en que se describe oficialmente el tratamiento (si puede llamarse así) a las zonas afectadas por la minería: Abandono de sitio.
En cualquier fase de la actividad minera que se esté llevando a cabo, las empresas mineras tienen en su poder la toma de decisiones en los territorios en donde se asienten, al ser la minería en México una actividad prioritaria y de utilidad pública, ante cualquier otro tipo de uso aun siendo áreas sensibles o protegidas. Ante ello, se recae en retirar a la población continuamente el derecho a decidir sobre su territorio. Las movilizaciones contra la mega minería actualmente, están logrando la suspensión de proyectos mineros, pero no han obtenido su cancelación. Muchos proyectos se encuentran en fase de suspensión, pero no por ello significa que se cancelan o se retiran las concesiones; éstas continúan hasta que la empresa determina oportuno continuar.
El interés de esta ponencia no solo se enfoca en los conflictos que se generan alrededor de la (posible) actividad minera, sino también en cómo ocurre la organización de actores en función de la terminación de la minería. La preocupación se centra en lo que sucede después de que se retira la empresa minera, la articulación de sus poblaciones, la manera en que se movilizan y participan en torno a esta nueva fase y cómo viven y sobreviven al “monocultivo” minero. Averiguar el estatus real de las actividades mineras que se suponen cerradas, así como aquellas que fueron abandonadas. Existe un desconocimiento por un lado, de lo que ya ha sucedido con la minería a cielo abierto cuando ha terminado, no se tiene en la memoria de los movimientos actuales, el conocimiento de las afectaciones que ya han sucedido con proyectos similares a los que se oponen. Por otro lado, la diversidad de instancias, permisos, figuras y recursos, nublan la condición de la situación actual de empresas y sus actividades, lo que mantiene en incertidumbre a poblaciones y luchas al no saber las implicaciones prácticas de los logros que han tenido: suspensiones de permisos, declaratorias de territorios libres de minería, denuncias, demandas, etc.
La inquietud sobre este tema aumenta cuando a todo este panorama que se ha descrito, se añade la posibilidad con que cuentan las empresas mineras en tramitar las concesiones de los lotes mineros donde se desarrollará el proyecto, una cesión de duración de cincuenta años prorrogables a un segundo periodo, es decir, otros cincuenta años más, teniendo la disponibilidad de cientos y miles de hectáreas para continuar la explotación minera por cien años.




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* Silva Ontiveros
División de Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad Autónoma Metropolitana - Unidad Xochimilco - DCSH/UAM-X. Xochimilco, México