El territorio andino, sufre en su organización territorial originaria, un proceso de superposición, negación y encubrimiento. En cuanto a las reconfiguraciones del territorio de larga data y los procesos de urbanización, surgen cuestionamientos como:
¿La construcción y el reconocimiento de una territorialidad andina implícita hoy en determinados espacios de lo urbano, implica procesos de resistencia, fundamentalmente, ligada al territorio?
En este sentido, el objetivo de la presente ponencia se concentra en entender la dinámica de espacios concretos de lógica y configuración andina a través de su situación y dinámica de prácticas incluidas en el actual tejido urbano. Esto analizado a través de un marco espacial inscrito a la Cuenca hidrográfica del Choqueyapu, que en su sector urbanizado al momento, es caracterizada como la más importante del conjunto por el número de ríos afluentes que abarcan alrededor de 144 km2, una longitud de casi 35 km y una superficie aproximada de 137 km2, además de haberse registrado como la más antigua situación de asentamientos poblacionales prehispánicos con una orientación norte – sur en los cuales se evidenció, mediante fuentes etnohistóricas, una intensa actividad productiva, ritual, política y económica de, al menos 3.000 años atrás.
Se expone la permanencia y construcción de territorialidades originarias con una ineludible carga identitaria, frente al avance de los procesos inherentes a lo urbano, -mismos que se componen a su vez de procesos paralelos de construcción-, donde la desterritorialización y la reterritorialización, que conllevan significaciones y, sobre todo acciones sobre el espacio habitado juegan un papel decisivo, tanto en la imagineria como en el cotidiano habitar.
Éste recorrido, supone un flujo constante en forma de informaciones y materialidades que se contrastan con el acelerado crecimiento y desarrollo urbano, de la cual debiera emerger un análisis que observe la prevalencia y en definitiva, la conquista de espacios apropiados hacia ya tiempo atrás, en relación a un espacio pensado como un bien valuable, cuantificable y por tanto inmerso en una lógica comerciable.
No obstante a lo anterior, se visibilizan aspectos que, sobrepasando lo meramente simbólico, acuden a la organización y estructura de dichos espacios en un contexto que demuestra el dominio del territorio andino por parte de sus pobladores, estableciendo importantes relaciones espaciales, concluyendo que mediante su pervivencia se determina una postura –o impostura- que supone una resistencia territorial, atravesando procesos históricos mediante los cuales pueden darse lecturas de desterritorialización y reterritorialización.
Cada uno de los elementos encontrados que forman parte de la desterritorialización, encuentran una simultaneidad en los puntos que develan la reterritorialización en los espacios estudiados. La acción de lo simultáneo en los acontecimientos, hechos físicos o simbólicos ocurre en un tiempo común. Es cotidiano encontrar al pie de la cruz católica erigida hacía ya tiempo, restos o cenizas de ofrendas a la Pachamama, es común también el paso de nuevos actores que acceden a éstos espacios y a los –por decirlo de alguna manera- servicios ofrecidos por los antiguos yatiris o amautas a fin de agradecer y retribuir de alguna manera por la prosperidad del comercio, la flota de automóviles o simplemente por la salud.
Es posible afirmar que la simultaneidad a la que nos referimos, ha creado yuxtaposiciones secuenciales en relación a las huellas preexistentes, sin lograr implantar del todo aquella desvinculación demandada a partir del inicio de la imposición de las ideas y acciones colonialistas en el territorio. La solidez de las preexistencias andinas, las relaciones y proximidades que le dan razón a los espacios estudiados, develan sin duda alguna, el carácter vigente, consecuente de la resistencia territorial.
El ordenamiento territorial y la planificación urbana, como expresión espacial de la toma de decisiones que influyen en la política, economía, cultura y ecológica de toda la sociedad, tiene como objetivo fundamental la acción sobre la mejora de la calidad de vida, la gestión responsable de recursos –cualquiera fuese su naturaleza- ligado al uso racional del territorio, donde se pretende identificar, distribuir, organizar y regular las actividades humanas de acuerdo a ciertos criterios que lleguen a definirse en experiencias concretas, el incluir el conocimiento de los procesos de los territorios para contribuir a la construcción de un hábitat que responda a las necesidades prácticas de los asentamientos y poblaciones.
Retomando a una de las ideas con las que se inició este trabajo, inscrito en los enfoques alternos en el estudio de la ciudad, en los que se asume como un desafío la revisión de debates emergentes de las experiencias y cotidianidades, mismas que podrían traducirse en la definición de criterios y procedimientos necesarios para la ejecución que consideren el valor del contexto estudiado y de la carga de significados simbólicos compartidos, presente al interior de las prácticas sociales y el establecimiento de los acontecimientos.
Creemos que uno de los pilares que impulsa una planificación urbana es llegar a la comprensión de que el éxito de las políticas públicas depende fundamentalmente de la posibilidad de crear acciones de valor colectivo que potencien y amplíen los entendimientos mutuos y espontáneos, que nacen primeramente al interior de la actividad social, sea ésta productiva, lúdica, formativa o asociativa, en pos de una apreciación de los núcleos o raíces que dan contenidos particulares y en extremo valiosos
Las imprecisiones y definiciones confusas en el análisis de uso de suelo en los espacios estudiados, requieren de políticas particulares que protejan el amplio contenido de los espacios estudiados, si bien se han tomado medidas en relación a la altura de las construcciones inmediatas a éstos espacios, éstas no se han cumplido a cabalidad, además de haberse obviado una dimensión que proteja el avasallamiento de la extensión de los mismos en consecuencia al crecimiento urbano descontrolado.
Queda pendiente adquirir una visión que valorice, proteja y fortalezca éstos espacios que vinculan cotidianamente el pasado y el presente en términos de identidad.