Sabido es que en economías de base agraria como la uruguaya, la renta del suelo, entendida como la porción del plusvalor que remunera la propiedad del suelo, es una fuente de ingresos relevante en el proceso económico. Sin embargo, su estudio sistemático ha tendido a quedar restringido a su análisis dentro del propio sector agrario, o a quedar en un plano de abordaje más ensayístico. Es el caso para Uruguay de los ensayos de Methol Ferré (1967) y González Guyer (2009 [1984]), cuya tesis principal es destacar la centralidad de la renta del suelo en el proceso de acumulación de capital, pero sin llegar a avanzar en un análisis empírico que permita robustecer las hipótesis desplegadas.
En la historia, la corriente de pensamiento que inicialmente abordó de forma sistemática la cuestión de la renta del suelo fue la economía política clásica en autores como Smith, Ricardo, Anderson, Malthus. Estos centraron buena parte de sus investigaciones en comprender cómo se producía valor en la naciente economía capitalista y qué definía su distribución entre las clases sociales. Desde ese foco entender el significado de la porción del valor social que apropiaban los dueños del suelo, la llamada renta del suelo o de la tierra, fue una de sus principales preocupaciones. Retomando esa tradición, Marx (1980) en su, no casualmente, crítica de la economía política, observó que las actividades productivas como la agricultura que utilizan medios de producción naturales (no producidos por el ser humano), monopolizables y heterogéneos imponen leyes específicas al proceso de acumulación de las que surgen las principales formas principales de renta de la tierra: la diferencial, absoluta y de simple monopolio.
Sin embargo, tanto porque la formulación realizada por Marx se encuentra aún en un alto nivel de abstracción (El capital es una obra inconclusa) como por las características espacio-temporales de su investigación, sus hallazgos no avanzan en las determinaciones específicas que impone la renta del suelo en los procesos nacionales de acumulación.
Como se mencionó al comienzo, no han sido pocos los autores que en Uruguay y América Latina han prestado atención a la particularidad que impone la renta del suelo (agraria o minera) en los ciclos económicos. Methol Ferré, Laclau, Foladori, Bartra y Flichman entre otros son un buen ejemplo de este esfuerzo. Sin embargo fue Iñigo Carrera (2007) que, a partir del análisis de la sociedad argentina, desarrolló un análisis completo de las formas que adopta la apropiación de la renta en nuestras sociedades, y su determinación en la acumulación de capital, para lo cual también sistematizó una propuesta metodológica para su cómputo.
En su análisis de la sociedad argentina identificó dos destinos primarios de la renta de la tierra apropiada en una economía. El destino más ampliamente abordado en la literatura, incluso entre los economistas clásicos, es aquel que remunera a los propietarios del suelo. Sin embargo, no toda la renta queda en sus manos, ya que una parte de esta es apropiada por los capitalistas agrarios para compensar la plusvalía que desvía el Estado producto de su intervención en la circulación de capital. En otros términos, la renta de la tierra hace posible que el Estado avance sobre el capital agrario (sea para su propia recaudación, sea para otros capitales) sin afectar la tasa de ganancia de estos. Los dueños de la tierra no tienen forma de evitar esta “expropiación” en la medida que la fuente de su remuneración es la propia actividad productiva, por lo que si resolvieran retirar tierras de la producción afectarían estructuralmente sus propios ingresos.
Los principales mecanismos que identificados para el caso argentino son los impuestos a las exportaciones, la sobrevaluación de la moneda nacional para las exportaciones agrarias, el abaratamiento de las mercancías agrarias de consumo interno, la regulación directa de los precios internos por el Estado y el encarecimiento de los medios de producción no agrarios.
En el caso uruguayo, la identificación de la relevancia de estos mecanismos no es una novedad. La literatura vernácula ha dado cuenta de buena parte de estos mecanismos (DINACOSE 1976, Stolowicz 1979, Barbato 1981, Pereira 2006) cuando estudia empíricamente los mecanismos de transferencia de ingresos del agro al resto de la economía, aunque no avanza en preguntarse qué fuente hace posible una transferencia de ingresos permanente de un sector de la economía hacia otros sin afectar estructuralmente su viabilidad. Aquí es donde Iñigo Carrera (2007), y a posteriori las investigaciones de Grinberg (2013 y 2015) y Kornblihtt (2015) sobre Brasil y Venezuela respectivamente, han encontrado qué esa fuente extraordinaria que permite transferir valor de los sectores primarios/rentísticos es la renta del suelo.
En este artículo nos proponemos presentar la metodología, las fuentes y resultados preliminares de la magnitud y las oscilaciones de la renta del suelo agraria en Uruguay en el período 1955-2015, tomando como base la investigación doctoral en curso “La acumulación de capital en Uruguay 1973-2014: tasa de ganancia, renta del suelo agraria y desvalorización de la fuerza de trabajo” (UNAM, 2015-2019). Se analiza tanto la renta que apropian los terratenientes como aquella que “desvía” el Estado mediante los impuestos a las exportaciones, la sobrevaluación del peso uruguayo, y el abaratamiento interno de mercancías exportables (carne vacuna y ovina, lácteos, granos y arroz). Asimismo se analiza el efecto de la renta en la tasa de ganancia del agro y de la economía en su conjunto. Finalmente se proponen una serie de hipótesis para explicar el comportamiento de la economía uruguaya en los últimos 60 años.