Los textos en general narran la participación de mujeres en la historia en función de un protagonista varón. Así cuando las mujeres estudian su pasado, no se ven reflejadas en los libros; la mitad de la población se hace invisible. Esta reflexión, entregada por la socióloga María de la Luz Silva (1992), evidencia la histórica lucha por la igualdad de derechos. Las palabras de Valenzuela (1998) son categóricas: “con un electorado como el chileno sólo puede hablarse de una democracia de sufragio incompleto. Una democracia sin este calificativo, sólo puede surgir con el sufragio femenino”.
En 1931, en pleno gobierno del general Carlos Ibañez del Campo pudieron votar todas las mujeres mayores de 25 años en elecciones únicamente municipales. En 1935 lo hicieron primera vez. El análisis de esta conquista histórica a la luz de las representaciones sociales femeninas circulantes en las páginas de Topaze, es la materia de esta ponencia.
La estructura del estudio comienza por una reseña histórica de la revista satírica, para luego dar paso a la descripción del proceso de emancipación política femenina anterior a la fecha analizada. En el cuerpo más importante corresponde a la revisión de las revistas Topaze de los años 34-35; concretamente las unidades comunicacionales donde converjan representaciones de las mujeres -como género o sujetos particulares- y la temática de las elecciones. El ejercicio comprueba la riqueza que como fuente primaria que nos ofrece la revista con datos específicos e inéditos. Topaze es la voz de un sector de la población en el momento mismo en que el acontecimiento histórico toma lugar, jugando el papel, de una suerte de encuesta de opinión pública, más o menos representativa, pero ilustrativa al final de lo que fue una época o un instante en la historia política nacional. En Topaze podemos encontrar las motivaciones que impedían ver a la mujer como un actor político competente: La superficialidad y dependencia son recursos frecuentes para ridiculizar al género. Además, es interesante revisar la forma en que se plantea el problema de la reivindicación femenina: como si el atributo de la femineidad se perdiera al conseguir la igualdad de derechos civiles y políticos; o en otros términos como si ser mujer y sufragar fueran dos estados incompatibles. En efecto, y como lo revela el análisis y la tabla de descriptores, la reivindicación está presente, pero sólo como materia de burla o crítica.
La ponencia adelanta además parte de los resultados del segundo apartado de la investigación, correspondiente al análisis de las representaciones femeninas en el periódico “The Clinic” durante el 2016, año de las últimas elecciones municipales en el país. Ese periodo de tiempo estuvo además caracterizado tanto por las primeras marchas masivas de mujeres en el territorio nacional bajo la consigna Ni Una Menos, proclamando el fin a los femicidios y a la violencia de género; como por la visibilización por parte de observatorios de medios feministas, sobre el tratamiento desigual que tiene la mujer en los medios de comunicación masivos. Los resultados preliminares arrojan u tratamiento disímil de las portadas en relación a la viñetas. En las primeras es posible apreciar una degradación hacia el género femenino, mientras que las segundas no caen en dinámicas de supremacía ni exclusión, sino que centran su crítica a la gestión de hombres y mujeres por igual en cuanto a su rol público político. Sin embargo, si se toma la revista The Clinic como un todo, el atributo de la superficialidad está presente en el 34% de las piezas analizadas, siendo el universo simbólico con mayor representación, al igual que su predecesora Topaze, pese a tener más de 80 años de diferencia.
La naturalización de este tipo de humor presenta un problema social, ya que normaliza los estereotipos o prejuicios de género, naturaliza representaciones, que como nos recuerdan Moscovici y Jodelet, son la base mediante la cual no solo significamos nuestro mundo, sino que respondemos y actuamos en consecuencia.
Se produce aquí lo que Bourdieu llama dominación simbólica masculina; término utilizado por el autor para refiriese a la desigual relación de género y sus implicancias en todos los aspectos que perpetúan y ratifican la supremacía masculina, bajo una justificación natural.
Esta dominación se ejerce a través de los caminos simbólicos, pero sus efectos se sienten en las organizaciones sociales, como la familia, las divisiones del trabajo y lo que se entiende por realidad bilógica. Llegando a lo que Bourdieu denomina Violencia Simbólica. Una violencia que ha subsistido a lo largo del tiempo.
Sostiene Van Dijk (1997) que los medios de comunicación son la institución principal de (re)producción ideológica y de representación; de allí la importancia de estudiar los discursos que a través de ellos circulan y naturalizan ciertos estereotipos asociados a determinados actores de una sociedad. Estos discursos inciden en modelos de comportamiento propuestos a los receptores como positivos o negativos, especialmente cuando los grupos representados forman parte de una minoría (Moreno 2007). Minoría que bajo la lógica de Tajfel y Forgas (1981), no tiene que ver con el número de miembros, sino con el nivel de desventajas en el que se encuentra respecto de otros grupos sociales. Son estos discursos, dice Santander (2011) los circulantes y, por lo mismo, constituyen una base empírica para determinar las representaciones sociales . Así, desde los inicios de la modernidad, tal como nos recuerda Nash (2005), la prensa ha desempeñado un rol crucial en la definición de pautas de inclusión y exclusión, de aceptación y rechazo
En su afán por realizar crítica social, el humor gráfico utiliza métodos como la ironía, el sarcasmo y la parodia, pueden reforzar estereotipos y prejuicios de género, instaurando un discurso de violencia simbólica.
La ponencia se inserta dentro del proyecto de investigación DGI CSOC11-1718 “Representaciones sociales: Mujeres y elecciones municipales 1934-2016” aprobado por Decreto Exento 0141/2017