Resumen de ponencia
Desventuras del Ingreso Básico Universal: critica desde la centralidad de la teoría del valor
Grupo de Trabajo CLACSO: Crisis y economía mundial
*Mateo Crossa
La teórica basada en la idea de la extinción de la centralidad del trabajo, se viene hilando desde los años ochenta con la ofensiva que el capital desplegó contra el trabajo durante los periodos de Reagan y Thatcher. Desde entonces, la ideología dominante ha defendido la eternidad del capitalismo a través de su lema del “fin de trabajo-fin de la historia” que no significa otra cosa que denostar la teoría del valor mediante la negación de la explotación y negación de trabajo como fuente de valor y plusvalor. Pero no sólo eso, sino que en lo fundamental la negación de la centralidad del trabajo por parte de los apologistas del capital implica, como dice Mészáros “negar la existencia de una fuerza social capaz de construir una fuerza hegemónica alternativa al orden establecido".
Una de las corrientes de pensamiento que se ubica dentro del planteamiento general sobre el fin del trabajo es el que gira en torno al impulso del Ingreso Ciudadano Universal o Renta Básica Universal ha tenido una presencia creciente en círculos de científicos sociales a nivel mundial. El impulso del Ingreso Ciudadano En América Latina, esta posición se explica y justifica a la luz de la desbordante desigualdad de ingresos e incremento de la informalidad laboral. Sin embargo, esta cadena de razonamiento, que comienza con la idea de que la organización social de la producción no está regida por relación entre capital y trabajo, y termina con la propuesta concreta de que el Estado debe garantizar un ingreso a todos los ciudadanos como único medio para alcanzar la libertad plena, niega por completo la importancia fundamental que tiene la lógica del capital y la ley de valor como líneas articuladoras de las relaciones sociales vigentes. En esencia niega que la explotación de la fuerza de trabajo sea el elemento central que genera la desigualdad de ingreso y, en consecuencia, que la lucha de clases sea el motor de la historia.
Retomando algunas de las argumentaciones de la sociología marxista del trabajo y de la teoría marxista de la dependencia, este trabajo busca hacer una crítica al pensamiento que sostiene la necesidad del Ingreso Básico como alternativa social vigente. En lo fundamental, nos centraremos en tres líneas críticas principales.
La primera muestra que los teóricos del fin del trabajo e Ingreso Básico, omiten por completo la definición ontológica del trabajo, naturalizando la forma del trabajo que se desarrolla en el capitalismo. Además, niegan las formulaciones teóricas elaboradas fundamentalmente por la sociología marxista sobre la nueva morfología del trabajo, por lo que terminan, dejando de lado la relación necesaria que existe entre trabajo productivo y trabajo improductivo en el proceso de valorización. Afanados en su idea de que el trabajo es sinónimo únicamente de trabajo industrial, no reconocen la importancia fundamental del trabajo improductivo en la reproducción del capital. La segunda línea trata de mostrar que los teóricos del fin del trabajo y del Ingreso Básico no observan que precio y valor no son sinónimos y por tanto asumen que el precio de la fuerza de trabajo es lo mismo que su valor. Esto les lleva a pensar que la caída del ingreso del trabajo en el ingreso nacional representa una desaparición del trabajo. Por último, como tercera línea crítica, se argumentará que la idea del Ingreso Básico se posiciona en una definición de política que niega al Estado como instrumento de dominación de clase. Al sugerir que se puede promover una distribución de ingreso equitativa impulsada por políticas fiscales adecuadas, los apóstoles del Ingreso Básico parten de una concepción liberal del estado que sostiene que todos los ciudadanos son representados por igual, es decir que el Estado no es dominación sino representación.
Estos tres elementos demuestran que los arquitectos del Ingreso Básico Universal terminan por justificar la perpetuación del dominio del capital en el conjunto de la vida social. Es decir que niegan la presencia de una fuerza social capaz de transformar las relaciones de producción basadas en la explotación del trabajo.