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Resumen de ponencia
Comunidades artísticas de sentido y nuevas formas políticas: tomando la ciudad de San Salvador

*Silvia Lopez



Esta ponencia examinará el colectivo artístico ADAPTE en San Salvador. En el año 2014 este grupo de artistas salvadoreños decidieron llevar a cabo una serie de intervenciones en los espacios públicos de la ciudad. Su intención era generar un diálogo sobre la ciudad. Sus intervenciones tenían el propósito de interrumpir las interacciones que se dan en espacios concebidos de forma histórica y tradicional cuestionando su función en la vida cotidiana de San Salvador. En la América Central neoliberal, el predominio de los centros comerciales ha convertido muchas plazas en meros lugares que los peatones atraviesan a toda prisa para llegar a la siguiente parada de autobús, donde pueden comprarse un bocado de camino a casa o donde las estatuas abandonadas se yerguen en silencio y recuerdan eras pasadas de la historia nacional. En ciudades como San Salvador, los gobiernos locales se han embarcado en el saneamiento de las plazas para demostrar que lo que parece un centro urbano caótico y peligroso está en realidad bajo el control del gobierno local. A menudo los guardias riegan las plantas o patrullan las plazas vacías, anunciando un nuevo modelo de espacio civilizatorio urbano: limpio, sin gente y carente de toda utilidad. Examinaré algunas de las intervenciones que se dieron y cómo transformaron la manera en que la población capitalina comenzó a leer los espacios públicos de la ciudad. Estos actos estéticos como actos políticios irrumpen y trastornan el mundo sensible creando nuevas relaciones entre sujetos, objetos y signos que contrastan con el orden establecido en un determinado consenso social. En este sentido, la estética, entendida en términos de mundo sensible, sería el ámbito que abre la posibilidad de interlocución entre diferentes ámbitos de expresión de lo político. Quisiera argumentar que las plazas crean comunidades de sentido que escenifican conflictos entre distintos regímenes de sentido. Analizar el nexo entre estética y política nos exige considerar nuevas formas de reconocer los modos en que se presenta. Por una parte, ya no cabe considerar la estética como un campo de conocimiento específico ni como un área de la filosofía dedicada a pensar el mundo de los objetos artísticos en relación con la experiencia subjetiva. Pero tampoco cabe entenderla como un campo especulativo en el que se construye el significado de la producción estética. Por otra parte, la política no puede seguir entendiéndose únicamente como ejercicio del poder ni como la mera lucha por conquistarlo. La política es una esfera específica de la experiencia en la que se disputa nuestro derecho a nombrar la distribución del espacio y el tiempo, a articular lo que es visible o audible y a reorganizar el modo en que relacionamos unos signos con otros; se trata de lo que Rancière ha denominado la división de lo sensible. Entonces, por definición, la política es más bien una posición lógica que se enfrenta al orden de nuestro mundo social que un mero territorio que se disputan grupos predeterminados. En este sentido, la estética, entendida en términos de mundo sensible, sería el ámbito que abre la posibilidad de interlocución entre diferentes ámbitos de expresión de lo político. Quisiera argumentar que las plazas crean comunidades de sentido que escenifican conflictos entre distintos regímenes de sentido. Lo que es específicamente político es la confrontación entre el poder y la impotencia de un cuerpo colectivo, la confrontación entre la vida y sus posibilidades, que revisan el marco de nuestras percepciones y el dinamismo de nuestros afectos para abrir nuevas vías hacia formas novedosas de subjetivación política.
El clima de las elecciones presidenciales en el país (2019) ya reflejan esos cambios en la ciudadanía que articula reclamas directamente relacionados a los espacios públicos de la ciudad, algo nunca antes visto en la política salvadoreña. Dominada desde la guerra civil por dos grandes partidos, uno representando a los intereses de la derecha y otro formado por los excombatientes guerrilleros, el voto duro de cada partido había determinado como se alternaban el poder. El declive del bipartidismo que se anuncia para las proxímas elecciones se debe a la irrupción de un figura política independiente que emerge de la redefinición de los espacios públicos y los servicios citadinos y marca una nueva era en el nexo estética/política en El Salvador.




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* Lopez
Carleton College CC. Northfield, Estados Unidos