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Resumen de ponencia
El feminismo como resistencia y las estrategias para invisibilizarlo

*Helena Varela Guinot



El movimiento feminista vive momentos difíciles y complejos. Por un lado, los avances habidos en materia de equidad de género (reconocimiento formal de los derechos de las mujeres, políticas públicas y legislación que han facilitado procesos de mayor inclusión de las mujeres en la vida pública, acciones emprendidas para reducir la violencia de género, etc.), han tenido un efecto “colateral” negativo, al generarse la percepción de que este tipo de movimientos ya no es tan necesario. Reconocidos los avances, pareciera que ya no se requiere tener activo un nivel tan alto de movilización, pues todo pareciera indicar que es una cuestión de tiempo, y que poco a poco, se irán logrando los cambios.
Desde mi perspectiva, esta visión no hace sino contribuir al mantenimiento del statu-quo. Los avances logrados, si bien son importantes, han servido para desmovilizar y quitar fuerza a todo el movimiento, de tal manera que ha permitido descalificar y anular la lucha que busca el fin del patriarcado. El argumento detrás de ello es que, si ya hay un reconocimiento formal de los derechos de las mujeres y todo es una cuestión de tiempo, entonces las feministas que siguen alzando la voz se convierten en unas “histéricas”, “violentas” y “anti-sistema”. De esta manera, mediante diversas estrategias, se vuelve a invisibilizar la lucha de las mujeres y la situación de vulnerabilidad que viven en nuestras sociedades. En ocasiones, estas estrategias recurren al mismo lenguaje del movimiento, para apropiarse de él y anularlo: el caso del posmachismo es el ejemplo más claro de ello, aunque no el único.
Desde el pensamiento hegemónico se mantiene la estrategia gatopardista de “que todo cambie para que todo siga igual”. El discurso cambia, la legislación se modifica, la agenda pública y la política se apropian de la bandera de la discriminación de género. Pero todo ello se hace con el fin último de mantener las estructuras como están, haciendo que los cambios sólo afecten a la superficie, pero sigan manteniendo las relaciones de dominación y subordinación que dieron origen al movimiento feminista.
En esta ponencia se analiza la forma en que es visto y entendido el feminismo en la actualidad. Frente a un discurso “políticamente correcto” que reconoce la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, hay una serie de sectores en nuestra sociedad que han denostado y desprestigiado el hecho de ser feminista; el caso más radical es el del uso del término “feminazi”, aunque hay otros, aparentemente menos radicales, pero que tienen el mismo impacto, en términos de debilitar el movimiento feminista. Para ello, se analizarán dos ejemplos: por un lado, la forma en que ciertos sectores de la Iglesia católica entienden la ideología de género, y el tipo de argumentos que se han empleado para descalificar no sólo el movimiento feminista, sino cualquier propuesta que pretenda romper con las estructuras de dominación existentes; por otro, la forma en que la mujer es vista desde un espacio público emblemático, que es el de la política, y los obstáculos que se ha encontrado para desarrollar sus actividades.
El supuesto de investigación con el que se trabaja es que los símbolos y la forma en que se sigue construyendo la identidad de “ser mujer” siguen reflejando una forma específica de entender los roles que juegan hombres y mujeres en nuestras sociedades; los cambios habidos no han servido sino para encubrir el mantenimiento del statu quo, puesto que se siguen dando una serie de asimetrías en la relación. La denostación del feminismo es una estrategia que permite debilitar el mismo movimiento, invisibilizando las prácticas todavía visibles de dominación.
Mientras tanto, el feminismo se mantiene como una estrategia de resistencia, que aspira a romper las estructuras patriarcales y a concebir una nueva forma de entender las relaciones sociales. Ahora no sólo tienen que luchar contra los más acérrimos detractores de la igualdad de las mujeres, sino también contra quienes se consideran personas “moderadas”, a favor de los derechos de las mujeres, pero que han articulado un discurso que descalifica el movimiento por violento y agresivo. Sólo poniendo en evidencia este tipo de estrategias será posible mantener la resistencia.




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* Varela Guinot
Departamento de Ciencias Sociales y Políticas. Universidad Iberoamericana - DCSyP/UIA. México, México