A lo largo del último cuarto del siglo XX, y la primera década del siglo XXI, la Argentina atraviesa un profundo proceso de reestructuración productiva, sucesivas crisis macro-económicas y una modificación sustantiva de su patrón de distribución del ingreso. Estos fenómenos no son ajenos a las modificaciones generales que experimenta el régimen de acumulación capitalista a partir de la segunda mitad de la década del setenta, momento en que recrudece el avance de los procesos de globalización y financiarización de las economías de mercado. Para la sociedad argentina, el derrotero antes mencionado –con efectos directos sobre los principales indicadores del mercado de trabajo urbano-, está acompañado por cambios demográficos en lo que refiere al nivel educativo de la mano de obra, en el tamaño medio de los hogares y en la participación de la fuerza de trabajo femenina. En términos generales, estas transformaciones repercuten en un empeoramiento de la desigualdad por ingresos, un crecimiento de la marginalidad económica y un aumento de la pobreza, así como de otros indicadores de bienestar social y material que exhiben niveles de empeoramiento significativos. Promediando la primera década del siglo XXI, el deterioro en las condiciones de vida de las personas se detuvo, aunque ello no necesariamente significa un cambio profundo en la estructura ocupacional y en la forma general de la distribución del ingreso.
Un número relevante de estudios enfatizan la importancia de la forma en que se distribuyeron los premios a la educación como efecto de los cambios tecnológicos y en el capital educativo de la oferta laboral. Se argumenta, por ejemplo, que la creciente desigualdad remunerativa registrada da cuenta, mayormente, de un ascenso, y posterior descenso, de los retornos laborales a la educación profesional o calificada bajos diferentes reglas de mercado. En estas producciones –con fuerte sustento en la teoría del capital humano-, el empeoramiento o mejoramiento de los ingresos de los individuos y los hogares se relaciona con la capacidad de los mismos de hacer valer sus credenciales educativas de acuerdo con el contexto de abundancia o escasez de las mismas.
Desde otra perspectiva, apoyada en los análisis de las instituciones regulatorias y del poder de negociación de los actores económicos, se enfatiza la relevancia de la situación macroeconómica general de cada ciclo, y los cambios en materia de políticas y regulaciones laborales, así como sus consecuencias sobre las tasas de participación y registración laboral. En este trabajo se discute con ambas tesis a la luz de los límites que impone la heterogeneidad estructural. Este concepto, originado en la perspectiva estructuralista latinoamericana, señala la persistencia de una estructura productiva compuesta por estratos con uso de tecnología y capacidad organizacional muy disimiles al interior de cada economía nacional, elemento que reproduce obstáculos difíciles de sortear para la equitativa distribución de los ingresos y el acceso a ocupaciones de calidad en el mercado laboral. A los fines de este trabajo se analizan sus cambios durante estas décadas y los efectos que los mismos tienen para los mercados de trabajo urbanos de la Argentina. Desde esta perspectiva, la desigualdad remunerativa se aborda discriminando a la demanda de empleo en términos de sectores que componen de manera asimétrica la totalidad de la estructura ocupacional. Las categorías a utilizar son: a) sector formal –moderno o dinámico- y; b) sector micro-empresario –o informal-. Asimismo, se distingue el empleo regulado por las instituciones de cobertura previsional y laboral; y el empleo no regulado o "precario". A este análisis se suma la evaluación de factores vinculados con la oferta laboral –características de la mano de obra como pertenencia de género, edad y nivel educativo-. Por otro lado, se comparas las tendencias registradas durante la última fase del modelo de industrialización por sustitución de importaciones, el estancamiento y crisis de este modelo durante la llamada década perdida para América Latina –los años ochenta-; la etapa de implementación más aguda de políticas de liberalización económica –cuyo inicio en la Argentina está directamente vinculado al comienzo del plan de caja convertible de la moneda-; y el período de políticas heterodoxas orientadas al mercado interno y políticas activas en materia de protección laboral y social iniciado a comienzos del siglo XXI.
Para abordar estos debates –e identificar la relevancia de los diversos factores puestos en discusión- se sigue la estrategia de ajustar una serie de modelos de regresiones lineales múltiples (modelos mincerianos) en función de estimar sus efectos en materia de elasticidad de los ingresos laborales a partir de factores de oferta y demanda de empleo puestos en competencia. El análisis hace uso de las bases de micro-datos correspondientes al área metropolitana del Gran Buenos Aires de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) relevada por el INDEC para un conjunto de años testigo, tanto en su modalidad puntual –hasta el año 2003- como continua –metodología de relevamiento iniciada en el mismo año y que permanece sin cambios hasta nuestros días-.