“Retornando a las márgenes del estado: etnopolítica y post multiculturalidad en Centroamérica”
Dra. Denia Román Solano. Antropóloga. Universidad de Costa Rica.
Centroamérica alberga cerca de ocho millones de indígenas y tres millones de afro descendientes, son más de treinta pueblos originarios localizados en los siete estados; y en las áreas ambientalmente mejor conservadas del istmo. Los años noventas, luego de las cruentas guerras internas, junto a los procesos de paz y la transición a la democracia se da el surgimiento y la implementación de las políticas multiculturales que se constituyen en la respuesta formal ante el etnocidio, la discriminación, el racismo y las propias demandas indígenas. Poco a poco las legislaciones de los países se adhieren a la multiculturalidad y las constituciones proclaman nacionales pluriétnicas, oficializando su diversidad étnica cultural constitutiva y cotidiana que dos siglos atrás, en su conformación como estados modernos, negaron.
Dos décadas después de esta implementación, advertimos en Centroamérica países con frágiles democracias, una violencia de expresiones múltiples, la eterna desigualad social y una política indígena que no sólo niega el pluralismo cultural, sino que institucionaliza la exclusión al obviar legislaciones, imponer formas organizativas centralizadas y negar la territorialidad nativa y la autodeterminación.
La reacción a este impasse es la irrupción de actores y acciones indígenas, ya no demandando a la institucionalidad estatal sino negándola, y reafirmando formas políticas y subjetividades propias. Se da paso tanto, un descredito del discurso y la legislación multicultural, como una desconstrucción de la propia idea de estado-nación. Las márgenes, los límites y la otredad vuelven a ser el lugar de comunidades y pueblos nativos de la región, sólo que ya no como exclusión, sino como un lugar de gestión y afirmación “a pesar del estado”. Un limbo institucional desde el que se gesta una autonomía “subalterna”, quizás, el mismo lugar histórico que ha permitido su persistencia cultural hasta hoy.
En este trabajo nos proponemos analizar desde la mirada etnográfica dos regiones centroamericanas con importante población indígena: el Caribe nicaragüense y en el Pacifico sur de Costa Rica. La primera región, donde a partir del movimiento étnico-guerrillero liderado por los Miskitos se implementa el ambicioso proyecto de autonomía regional y que hoy no deja de mostrar sus contradicciones y vacios. Y la segunda, localizada en una de las democracias más consolidadas de la región, donde irónicamente la incapacidad del estado para cumplir su propia legislación ha permitido la pérdida de más del 60% de las tierras indígenas. Si bien, son regiones divergentes en procesos históricos, sociales y políticos, coinciden en la conflictividad territorial, la inercia institucional, la inoperancia de las tecnologías políticas multiculturales promovidas por los organismos internacionales, pero sobretodo, coinciden en la emergencia de particulares dinámicas socio-políticas que crean recursos nativos de autodeterminación política junto a nuevas formas de subjetivación indígena.
A partir del panorama anterior buscamos plantear que estas vías de fuga como acción etnopolítica son un valioso recurso para trazar nuevos ámbitos de gestión y concertación entre los estados y los pueblos indígenas de la región centroamericana. Pero además, estas vías son también un contrapunto de reflexión desde donde pensar la contemporaneidad política del istmo, su desigualdad, la diáspora impuesta y la violencia de su cotidiano, así como, la insistencia de la clase política en cifrar el desarrollo en proyectos modernizantes, social y ambientalmente excluyentes.
La multiculturalidad, sea como normativa jurídica o como ideología, se ha vuelto insustancial para responder a las transformaciones socio-políticas que implican el autogobierno en el mundo amerindio de hoy. El problema no es el reconocimiento de espacios de poder dentro de estado-nación, el problema es si el estado está dispuesto y preparado para la praxis de una autonomía que lo contradice y lo refuta, más aún en una región donde la propia construcción del estado como modelo social ha sido excluyente no sólo para los indígenas, sino para la mayoría de la población.
En suma, queremos llevar a sus últimas consecuencias analíticas y epistémicas lo que significa la agencia indígena actual y su potencial descolonizador, que sugiere el abandono de la ontología monista como base filosófica del estado moderno y se adhiere a la posibilidad de la diferencia sin la desigualdad.