Esta investigación trata de los significados del lugar, los procesos de desplazamiento, la construcción de la comunidad y las luchas por el empoderamiento narrados por cinco mujeres afrocolombianas líderes comunitarias en Santiago de Cali, Colombia.
El 24 de noviembre de 2016, el Acuerdo de Paz fue firmado por sus principales actores: el gobierno colombiano y las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo). Dicho documento que consta de seis capítulos (Reforma rural integral, Participación política, Solución al problema de las drogas ilícitas, Víctimas y Mecanismos de implementación y verificación) empezó su implementación el 2 de diciembre de ese año.
Para este documento, dos capítulos son importantes: primer capítulo Reforma rural integral y capítulo 5 Víctimas. En el primer capítulo, el gobierno colombiano y las FARC-EP comparten la intención de revertir las consecuencias del conflicto armado, a fin de devolver a las víctimas del desplazamiento forzado y de las comunidades su legítima propiedad y el retorno voluntario a la tierra (territorios rurales) de donde salieron (Acuerdo de Paz 2016: 17). Al respecto, el capítulo sobre Víctimas considera que “la aplicación de la política de restitución de tierras obedecerá, entre otros, a los criterios técnicos de densidad histórica del despojo y las condiciones para el retorno” (Acuerdo de Paz 2016: 184). Las personas que se beneficiarían con este proceso de restitución de tierras tendrían apoyo técnico y financiero para la reconstrucción de sus proyectos de vida y estrategias para la generación de ingresos, “estrategias para la recuperación y reconstrucción del tejido social; fortalecimiento de los procesos organizacionales y la construcción de la memoria histórica para la reconciliación” (Acuerdo de Paz 2016: 184).
La propuesta de Reforma Rural Integral implica que para el gobierno y las FARC, la tierra y el lugar desde donde la gente se vio obligada a huir es considerada como física y geográfica, como tierra que puede ser utilizada para actividades económicas como la agricultura o la construcción. Pero tal comprensión no tiene en cuenta los significados sociales y simbólicos del lugar y la tierra. Para las cinco mujeres afrocolombianas desplazadas, líderes de la costa del Pacífico colombiano que viven en Santiago de Cali y que participaron en esta investigación, los significados físicos, simbólicos y sociales del lugar se entrelazan. Por lo tanto, el lugar que reclaman como resultado del Acuerdo de Paz no es necesariamente la tierra en las áreas rurales que dejaron.
El desplazamiento se observa como un hito en la vida de las mujeres que, como consecuencia del conflicto armado colombiano, se ven obligadas a dejar atrás los vínculos sociales, las prácticas tradicionales y las conexiones simbólicas con el entorno que las rodea. Una vez que las mujeres llegan al nuevo contexto, se encuentran barreras económicas, políticas y sociales. Limitantes que para ser superadas requieren ciertas condiciones de desarrollo, como finalizar o continuar la escuela, tomar cursos sobre producción de alimentos, capacitaciones en labores manuales o de creación de microempresa, entre otros. Solo unos pocos casos logran acceder a cursos donde se les enseña sobre la Ley de las víctimas, derechos humanos o género. Por esta razón, el desarrollo es un elemento importante para el restablecimiento de los derechos de las víctimas.
Desde esta perspectiva, se puede decir que las mujeres desplazadas provenientes de una sociedad dividida se reúnen en comunidades que persiguen las recompensas del desarrollo futuro. El desarrollo en términos de mejora de las elecciones individuales y colectivas y la justicia social donde se encuentran los significados de lugar. Sin embargo, aunque en muchos casos las personas no superan su categoría de ‘víctimas’, algunas mujeres logran aprovechar las oportunidades que les brinda el nuevo contexto, convirtiéndose en agentes activos más que pasivos, desafiando los roles de género y convirtiéndose en representantes de sus comunidades en espacios institucionales. Por lo tanto, de acuerdo con Bjarnsen y Vigh, el desplazamiento “puede dar lugar a nuevas oportunidades para el empoderamiento o la liberación de las jerarquías sociales opresoras” (2016: 12). Este proceso de liberación podría traer el desarrollo de apegos socioafectivos específicos al nuevo lugar, así como a los antiguos, que podrían conducir a la creación de diferentes lazos comunitarios y podrían desencadenar una reconstrucción del yo, necesaria en el nuevo contexto.
Este estudio se basa en un fenómeno de luchas políticas individuales y colectivas alrededor del lugar en el que estas cinco mujeres participan en acciones colectivas para contrarrestar las injusticias perpetradas contra los/las afrodescendientes desplazados/desplazadas durante el conflicto armado colombiano. Al hacerlo, las mujeres construyen sus roles dentro de las nuevas comunidades en Santiago de Cali siguiendo o desafiando patrones de identidad de género y participando en procesos institucionales para proporcionarse a sí mismas los medios para sobrevivir en la ciudad y superar la etiqueta de ‘víctimas’.
Elena Hinestroza Venté, Francelina Carabalí Torres, Erlendy Cuero Bravo, Eloísa Montaño Guerreo y Elsy Johana Mancilla Paz no están hablando de una idea de emancipación entendida en el modo de desarrollo clásico (hombres frente a las mujeres), sino en términos de integración en la comunidad y oportunidades, conocimiento y reconocimiento. Chandra Talpade Mohanty (citado en Peake y Trotz 1999: 2) ha señalado que “la imagen de la mujer como homogénea y victimizada fue producto de la ‘mujer del Tercer Mundo’ como una categoría frágil en un marco discursivo en el que el ‘feminismo occidental’ podría ser visto como el único lado de la agencia y la feminidad crítica”. Para vencer estos marcos de victimización en los que las imágenes de las mujeres están esencializadas, y con el propósito de capturar la complejidad de sus subjetividades así como sus diversas experiencias, he llevado a cabo esta investigación prestando atención al empoderamiento y la autorrealización después del desplazamiento.
La intención es demostrar cómo a través de las narrativas las cinco mujeres afrocolombianas desplazadas crean un lugar para sí mismas de diferentes maneras, a través de intersecciones de género, raza, edad y familia, así como a través de la pérdida y la lucha. Mostrando desde una percepción de género, cómo los lugares antiguos y nuevos van más allá de los beneficios económicos y cómo estos influyen en su empoderamiento.