La siguiente, es una propuesta de investigación en curso, que inició en el año 2017 como parte del trabajo de grado en la Maestría en Salud Pública de la Universidad de Antioquia-Colombia. Se Está llevando a cabo en la Ciudad de Medellín-Colombia en el Observatorio de Envejecimiento y Vejez (AMAUTTA) de la Alcaldía de esta ciudad. El propósito general es aportar elementos que permitan reconocer las implicaciones de la biomedicalización del envejecimiento desde el uso de medicamentos en relación a la situación de salud pública en el contexto de la ciudad de Medellín. Esto es porque, entre las revisiones realizadas para la configuración de la propuesta se encontró que la mayoría de las políticas públicas en salud orientadas al abordaje del envejecimiento tienen un enfoque muy marcado en diferentes formas medicalizadoras de la experiencia humana, y entre ellas, predomina el uso de medicamentos. Hasta la fecha, la investigación está en la etapa de trabajo de campo, el cual finaliza en junio de 2018.
El Observatorio de Envejecimiento y Vejez fue creado por la Alcaldía de Medellín con el propósito de direccionar, formular, coordinar y gestionar las políticas, planes, programas y proyectos estratégicos de prevención, promoción, intervención y asistencia de las personas mayores. Entre sus objetivos está propiciar la participación intersectorial con respecto al conocimiento que se tiene sobre envejecimiento y vejez en Colombia y en diferentes países del mundo con el fin estimular la investigación en este tema
En términos generales, la medicalización es un tema estudiado más desde las ciencias sociales que desde las ciencias de la salud. Medicalizar la vida, desde el sentido crítico, es usar la medicina para aliviar malestares de origen social que mejoren la calidad de vida de los individuos, enmarcados en estrategias preventivas que aumentan la oferta y demanda de productos para vivir mejor, sin que ello implique cambios de fondo en las formas de vida (Illich,1975).
En esta investigación se habla de BIOMEDICALIZACIÓN porque en análisis más recientes, se dice que el concepto de medicalización no alcanza a explicar los cambios económicos y políticos que se han dado desde finales del siglo XX: el recrudecimiento del modelo económico capitalista, los medios de comunicación masiva, la mercantilización de los servicios de salud, entre otros, son algunas de las causas que han llevado a repensar lo que se ha entendido por medicalización desde el pasado siglo (Foucault,1976,1977).
Para Celia Iriart (Iriart,2016), la biomedicalización sigue siendo la gestión de la vida a través de la lógica médica, pero cruzado por hechos más determinantes como la inversión de los complejos médico-industriales en la creación de las políticas de salud, en la investigación médica y en el desarrollo de nuevos medicamentos. La expansión de dichos complejos se debe principalmente a las reformas neoliberales, que potencian la reducción del Estado y la entrada a la libre inversión, y en el caso de la salud, aseguradoras que se dedican al manejo del riesgo con la venta de seguros médicos (Hernández Álvarez,2000), reconfigurando de esta manera el significado de la salud, trasladándolo hacia una zona de asistencialismo capitalista
En esta lógica política de significación de la enfermedad y el envejecimiento a través de tecnologías médicas, toman fuerza mitos, creencias y conocimientos que dan lugar a todas y cada una de las acciones que tomamos frente a estos procesos y a poner en términos médicos condiciones que nacen principalmente de la interacción social. A esto las ciencias sociales le han llamado biomedicalización de la vida, donde son los mismos sujetos los que demandan tecnologías en salud para dar respuesta a sus necesidades (Iriart,2016). Entenderlo de esta manera es muy importante porque extrae a la medicalización del plano de la vigilancia externa para pasarlo a una vigilancia interna, por ello, no es casualidad que cada vez se extiendan más el uso de términos como Riesgo, Prevención, Promoción, Autocuidado; términos muy presentes en las políticas de salud actuales, divulgados no desde el sentido reflexivo de lo que significa la vida y el cuerpo, sino desde el miedo y desde el consumo de medidas protectoras, donde ya no se habla de personas sanas, sino personas potencialmente enfermas, es decir, la biomedicalización ha reconfigurado el significado de salud y de enfermedad.
Uno de los escenarios donde es posible evidenciar cómo se entienden en clave de patologías hechos predominantemente sociales, es en el envejecimiento, entendido como un proceso biológico, pero también social que sucede desde el momento en que se nace.
En los últimos años, el mundo ha estado experimentando un crecimiento exponencial de la población adulto mayor, esto en parte se debe al control de las enfermedades infecciosas y parasitarias, la transición de la fecundidad y la inserción de nuevas tecnologías en salud (SantosPérez & ValenciaOlivero,2015), de las cuales, los medicamentos ocupan un lugar relevante como parte de terapias curativas y preventivas, convirtiéndose en objetos de infinitas posibilidades políticas, económicas, históricas y culturales en la organización del cuerpo social, lo cual representa un desafío teórico muy interesante que cruza el campo de las ciencias sociales con el campo de salud.
