Leer la historia del proceso de construcción de las Autonomías Indígenas Originarias Campesinas (AIOC) es acercarnos a las tensiones, contradicciones e hilos de continuidad que se plantea entre la reconstitución de los tejidos societales de los pueblos y de la pervivencia del sistema capitalista que avanza a lo largo y ancho de estos territorios.
La construcción de estos procesos nos plantea a su vez elementos fundamentales para poder comprender, como desde estos espacios de resistencia, la experiencia de construir las AIOC en los campos de la política, situados en el proceso de Transición del Estado Plurinacional de Bolivia, han dado la vuelta las formas de comprender y explicar estos procesos desde la construcción y cuestionamiento a las bases de donde se sustenta el propio Estado, el pacto político o el contrato social que se planteara a la luz de los procesos de la Revolución Francesa, significando otras narrativas que permiten plantear la inclusión, el bien común , y lo comunitario, frente a los derechos individuales y al sentido de pensar el Estado como administradora de privilegios de una clase sobre otra, trascendiendo a la crítica de los principios que subyacen a estos como la inclusión y exclusión en la construcción de las prácticas políticas.
En este sentido, leer la historia desde el proceso de construcción de la Autonomía y el ejercicio de la Autodeterminación es acercarnos a la historia de una lucha desigual entre los Pueblos y naciones (el pueblo guaraní en este ensayo) y los grupos dominantes que operan desde las estructuras coloniales que se han sedimentado en la estructura social y del Estado colonial republicano, pero también persistente y de resistencia de los pueblos.
La gran Nación y Pueblo Guaraní, a partir de sus luchas y resistencias, ha trazado un camino de transformación de las estructuras coloniales de un Estado y sociedad que expresa esa diversidad de mundos que son la base del horizonte por donde transita la Bolivia profunda. La autonomía se constituye en este proceso como un mecanismo para transformar las condiciones de despojo y avanzar en el proceso libertario, significando la autodeterminación de las Naciones y Pueblos Indígenas y aperturando un proceso de transición en el que, por diversas vías de acción, los pueblos irán escribiendo otra historia: la historia de la rebeldía y la acción política (Lizárraga, 2016). En el referendo de diciembre del 2009, once Naciones y Pueblos inician un proceso de transición hacia la Autonomía Indígena Originaria Campesina (AIOC), trayendo el significado de la autodeterminación y emancipación de los pueblos que han sido despojados de sus territorios ancestrales y de sus formas políticas y que ahora vienen siendo acorralados por el avance del capital. Esas once Naciones tuvieron que sortear los primeros obstáculos para habilitarse al Referendo y demostrar su preexistencia al Estado colonial, hecho que marca un hito en la historia emancipatoria de los pueblos que tienen que enfrentar al Estado y la sociedad colonial, que a través de los dispositivos institucionales aún operan para frenar el proceso emancipatorio de los pueblos, y que será agrietado a través de la tenacidad de las Naciones y Pueblos Originarios que le arrebatan al Estado conquistas que son irreversibles y que son aprendizajes para los que vienen caminando hacia la utopía de la emancipación y la libertad de los pueblos.
Después de 8 años los resultados para los pueblos y naciones son diferentes. A noviembre del 2017, una de las 11 naciones que inicio el camino para la AIOC, ha sorteado el obstáculo del referendo por la aprobación del Estatuto, ha elegido sus autoridades, constituido su autogobierno y se encuentra en un proceso de construcción de su institucionalidad, marcando una ruptura con la institucionalidad colonial y visibilizando, en este proceso, la sedimentación y pervivencia de lo colonial y las propias tensiones y contradicciones que desatan el proceso indígena, Charagua se ha constituido como la primera autonomía en Bolivia. Huacaya, que iniciara en esta misma fecha, por el contrario, no ha podido avanzar. Nos preguntamos qué factores han operado para que estos procesos no hayan logrado el mismo resultado. La Gran Nación y Pueblo Guaraní se enfrenta a constituir una alternativa política que permita sortear el bloqueo que se impone desde las estructuras del Estado colonial, capitalista y patriarcal, alternativa que tiene que generar aprendizajes para los que caminan hacia la Autonomía, para poder avanzar en la reconstitución de su territorio amplio, de su geografía.
En otras dimensiones, es importante remarcar como este proceso está dando la vuelta al sistema colonial, a partir de la expresión de otra gramática de poder, que se sustenta en la geografía de los pueblos, pero que tiene como factor vedado, el espacio de la economía para subvertir el orden de dominación y despojo. No es suficiente el avance en el campo de la representación política, sino se transforma el espacio de la economía, que es donde acontece las condiciones para la reproducción de la explotación.
El proceso de construcción del Estatuto de la Autonomía Indígena Guaraní Chaqueña de Huacaya, desafió los criterios con los cuáles se construiría un instrumento constitucional, marcando con esto lo que denomina Santos (2012) como el constitucionalismo emancipatorio, ya que en este proceso se estaría cuestionando la normativa occidental y se estaría expresando las formas políticas propias. Este tiempo duro casi tres años. Un tiempo de encuentros permanentes, pero también de ausencias y de statu quo a partir de la concentración del poder de los líderes.
Como plantea Ledezma (2013), un elemento de ruptura con las prácticas tradicionales se dio cuando se tuvo que definir los criterios de quienes constituían el órgano deliberativo, la forma de su elección, los espacios y mecanismos donde se asume la palabra como el medio para la toma de decisiones, poniendo en el centro la forma de Ser guaraní y la experiencia que el sujeto trae consigo para alimentar un proceso que conllevaba traer la memoria histórica del pueblo guaraní en un devenir complejo dentro de la nación boliviana, pero también el traer los espacios y los roles donde se delibera y donde cada uno de los sujetos interviene en este proceso de sociabilidad colectiva como pueblo y una mirada y perspectiva crítica para reconstituir el entramado comunitario. Estos criterios dialogan con el proceso de Charagua, en el que el dar la vuelta implico plantearse un esquema de representación territorial que rompe con la lógica de construcción del poder desde arriba y donde se pone en práctica la rotación y el mandar obedeciendo y mandato extendido.
Todas estas cuestiones puestas en una lectura crítica nos permiten ver la riqueza y aportes que nacen a la luz de un proceso que está avanzando de forma lenta, pero que está inscribiendo en la historia de la política y de la democracia en Bolivia, otras narrativas, que se constituyen además en parte de la jurisprudencia que se va narrando y argumentando a medida y en los tiempos lentos que este andar resiste y le roba y desafía a los hilos de continuidad del capitalismo y al poder que este mismo mantiene instituido en la vieja práctica política en los espacios del Estado y de la acción de sus gobernantes.
Bibliografia
Ledezma, José y Aruchari, Heydi (2013). Autonomía Indígena. Huacaya una experiencia en Territorio Guaraní. Huacaya: mimeo.
Lizárraga, Pilar (2016). Las autonomías Indígenas Originarias Campesinas como un campo de disputa, IN: Diversitas. Tarija: JAINA.
Sousa Santos, Boaventura (2012). Derecho y emancipación. Quito: Corte Constitucional para el periodo de transición.