En materia de políticas públicas, donde se define el compromiso del Estado y la sociedad para cuidar en términos de protección social integral a la población de adultos mayores, se encuentra que en nuestra sociedad, y para este caso en Colombia, el proceso de envejecimiento está enmarcado en un plano fatalista, pues su atención se centra principalmente en las condiciones de pobreza e indigencia de esta población y, desde ahí, en la articulación de medidas asistencialistas y cortoplacistas (SantosPérez & ValenciaOlivero,2015).
Es así como asociar directamente la vejez con la enfermedad y lo fatal, no solo en el plano social sino también desde el enfoque que el mismo Estado le ha dado a las políticas públicas sociales, económicas y de prestación de servicios de salud, ha sido una de las razones por las cuales biomedicalizar el envejecimiento es un fenómeno aún vigente y cada vez más presente en escenarios de la vida social, determinando cuándo el cuerpo deja de ser “normal”, “funcional” y especialmente “productivo”, lo que lleva a patologizar una etapa que naturalmente hace parte de la vida.
Como se mencionaba anteriormente, la importancia de los medicamentos en la biomedicalización no se da solo por la credibilidad científica con la que se muestran, sino por la facilidad para acceder a ellos y la cantidad de estrategias publicitarias que se usan para promocionarlos (Williams, Martin, & Gabe, 2011). No es casualidad que, compañías farmacéuticas multinacionales como GlaxoSmithKline, Bayer y Pfizer lideren el mercado mundial con la venta de productos asociados al cuidado de la salud y envejecimiento(Bell & Figert, 2012). Este crecimiento exponencial de la venta de medicamentos y cosméticos se convierte en un problema de salud pública en la media en que genera necesidades económicas pagando por tratamientos interminables, dolorosos y potencialmente peligrosos por sus efectos adversos, y que adicionalmente, genera esferas de desigualdad para quienes no pueden acceder a ellos (Bell & Figert, 2012; D´andrea, Enria, Benitez, & Franzo, 2014).
Así, medicalizar el envejecimiento es un proceso que tiene dos elementos muy importantes desde una mirada política: por un lado, es necesario que exista una interpretación social, científica y Estatal que relacione “lo viejo” como un problema médico; y por el otro, crear herramientas políticas que le ayuden a la población a solucionar el problema (Iriart, 2016), que para el caso del actual modelo biomédico, se da a través de procedimientos y productos que restablezcan los procesos bioquímicos que ya no funcionan bajo los criterios de “normalidad”. Algunos autores llaman a este fenómeno MEDICALIZACIÓN DE LA POLÍTICA, ya que a partir de esa unión entre la política y, en este caso, la industria farmacéutica, se comienzan a ejercer controles, regulaciones y a direccionar las prácticas ejercidas por la población y por los individuos (Noguera, 2003).
Pero la biomedicalización también tiene otra expresión: para la salud pública latinoamericana, este fenómeno debe entenderse desde dos perspectivas. Por un lado, se analiza desde el consumo innecesario de sustancias, pero por otro lado, la biomedicalización en países en vía de desarrollo se convierte en un marcador de desigualdad, pues también abarca el tema de acceso a medicamentos e investigación y desarrollo de tecnologías para la cura de las enfermedades de interés en estos territorios (Bell & Figert, 2012).
Por lo anterior, este trabajo tiene por objetivo comprender las experiencias y significados relacionados con el uso de medicamentos como práctica biomedicalizadora del proceso de envejecimiento en adultos mayores que asisten al Observatorio de Envejecimiento y Vejez de la Alcaldía de Medellín-Colombia.
Metodológicamente, se eligió como ruta el estudio de caso desde un enfoque crítico social. Si bien la pregunta por la carga simbólica de los medicamentos no es un asunto nuevo, si resulta interesante explorarlo desde las experiencias de quien vive día a día el uso de sustancias que en muchos casos no alcanza ni siquiera a nombrar. Con esta investigación, se espera acercarse a la comprensión de las formas en las que se significa el uso de medicamentos, y de esta manera, ahondar desde lo simbólico en una discusión de actualidad mundial como lo es el uso racional de los medicamentos y lo que ello implica para la salud pública. Sus efectos pueden ir desde generar nuevas perspectivas frente a la biomedicalización de la vejez y de la vida, hasta potenciar líneas de trabajo a nivel de políticas públicas para desarrollar enfoques e investigaciones en este campo de estudio.